La modernización también avanza en el mercado de valores paraguayo. Recientemente, se realizó la primera operación de compra y venta de acciones desmaterializadas a través de la Caja de Valores del Paraguay (Cavapy). En términos simples, esto significa que las acciones dejan de existir como certificados físicos y pasan a registrarse electrónicamente.
Puede parecer un cambio bastante simple, pero importante de entender: Durante décadas, los títulos físicos fueron la forma habitual de acreditar la propiedad de una acción. Hoy en día, la tecnología permite hacer exactamente lo mismo de manera más segura, rápida y eficiente. El inversionista sigue teniendo los mismos derechos; lo que cambia es la forma en que estos derechos se registran, custodian y transfieren.
El paso dado por el Banco Continental, con la desmaterialización de 23,5 millones de acciones escriturales, marca un avance importante para la infraestructura del mercado de capitales paraguayo.
Actualmente, las acciones representan una porción relativamente pequeña de las operaciones realizadas en la Bolsa de Valores de Asunción. En mayo concentraron apenas el 5,1% del volumen total negociado. Aunque existen 176 empresas registradas en el mercado de valores, la presencia de emisores de acciones sigue siendo muy limitada. En la práctica, Sudameris y Continental sobresalen entre un universo donde la financiación mediante bonos continúa siendo la principal fuente de actividad. El potencial de crecimiento es significativo, especialmente si el mercado continúa incorporando herramientas que impulsen tanto la incorporación de más empresas al mercado accionario como una mayor negociación de este instrumento.
En este contexto, Marcelo Prono, gerente general de Cavapy, en conversación con medios de comunicación, afirmó que la expectativa es que la desmaterialización contribuya a dinamizar el mercado secundario y amplíe las posibilidades de ofrecer estos instrumentos a mercados regionales e internacionales. La digitalización agilizará las operaciones, mejorará la trazabilidad y facilitará el acceso a la información.
Los beneficios son concretos. Además de reducir el notorio riesgo asociados al manejo de papeles físicos (como pérdidas, deterioros o incluso robos) la digitalización permite un mayor control sobre los instrumentos, mejora la trazabilidad de las operaciones y brinda acceso más rápido a la información. Y aporta una ventaja clave a la hora de negociar, la velocidad.
Hasta ahora, una operación con un título físico podía requerir traslados, endosos y varios días para concretarse. Con un registro electrónico, en cambio, la transferencia y liquidación pueden realizarse prácticamente en tiempo real. El activo sigue siendo el mismo; lo que cambia es la forma en que se administra, se custodia y se transfiere.
La desmaterialización no es un concepto nuevo dentro del sistema financiero. Los bonos ya operan bajo esquemas electrónicos desde 2019 y el Banco Central del Paraguay impulsa un proceso similar para los Certificados de Depósito de Ahorro (CDA). La diferencia está en el tipo de instrumento, pero el objetivo es el mismo: reemplazar un certificado físico por un registro electrónico que conserva exactamente los mismos derechos y garantías que el documento original.
La digitalización, por sí sola, no hará crecer el mercado accionario. Pero sí elimina obstáculos que durante mucho tiempo limitaron su desarrollo.
Y en los mercados financieros, el crecimiento suele comenzar justamente así: Haciendo más simple, más seguro y más eficiente aquello que antes era complejo.