21 feb. 2024

Vamos en colectivo, señor presidente

En los últimos días, se realizaron varios eventos deportivos, desde tenis a futsal, pasando por el popular fútbol de campo, incluso los hinchas de Olimpia despidieron emotivamente al fallecido ODD. Hubo conciertos. Siguen las vacaciones para muchos niños y sus familias…

Gran parte de la vida del país pasa por la movilización de la gente de un barrio a otro, de una ciudad a otra. Y gran parte de esas actividades lúdicas y entretenidas, pero también de las otras, relacionadas con el trabajo, la atención médica, los estudios, etc., requieren trasladarse de un lugar a otro. Sin embargo, salís a la calle y los buses o no están luego, o tardan mucho, o llegan en pésimas condiciones mecánicas y de seguridad para los pasajeros.

No es Calcuta, no es la guerra, no es el siglo pasado…, pero el servicio de transporte público ha retrocedido en vez de avanzar.

Es un tema no menor para la calidad de vida de los ciudadanos.

Es un tema importante para muchas familias que con lo que ganan no pueden comprar un auto o pagarse transportes privados todos los días. Se acercan las clases, los estudiantes y trabajadores se tendrán que pulsear por conseguir en los buses lugares repletos y maltratados para llegar a sus destinos.

Mucha, mucha gente debe viajar mal, debe soportar espera, hacinamiento, calor, desarreglos, ni qué decir de malas conducciones, ruidos, peleas y desorden. Y esto es el día a día. ¿Cómo no van a reaccionar mal un día?

“Vamos a estar mejor”, prometían, pero en este aspecto estamos peor.

¿Cuándo se arregla esto, señor presidente? Los mayores pedimos todavía la intervención del Estado, de las instituciones, pero los jóvenes ya empiezan a clamar por cambios más profundos, se plantean incluso para qué sirven los impuestos, el Estado y sus burocracias… si todo ese gigantesco aparato –que llamamos Estado– no resuelve los problemas del bien común. ¿Para qué sirve?, dicen los nuevos votantes desanimados.

Señor presidente, ¡por algo a los buses les llamamos “colectivos”!

¿Y qué pasa? Los paraguayos de a pie, ¿no merecemos una vida ordenada y un traslado seguro a nuestros puestos laborales, a la casa, a los encuentros culturales y deportivos? Ni qué decir que alguien planteara acercar cultura y belleza en los espacios compartidos, como hacen en el metro y en las terminales de ómnibus en otros países, por ejemplo.

Luego nos hablan de poner de nuestra parte para llevar adelante nuestro país. ¿Llevar hacia dónde y cómo?

¿Y los subsidios? ¿Para qué? Por qué no redireccionamos esa plata perdida a los enfermos, a los niños de familias numerosas, a las viudas, a los ancianos.

Si el Estado no puede con este problema por desidia, por inutilidad o por lo que sea, que elimine toda esa burocracia que no sirve, que deje de meterse y que promueva la libre competencia en este sector, el cual está copado de hienas carroñeras de la politiquería valle y de claques mafiosas que solo benefician a amigos del poder de turno, pero incluso sus canalladas las hacen de forma tan mediocre y chu’î que al final no progresan tampoco ellos.

Los paraguayos merecemos un trato más digno.

Señor presidente, no le decimos que viaje en metro como ese señor Geert Wilders en Países Bajos porque, ciertamente, no tenemos ni buses, menos metro, tampoco es necesario que haga un gesto a lo Milei viajando a Davos en línea económica para ahorrar… No es necesario que se baje de sus autos presidenciales. Solo use su estatus y sus prerrogativas para velar por el bienestar de sus compatriotas y mejore el transporte público ya mismo.

Recuerde, señor presidente, que en la vida vamos en colectivo, no solos. Y un día ese voto, ese saludo y esa bendición que ahora pierde por esta desidia, mañana le pueden hacer muchísima falta… Es de sentido común y de pura justicia nomás.

Atentamente.

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