14 sept 2026

Capitalismo de secuaces

En la semana pasada, el sistema financiero, el mercado de mercados (no cualquier mercado), fue sacudido por un pedido de informes sobre ueno bank por parte del Senado paraguayo. Son 31 preguntas dirigidas al regulador, el Banco Central del Paraguay, cuyas ondas expansivas dejaron en shock a la sociedad paraguaya. Luego, ensayando una riesgosa generalización, un equipo raro de legisladores, multicolor, amplió algunas indagaciones a los procesos de fusión entre Sudameris-Regional, GNB-BBVA, Continental-Río, Atlas con Familiar que está en pausa, etc. Es como una prueba PISA a la calidad institucional de la República. Dependiendo de la consistencia de las respuestas del Banco Central se tendrá la calificación. Todo comenzó con la sospecha de que existiría un grave conflicto de intereses con relación a ueno bank. No está nada probado, pero existieron antecedentes cuando la venta de acciones del titular del Ejecutivo de una de las empresas del grupo recién en el 2025.

Todas las supuestas anomalías tienen rasgos parecidos a lo que acontecía en 1904 cuando Juan B. Gaona, liberal, era presidente de la República y accionista miembro del Directorio del Banco Mercantil; o, similares a cuando Bernardino Caballero, colorado, luego de vender las tierras públicas hacia 1883, también se convirtió en accionista de La Industrial Paraguaya, empresa que explotaba a los mensúes en los yerbales. Nada nuevo bajo el sol. Hay antecedentes de presidentes que eran empleados de empresarios antes de que con el apoyo de estos sean nominados para ejercer el poder del ejecutivo nacional. No solo hubo Basanomics con Peña y Fernández Valdovinos como ejecutivos de un banco relacionado con el poder. También ex presidentes liberales –como el mismo Eusebio Ayala– fueron abogados de grandes corporaciones antes de ir al Palacio de López.

Técnicamente, todos estos antecedentes podrían ser catalogados como crony capitalism, lo que suelo traducir como “capitalismo de secuaces”, un estadio intermedio rumbo al colectivismo perverso (del que, tanto, los empresarios paraguayos tienen miedo).

Malcoms S. Salter, de la Universidad de Harvard, es el primero que inventó el término “sociedades del amiguismo”, en inglés cronyism, como un momento de transición entre el capitalismo y el socialismo.

Originalmente, en el 2014, el artículo de Salter –titulado “Crony Capitalism, American Style…”– hablaba de una confabulación entre la clase política, que opera los órganos reguladores en un gobierno, con hombres de negocios, industrias y empresas, tanto del sector formal como informal de la economía. Esta colusión sirve únicamente a los intereses particulares de algunas empresas y no al interés público que debe estar representado por los Estados. Esto solo ocurre porque hay negociaciones poco transparentes que socavan la democracia y la competencia en los negocios. Si esta trayectoria se consolida –en mi perspectiva–, la política se habría convertido en la principal actividad privada con fines de lucro del Paraguay.

Tengo la sospecha de que si el Paraguay no fortalece sus instituciones, la reproducción virtuosa del capital quizá ya no les interese al grupo de capitalistas cuyos beneficios están amparados en decretos. Y estos superen de forma artificial a los empresarios naturales que sí quieren competir.

En el capitalismo de secuaces del Paraguay ya hubo reparto de tierras de manera gratuita por fuera del sistema de precios. Y en el sistema de catastros, que es la institución que mejor debe representar a la propiedad privada, hoy el país todavía muestra registros duplicados y desordenados. Parecería que la puerta giratoria, la afinidad de élites y los clubes de exas rinden mucho más que competir en el mercado. Hay que rebelarse a esto. VLLC.

Gran parte del lucro proviene de violar las reglas del juego de la oferta y la demanda, comprando incumplimiento de normas. Ya no existen políticos, solo secuaces. Cooptan el poder para crear normas y administrar su incumplimiento a cambio de dinero.

De acuerdo con lo que se sospecha, existe un crecimiento de los negocios de los políticos de forma carcinomatosa, carente de objetivos en la perspectiva colectiva. Ese paroxismo de crecimiento y búsqueda del lucro sin importar los medios de manera desordenada, de reproducción del dinero en modo inescrupuloso, puede explosionar la vida en comunidad. La producción de dinero y la acumulación del poder como negocio, se parecen cada vez más al de la destrucción o autodestrucción. Pareciera que el país se está contaminando de un bacilo, la corrupción, que destruye a las instituciones de la República y destruye a las personas, y al mismo tiempo está destruyendo al mismo sistema. Tal cual es el principio biológico de los bacilos.

Malcolm Gladwell habla de la teoría contagiante del delito y la corrupción. Los empresarios que quieren el mercado deben tomar muy en serio lo que les digo. Si siguen paralizados y cobardes el tan mentado mercado no va a funcionar y ustedes serán las víctimas. Están advertidos. Saludos cordiales.

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