05 ene. 2026

Trump y los aranceles: El enfoque en defensa del dólar y la estrategia indirecta hacia China

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Jorge Daniel Codas Thompson

Analista de política internacional

El día 2 de abril del corriente año, que el presidente Trump denominó Día de la Liberación Nacional, su gobierno impuso aranceles a la mayor parte de los países del mundo, desde un 10% para la mayoría de ellos, un 34% para la República Popular China y tarifas de hasta 50% para otras naciones.

La situación de conflicto con China se agravó desde ese mismo momento, al ir Beijing subiendo aranceles para los productos norteamericanos y entrar ambas naciones en una intensa guerra comercial. El diferendo se agravó a tal punto que las imposiciones recíprocas de aranceles llegaron hasta las insólitas cifras de 145% de tasas para productos chinos y 125% para productos estadounidenses, dejando en la práctica fuera de los respectivos mercados los productos de cada país. Asimismo, China decretó un control de exportaciones de tierras raras a Estados Unidos. Dichos minerales, de los que China posee el 49% de las reservas mundiales y produce más del 90% del total global son esenciales para la producción de bienes de alta tecnología y armas avanzadas, lo que afectaría negativamente a toda la economía y al complejo militar industrial estadounidenses, y en breve tiempo provocaron faltantes en la industria norteamericana.

Estos eventos provocaron una fuerte reacción negativa de los mercados financieros, que en el caso de Estados Unidos llegaron a perder 20% de su valor (equivalente a 10 millones de millones de dólares), y con significativas pérdidas del valor del dólar y de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, tradicional refugio de los inversionistas internacionales ante cualquier disrupción financiera.

Como consecuencia, el Gobierno de Trump decretó una suspensión temporal de 90 días para la implementación de los aranceles al resto del mundo, menos a China, país con el que se concentró en cerrar un acuerdo que terminaría bajando los aranceles a productos Chinos al 30% y a los productos norteamericanos al 10%, con un compromiso por parte de China de reactivar las exportaciones de tierras raras.

Este último punto es fundamental para entender el poder que China sabe que tiene en el caso de un conflicto comercial con Estados Unidos y es la razón por la que Washington ha estado buscando acceso privilegiado a las tierras raras y minerales críticos en países como Ucrania y la República Democrática del Congo, así como en el territorio autónomo danés de Groenlandia.

Tras el nuevo acuerdo comercial con China, los mercados financieros se han recuperado (con la excepción del dólar), y los tomadores de decisiones políticas y empresariales a nivel mundial se mostraron optimistas respecto a una eventual suspensión de los aranceles como política por parte del Gobierno de Trump. Las siguientes semanas demostrarían cuán equivocados estaban. En días pasados, la Administración de Trump envió sendas cartas a algunos de sus principales socios comerciales, informando de una extensión de la suspensión de los nuevos aranceles, desde el día 9 del corriente mes, que era la fecha original del fin de la suspensión, al 1 de agosto. A dichos países, les advirtió de las consecuencias en caso de que las negociaciones comerciales no llegaran a buen puerto. Por ejemplo, advirtió a Japón y Corea del Sur que le impondrían aranceles de 25% si no se firmara un acuerdo de comercio para el primer día de agosto, y a la Unión Europea y México que, para la misma fecha, estarían enfrentando aranceles de 30%. En el caso de Canadá, los aranceles subirían a 35%. Trump había prometido 90 acuerdos en 90 días, pero solo se han cerrado unos pocos, contando China, el Reino Unido y Vietnam, siendo estos últimos dos casos analizados más adelante en este artículo, dada su particularidad. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció que el gobierno se está centrando en cerrar acuerdos con 18 países que son responsables del 95% del déficit en la balanza comercial de Estados Unidos. Según datos de la Oficina del Representante para el Comercio de los Estados Unidos y el Buró de Censos de dicho país, son 30 los países que representan el 96% del comercio internacional estadounidense, por lo que tiene sentido enfocarse en una lista relativamente reducida de naciones para abarcar gran parte del comercio bilateral norteamericano. Insólitamente, Trump ha amenazado con imponerle 50% de aranceles a Brasil por lo que Trump considera una persecución política al ex presidente Jair Bolsonaro,lo que provocó una firme respuesta del presidente brasileño Lula da Silva, quien advirtió que no aceptará lo que denominó una intromisión en los asuntos internos de Brasil e informó que reaccionaría imponiendo aranceles recíprocos a los productos importados desde Estados Unidos, aunque se mostró abierto a continuar el diálogo respecto a los aranceles. La posible imposición de tasas arancelarias a Brasil resulta cuando menos curiosa, pues es uno de los pocos países con economía de gran tamaño con el que Estados Unidos mantiene un superávit comercial.

