03 nov 2026

Tupãsy Ykua, el segundo lugar más visitado durante la festividad

Caacupé guarda rincones donde la fe parece condensarse en silencio. Uno de ellos es Tupãsy Ykua, el Pozo de la Virgen, un sitio que se ha convertido en el segundo lugar más visitado por los peregrinos, inmediatamente después de la Basílica. Allí, en medio del movimiento incesante de la ciudad durante la festividad mariana, un manantial brota desde tiempos remotos, cargado de historia, tradición y un aura de misterio que ha sobrevivido al paso de las generaciones.

Quien llega al lugar se encuentra primero con el murmullo del agua y el aroma húmedo de la tierra antigua. El pozo está protegido por estructuras sencillas, instaladas a lo largo del tiempo para preservar la pureza del manantial. A su alrededor, el caminar de los fieles forma un flujo constante, como si se tratara de un cauce paralelo al del agua que emerge desde lo más hondo del suelo cordillerano.

La historia de Tupãsy Ykua remonta a más de un siglo. Durante la Guerra de la Triple Alianza, los pobladores relataban que algunos niños aseguraban ver a una mujer misteriosa —de cabellera clara, silenciosa, siempre serena— acercarse a las aguas del manantial. A esa figura, asociada con el imaginario religioso popular se la vinculó con la Virgen venerada en el cercano santuario. Con el tiempo, el lugar empezó a recibir cuidados especiales.

Fue la devota Carlota Ozuna Aponte quien, según la tradición local, cercó el manantial y levantó un pequeño resguardo para evitar su deterioro. Ese acto marcó el inicio de una protección comunitaria que continúa hasta hoy.

Renovación. El entorno ha cambiado, pero la esencia del pozo sigue intacta. La Municipalidad instaló grifos y señalizaciones que permiten acceder de forma segura al agua y, al mismo tiempo, resguardar la integridad del manantial histórico. Así, Tupãsy Ykua logró equilibrar el flujo masivo de visitantes con la conservación de un sitio que es parte del patrimonio espiritual y cultural de Caacupé.

En noviembre de 2024, la fisonomía del lugar dio un salto significativo con la inauguración de una imagen monumental de la Virgen, de aproximadamente 9 a 10 metros de altura, levantada en la entrada del sitio sagrado.

La escultura —imponente, visible desde la distancia y cargada de simbolismo— se convirtió de inmediato en un nuevo punto de referencia para los peregrinos. Su presencia transforma la llegada al pozo: parece custodiar la entrada, elevar la mirada del visitante y enmarcar el recorrido hacia el agua que ha sido protagonista de tantas historias y creencias populares.

La obra pertenece al escultor Ricardo Núñez, artista local cuyo trabajo se reconoce por su precisión técnica y su vínculo con expresiones de fe colectiva. Núñez dedicó meses de labor junto a un equipo especializado para dar forma a la monumental figura.

Cada pliegue, cada curva del manto y cada rasgo del rostro fue trabajado con minuciosidad, en un proceso que él mismo ha descrito como una combinación de disciplina artesanal y vivencia espiritual. Con esta pieza, el creador no solo aportó una obra de gran escala a la ciudad: redefinió la identidad visual de Tupãsy Ykuá y consolidó el pozo como un sitio donde historia, arte y devoción se entrelazan.

Hoy, el Pozo de la Virgen es un punto que los peregrinos consideran imprescindible. Algunos se detienen solo unos minutos; otros permanecen largos ratos contemplando el fluir del agua. La atmósfera es distinta al bullicio de la explanada central: aquí reina una calma antigua, casi intacta, que contrasta con la multitud que colma la ciudad cada diciembre. Sin embargo, ese contraste es parte de su encanto. Tupãsy Ykua funciona como un puente silencioso entre la memoria de las generaciones pasadas y la devoción contemporánea que renueva Caacupé cada año. KAG

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