El juicio oral del caso del ex senador Hernán Rivas tiene varios puntos que hablan de una estructura bien montada que trasciende totalmente ese proceso.
Es que, en Tribunales, tenemos tres docentes imputados por supuestos títulos falsos, donde la universidad dice que nunca fueron alumnos, no registran asistencia, ni certifican sus notas, y mucho menos sus títulos. Entonces, evidentemente, podemos decir que los títulos son falsos.
Sin embargo, en el caso de Rivas, la universidad dice que fue alumno, que presentó su tesis, que expidió el certificado de estudios y el título de grado. Es más, su título fue registrado por el Ministerio de Educación y Ciencias. Este caso, de buenas a primeras, tiene todos los condimentos de legalidad.
De ahí que lo que debe probar la Fiscalía es diferente al caso de los tres docentes. Por eso es que escuchamos testimonios de ex alumnos, y autoridades que estuvieron en ese proceso para la expedición del título. Lo que debe comprobar es diferente, pero no por ello imposible.
Lo malo es que la causa toca una cuestión muy importante, como lo es la calidad de nuestras instituciones universitarias que deben ser aprobadas por ley de la República.
Es que son las encargadas de formar a los profesionales que dirigen el país, en todos sus aspectos, sea en el gobierno, en la industria, en el comercio, en la sociedad civil, que son la base de una nación.
Pero este caso desnuda una oscura verdad sobre la real enseñanza que se da en las universidades, especialmente aquellas que se dice que son de garaje.
Cómo es que vamos a ponernos en manos de un arquitecto, ingeniero, médico o abogado de alguna de estas instituciones, si nos damos cuenta de que muchos de esos títulos podrían ser falsos o, si no lo son, la calidad de su enseñanza es totalmente cuestionable.
En el mediático juicio ya escuchamos las declaraciones de varios de los estudiantes que estuvieron en esa casa de estudios que decían que iban dos a tres veces por semana, y algunos solo los sábados.
Incluso, uno de los testimonios señaló que alquiló una escuela para dar clases los sábados para un grupo de universitarios, que luego hizo una especie de trabajo práctico, para acceder al título.
Otra declaró que la facultad que estaba en una ciudad fronteriza era casi exclusivamente para estudiantes brasileños, quienes debían rendir en Luque.
La verdad que, al final, los ex estudiantes dejan más dudas que el propio acusado sobre si realmente tuvieron o no estudios de grado.
Y ni hablar de la cuestión de las decisiones tomadas por el ex senador durante su etapa como miembro del organismo juzgador de jueces. Es otra de las consecuencias, pero eso es otro debate.
Todos estos puntos hacen que debamos replantear la forma en que se abren estas universidades, la infraestructura que tengan y la calidad de la educación, porque al final hace que todas las instituciones, incluso las que cumplen cabalidad con los requisitos, estén cuestionadas por este motivo.
Y lo peor es que varios integrantes del gobierno, especialmente en el Congreso, tienen sus títulos de estas universidades, por lo que esto nos da también una explicación del porqué estamos como estamos.
Por estos motivos es que el caso del ex senador Hernán Rivas es de trascendental importancia y debe ser totalmente esclarecido. Debe llevar a las autoridades a tomar medidas para la educación superior, especialmente respecto a la calidad y excelencia.
Es que, alguna vez, hay que tomar conciencia de que no se pueden abrir por abrir instituciones de tanta importancia para la vida del país como lo son las universidades solo para ganar dinero.