En los días siguientes se enviaron más cartas, en particular destinadas a un grupo específico de naciones. El presidente Trump amenazó con imponer un arancel adicional del 10% a países alineados con las “políticas antiamericanas” del grupo Brics, establecido en 2009 por China, Brasil, Rusia, India y, posteriormente, Sudáfrica, e incluyendo hoy a otros países como Irán y Egipto. Advirtió además que no se intentara derrocar al dólar como moneda dominante mundial. Sin embargo, las amenazas como las proferidas al Brics, así como a sus propios socios comerciales y aliados, podrían provocar que el realineamiento comercial que Trump está tratando de diseñar aleje las inversiones en Estados Unidos y obligue a los países a unir fuerzas, una fragmentación que China podría utilizar en su favor para ampliar su influencia sobre países tradicionalmente aliados con Washington. El acuerdo que Estados Unidos cerró con Vietnam impondrá aranceles del 20% a la mayoría de los productos del país asiático. De forma inquietante para el país, el gobierno vietnamita también impondrá aranceles del 40% a productos de trasbordo, una medida dirigida específicamente a posibles exportaciones provenientes realmente de China y reetiquetadas como hechas en Vietnam. Este acuerdo sigue a uno alcanzado con Gran Bretaña el 8 de mayo, en el cual Estados Unidos otorga un trato favorable al acero, aluminio, medicamentos y automóviles de lujo británicos si el Reino Unido garantiza a cambio la seguridad de sus cadenas de suministro a satisfacción de Estados Unidos. Esto parece implicar comprar menos insumos de China y permitir el escrutinio estadounidense de las fábricas de propiedad china en el país, sobre todo en el sector del acero, una medida que ha provocado protestas por parte de Beijing. Es decir, tras haber alcanzado un acuerdo comercial con China, Estados Unidos busca formas indirectas de disminuir las importaciones chinas a su territorio a través de acuerdos comerciales con terceros países.

Firmar tratados de comercio favorables buscando sancionar de forma directa a un tercer país constituye una innovación en materia de comercio internacional. China está consciente de las implicaciones de estas medidas y su Ministerio de Comercio Internacional ha manifestado que para Beijing estas medidas son inaceptables, llamando a todos los países a ponerse del “lado correcto de la historia”.

Sin embargo, en la práctica, China no sabe qué implicarán las medidas tomadas por el gobierno de Trump, dado que el gobierno de este último no ha definido con precisión qué constituye un trasbordo. Aparentemente, el Gobierno estadounidense se basa en cifras generales respecto a los patrones del comercio internacional de China y algunos de sus socios comerciales, y le preocupa que China pueda evadir aranceles exportando a través de terceros países. Como ejemplo concreto, en la primera guerra comercial entre ambas naciones durante el primer mandato de Trump, China exportó menos productos a Estados Unidos y más a países como México, Tailandia y Vietnam, que a su vez, exportaron más bienes al mercado estadounidense. Un patrón similar se repitió este año tras la imposición de aranceles recíprocos del Gobierno de Trump a partir del 2 de abril. Aunque las exportaciones de China a Estados Unidos cayeron más de un 34% en el pasado mes de mayo, en comparación con el año previo, sus exportaciones totales continuaron creciendo.

Al mismo tiempo, varios países que compraron más a China también vendieron más a Estados Unidos, estableciendo una aparente prueba de reexportación de productos chinos.

Estos datos no prueban necesariamente que China haya evadido aranceles por medio de terceros países, que podrían estar exportando e importando productos de categorías diferentes.

Por ejemplo, Australia exportó 133 millones de dólares más en carne de res congelada a Estados Unidos en abril y mayo que el año anterior.

Al mismo tiempo, compró 186 millones de dólares más en camiones de China. Evidentemente, los camiones no pueden reetiquetarse como carne, y esto puede ser el caso en muchos sectores transables. En otros productos, por ejemplo, en el mercado de abrigos, Tailandia compró una cantidad muy superior de China que el año anterior, y a la vez exportó una cantidad mayor de dichos productos a Estados Unidos.

Por ende, el análisis de la posible reexportación de China por medio de terceros países debe hacerse producto por producto.

Algunos de estos flujos podrían representar una desviación comercial legal.

Concretamente, los altos aranceles podrían haber excluido a las empresas chinas del mercado estadounidense. Sus rivales en países como Vietnam y Tailandia podrían haberse procedido a ocupar su lugar, dejando un vacío en su propio mercado interno, que a su vez fue ocupado por firmas chinas. En tal escenario, las mercancías que llegan de China no serían las mismas que salen hacia Estados Unidos. Simplemente serían el mismo tipo de productos. Sin embargo, no parece probable que este tipo de desviación explique todas las exportaciones adicionales.

En resumen, el Gobierno de Trump ha impuesto o está en vías de imponer aranceles tanto a sus aliados como a sus adversarios, en particular China. El intento de prevenir reexportaciones chinas por medio de terceros países se encuentra en el centro de este esfuerzo, que también abarca la misión de intentar impedir que China y sus aliados logren desplazar al dólar como principal moneda para el comercio y finanzas internacionales.

Dadas las características sin precedentes de este modelo, está por verse su efectividad en la práctica.

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