24 jul. 2024

Aromas de muerte

Hubo un tiempo en el que las sociedades tenían más ideales basados en los cuidados de la vida, en todas sus formas, que en cuestiones ideológicas. Una época en que priorizar la dignidad del ser humano, en especial de los más frágiles –sin importar su origen, raza, estado de salud, situación económica– era algo casi natural. Llenarse la boca de discursos sobre la libertad para luego ultrajar este valor sin sonrojarse y utilizarlo como argumento para promover prácticas relacionadas a la oscura muerte, no era muy bien visto. Pero hoy todo ha cambiado. Y como muestra basta un botón. Es el caso de España, con una resolución del Tribunal Constitucional que no solo espanta, sino que genera preguntas por sus contradicciones e incoherencias.

Y es que el pleno de este órgano avaló esta semana la ley que permite a menores de 16 y 17 años practicar el aborto sin necesidad del consentimiento de padres o tutores. Una locura. Otorga “libertad” para destruir un ser humano en formación, sin considerar sus consecuencias.

Previamente, el Tribunal rechazó un recurso de inconstitucionalidad contra elementos incluidos en la ley de salud sexual y reproductiva española. El grupo político Vox atacó esta legislación por considerar que vulnera los principios de libertad, pluralidad y legalidad, además de los derechos a la vida.

Es una triste muestra de la deshumanización impulsada en varios países por una corriente de pensamiento propiciada, principalmente por gobiernos de izquierda y socialistas, autodenominados progresistas. ¿Progreso?

La normativa es agresiva. Desprecia la patria potestad de los padres hacia sus hijas menores de edad. Rechaza cualquier contribución de parte de los adultos cercanos a la joven. Deja semejante decisión en manos de adolescentes que están en pleno proceso de desarrollo sicológico, emocional y afectivo, a lo que se suma una situación particular de confusión y temor por un embarazo no previsto.

Además, como agravante, esta ley promovida por políticos que desde años gobiernan España y que se replican en naciones de Europa, elimina el periodo de “tres días de reflexión” que existía, teniendo en cuenta el peso del hecho a ser consumado con autorización del Estado. Es decir, considera nocivo cualquier tiempo del que la joven pueda disponer para analizar o valorar su decisión. Algo turbio hay cuando la intención es evitar pensar.

Y para que no quede dudas sobre la intencionalidad de la legislación, elimina la obligación de informar a la mujer sobre las prestaciones existentes y ayudas de apoyo a la maternidad. Algo que no tiene sentido, puesto que el Estado tiene la obligación de promover y alentar la vida de sus ciudadanos (incluso de los que están por nacer) y no lo contrario.

Igualmente, saca la obligatoriedad de informar sobre los posibles efectos secundarios del aborto, a diferencia de lo que ocurre ante cualquier intervención de tipo médico. Absurdo.

El “derecho” a eliminar al ser humano en el vientre materno es producto de un pensamiento que se viene instalando desde organizaciones no gubernamentales, fundaciones estadounidenses, partidos políticos, medios de comunicación, entre otros.

Es una propuesta destructiva y deshumanizante que no contribuye al bien de la sociedad, sino solo a su degradación y decadencia. Una nación y su gobierno no podrán sentirse nunca orgullosos de promover una cultura que pisotea la dignidad humana y los derechos intrínsecos de la persona por nacer, dejando a su paso un tendal de mujeres jóvenes heridas por dentro, las que solo podrán sanarse con esa medicina siempre inesperada y necesaria del amor y el perdón.

Más contenido de esta sección
Luis Carlos Irala