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Nacional
miércoles 19 de julio de 2017, 19:52

Lo que esconde la protesta campesina entre mate, cocido y tortilla

Para algunos, haraganes. Para otros, luchadores. Son paraguayos que reclaman la vista empática de sus compatriotas. Piden ser introducidos dentro de la agenda del Gobierno y que sus voces sean escuchadas. A base de cocido y tortilla, se mantienen firmes en la Plaza de Armas desde hace 11 días.
Por Kiara Coronel - Fotos de Daniel Duarte

La esperanza está firme en medio del frío. Sueños enterrados y muchas deudas, producto de lo que ellos consideran una estafa, acompañan al sector debajo de las carpas que se notan a simple vista en la Plaza de Armas, frente mismo al Congreso Nacional.

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Cerca de cada carpa instalada en la plaza, una fogata armoniza el ambiente de lucha y calienta a familias enteras. Cerca de las 18.00, el mate caliente pasa a segundo plano y tanto hombres como mujeres inician la tarea de preparar un rico cocido caliente para la merienda, que va acompañado de una banana. Para la cena preparan tortillas hechas con huevos, agua, harina y sal.

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Producen mucho, pero no pueden vender sus productos. Se alimentan dos veces al día. Crían a sus hijos, mantienen sus hogares y a la vez, trabajan en la chacra para que al menos una mandioca frita les pueda llenar la panza por las tardes. La educación pública es paupérrima y la asistencia en salud es básica, como en todo el territorio nacional.

Esperaban hablar esta tarde con autoridades del Gobierno, sin embargo, nadie los recibió. Decidieron no cerrar el microcentro por hoy, aunque no descartan intensificar la marcha este jueves. El frío no impide la movilización, ni siquiera las mínimas de cero grados centígrados en Asunción.

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En estos días escuchar quejas en las calles contra el reclamo campesino fue una constante. Entre el martes y el miércoles el tráfico de Asunción se volvió caótico a causa de piquetes que bloquearon los accesos de entrada y salida del microcentro de la capital. Los conductores, en medio de los nervios, despotricaban a gritos contra los manifestantes.

"Querés que pague tus cuentas, pero no respetás mis derechos". "Reclamen al Gobierno sin afectar a los pobladores comunes". "Campesinos haraganes. Piden que se les perdone sus cuentas en vez de ir a trabajar".

Estos fueron solo algunos de los pensamientos que revoloteaban en las redes sociales al igual que en las calles. La gente no quería saber nada de la protesta de los campesinos. La molestia contra ellos se agrandaba cuando quedaban varados en medio del tráfico en hora pico.

Las reacciones negativas contra el sector son varias, pero... ¿alguien sabe cómo viven o por qué recurrieron a tal medida extrema?

Se levantan a las 04.00 o un poco antes, todos los días. Un mate caliente les ayuda a recargar las energías para salir a trabajar en la chacra. En el interior del país no importa el género a la hora de remangar el abrigo para hacer trabajar la tierra. Un poco de tortilla, mandioca frita o cocido con banana son las alternativas más interesantes para un delicioso desayuno. Caso contrario, los niños van a la escuela sin probar bocado.

Esperan que en las escuelas públicas el almuerzo o la merienda escolar sean una realidad para que sus chicos puedan estudiar con el estómago lleno. Esta esperanza llega pocos meses antes de que terminen las clases, que es cuando el Ministerio de Educación les hace llegar los alimentos, según lo relatado por doña Isabelina.

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NO SOMOS HARAGANES

"El Gobierno y el pueblo paraguayo se olvidaron de nosotros. Bancos y financieras llegaron hasta la casa de muchos diciéndonos que con la presentación de nuestros documentos nos iban a entregar un préstamo; así fue como nos endeudamos. Yo pagué más de la mitad de mi deuda, pero me recargaron en intereses y nunca pude terminar de pagar. Nosotros no somos haraganes como piensan en Asunción, trabajamos muchísimo. No saben cómo vivimos en nuestro kokue", explicó doña Isabelina.

"A nosotros nos ofrecen G. 1.500 por el kilo de poroto. Este producto se consigue como mínimo por G. 3.000 el kilo. La chía no se vende más y la mandioca, que producimos muchísimo, nos quieren comprar la bolsa de 70 kilos por G. 18.000, siendo que se vende por G. 40.000. No vendemos nada y encima nos ofrecen poca plata por nuestra producción", reveló.

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El líder del grupo, Luis Aguayo, fue claro al criticar el modelo de gestión del Gobierno de Horacio Cartes. Lo señaló como el representante de un Gobierno que permite el contrabando de todo tipo, lo cual perjudica al sector productivo.

"La movilización cada vez se intensifica más por la falta de respuesta del Gobierno de Cartes. No hay ninguna sensibilidad por parte del oficialismo, por ello nosotros endurecemos la medida de protesta. Las heladas generaron que la agricultura familiar campesina esté de luto. El 80% de los que estamos acá dependemos absolutamente de lo que producimos", refiere.

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"El modelo de Estado clientelista y saqueador se enriquece mientras el pueblo trabajador se empobrece. Estamos en medio de una crisis mientras que el contrabando se potencia", añade.

UN MOMENTO PARA EL JUEGO

Para pasar el rato, los jóvenes optan por la creatividad para despejarse, mientras los adultos se reúnen en grupos para tomar mate cerca de un fogata.

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"Armamos carreras a plata. Cinco mil (guaraníes) cada uno tienen que poner para competir. El que gana la competencia lleva la plata para él", cuentan en medio del juego.

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MAÑANA DE NUEVO A LAS CALLES

Este jueves las protestas seguirán y el pueblo campesino saldrá a las calles. La idea es incomodar a la gente colocando un termómetro en los caminos, con el fin de que las autoridades de turno al fin den una respuesta y a la vez una solución a la crisis, que va más allá de una simple condonación de deudas.