25 ago 2026

Los DDHH se perdieron en la esquina de los semáforos

Caminando por las calles de las mayores ciudades del Paraguay, nos encontramos con la triste realidad de que los DDHH están perdidos en las esquinas, en los semáforos. Si están perdidos o los negamos y miramos al costado para no ver la realidad. Esa realidad personificada por bebés o niños pequeños de las comunidades de pueblos originarios que son usadas por sus madres o hermanas mayores en las esquinas para suscitar la misericordia de los automovilistas y recibir una limosna.

Intelectuales e indigenistas han manifestado la idea de que comunidades indígenas paraguayas que eran cazadores y recolectores en tiempos antiguos lo continúan practicando en la actualidad, cambiando selvas y montes por las ciudades, pidiendo limosnas en las esquinas. Suena a una interpretación académica, pero es una forma triste de negar la realidad de la más perversa violación de los DDHH, específicamente de los niños aborígenes en estas esquinas. Son madres y niños, personas dignas y merecen algo mejor. Merecen una respuesta, una solución a su acuciante problema. Son ciudadanos paraguayos, dignos de vivir bien, de tener un futuro. Merecen que sus DDHH sean respetados.

Se estima que en el Paraguay existen 5 ramas lingüísticas y 19 etnias aborígenes, que representan poco menos del 2% de la población total paraguaya, siendo una minoría y, como tales, algunas comunidades sufren la exclusión y expulsión social. La situación de cada etnia es particular, donde algunas viven mucho mejor que otras. No se puede pretender que los indígenas vivan en reservas como si fuese un zoológico. Tampoco se puede pretender que continúen viviendo como en tiempos prehistóricos, mendigando en lugar de cazar y recolectar, encima pretendiendo recolectar cosas que en los lugares donde residen ya no existen; dicho de otro modo, ya no hay tapiti, ni apere’a ni tatu donde ellos viven, pues otros se los comieron antes.

Se debe buscar que accedan a las condiciones de la vida moderna, la vida que cualquiera de nosotros vivimos: Salud, educación, trabajo, servicios sociales y otros, todo lo cual se obtiene a un costo económico, que deben cubrirlo ellos mismos con su propia producción y no pretender que otros ciudadanos que trabajan cubran con sus impuestos el costo de su subsistencia. Las comunidades indígenas paraguayas DEBEN incorporarse a la economía de producción del siglo XXI y proveer para su subsistencia. El modelo de “recolección” ya no es válido para estos tiempos y la mejor prueba del fracaso del modelo son los indígenas paraguayos deambulando por las calles de las ciudades paraguayas donde, ante el hambre y la necesidad, se agolpan frente al INDI o cortando calles y avenidas.

Por otra parte, 2.500 años atrás, tribus indígenas germanas y poblaciones indígenas japonesas eran peor que bárbaras, viviendo de la caza, la pesca y las guerras depredadoras. Actualmente, son el motor de Europa y Asia, modelos para el mundo de como liderar la vida en el siglo XXI. Ese debería ser el objetivo para las tribus indígenas, dejar esa vida que representa el pasado e incorporarse al Siglo XXI, pues las matemáticas, la ciencia y la tecnología no tienen un idioma exclusivo. La política paraguaya no asume el problema, mira para otro lado y no generan políticas públicas que haga que nuestros conciudadanos indígenas, paraguayos como todos nosotros, vivan una mejor calidad de vida. El Gobierno paraguayo y el resto de los ciudadanos DEBEMOS ayudarlos a esa incorporación. Debemos hacerlo, pues el reloj no se detiene y después del siglo XXI vendrá el XXII.

Analista. Gral. (SR)
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