28 oct 2026

Una palabra

Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo, canta el compositor cubano Carlos Varela. Debo reconocer –además de mi adicción a ellos– que ciertos cantautores “sus canciones me hacen pensar”, como dice el también cubano Pablo Milanés en un verso de Sábado corto. Luego, pienso y se me ocurre la palabra género.

Sí, se me ocurre esta palabra, a propósito de la intención de un grupo de la sociedad autodenominado profamilia, de modificar el Código Penal paraguayo para elevar el género a la categoría de crimen, en su dudosa faceta de “ideología”. La propuesta que acercaron al Congreso plantea penas carcelarias que van de 4 a 10 años “para quienes elaboren, distribuyan o difundan determinados contenidos sobre sexualidad e identidad de género dirigidos a menores”, sanciones que pueden trepar de 10 a 15 años para funcionarios públicos, incluso de 15 a 20 años, para funcionarios públicos o autoridades electas “que hayan autorizado o aprobado tales materiales o actos en la República del Paraguay”.

Bueno. Partamos de los básico. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), la palabra género tiene varias acepciones. Seres y cosas: Conjunto de seres que tienen caracteres comunes; Clase o tipo: Categoría, especie, grupo o variedad (por ejemplo, género literario); Grupo humano: Grupo humano determinado por el sexo desde un punto de vista sociocultural; Gramática: Categoría gramatical que clasifica los sustantivos y pronombres (masculino, femenino y, de forma indirecta, neutro en ciertos elementos); Textil: Tela o tejido; Biología: Taxón o categoría sistemática superior a la especie e inferior a la familia.

En el ámbito jurídico y en el Diccionario panhispánico de dudas, el concepto de género también se utiliza para diferenciar la condición sociocultural de hombres y mujeres frente al concepto biológico de sexo.

A partir de estas definiciones entendemos que, en relación a las personas, el género es el término que diferencia “en su condición sociocultural” a hombres y mujeres, según su sexo. Es decir, al macho, la sociedad y la cultura lo determina como masculino y, a la hembra, femenino. La pregunta que se me ocurre en este punto es: ¿El género, concepto netamente sociocultural por definición, es inherente a la condición biológica del sexo del individuo? Pues, a priori, presumo que no. La biología no concibe “cultura” ni las manadas son sinónimos de sociedad, aunque en algunas especies de animales que llamamos superiores se puede distinguir una “sociedad”, más que nada intuitiva. Entonces, el género no va necesariamente de la mano con el sexo. No hay un hilo rojo que los ate de manera irrebatible e inexorablemente. Es un concepto; no un hecho.

Si bien, estamos acostumbrados a ver, y concebimos como lo que debe ser, que la mujer es la hembra y el varón el macho, y esta es la base de la familia tradicional, la que ha funcionado durante milenios en la naturaleza y es la que Dios ha impuesto desde las diversas religiones, a lo largo de la historia han habido individuos que se apartaron de estos cánones establecidos. Siempre.

Este punto es el más polémico y a donde apuntan quienes sostienen la existencia de una “ideología de género”. El argumento es una supuesta intención de homosexualizar a los niños. Y dejan de lado lo que en verdad es, la “perspectiva de género”.

En consulta rápida a la IA, tenemos que “la teoría de género sostiene que las diferencias, los roles y los comportamientos entre hombres y mujeres no son únicamente producto de la biología, sino una construcción social y cultural”. Sobre este punto afirma que lo considerado “propio” de un hombre o de una mujer se aprende a través de la educación, la familia, la cultura y las instituciones desde la infancia. Sobre la desigualdad, “analiza cómo estas construcciones culturales han generado relaciones de poder desiguales, donde históricamente se ha valorado menos el trabajo, el espacio o los roles atribuidos a las mujeres en comparación con los de los hombres (un sistema a menudo denominado patriarcado)”. En cuanto al enfoque de derechos, apunta que “el enfoque de género busca eliminar estereotipos dañinos, reducir la violencia de género y garantizar la igualdad de oportunidades y derechos para todos”.

¿Una palabra no dice nada?

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