18 abr. 2026

Skármeta, el cartero de Neruda

29946850

Antonio Skármeta

EFE

Antonio Skármeta, filósofo comprometido y enamorado del cine, encumbrado por un cartero falleció recientemente a los 83 años.

El escritor chileno, una de las máximas figuras de la literatura latinoamericana y autor de las célebres novelas El cartero de Neruda y Soñé que la nieve ardía, fue traducido a más de treinta idiomas y adaptado al cine; fue embajador en Alemania y presentador de televisión durante una década del programa El show de los libros.

Intelectual de izquierda, miembro del Movimiento de Acción Popular y Unitaria en los años del Gobierno del Frente Popular y el presidente socialista, Salvador Allende, Skármeta se vio forzado a abandonar Chile tras el golpe militar liderado por el general Augusto Pinochet (1973), que sumió al país en una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica.

Salió al exilio primero a Argentina y luego a Alemania, donde se radicó. En Berlín, desarrolló su pasión por el séptimo arte, ejerció como profesor en la Academia Alemana de Cine y Televisión, se desempeñó como director de dos películas, actor en varias cintas y escritor de decenas de guiones, varios de los cuales fueron dirigidos por el alemán Peter Lilienthal.

El escritor, que tras el retorno a la democracia y bajo el gobierno del socialista Ricardo Lagos (2000-2006) llegó a ser embajador en Alemania, nunca tuvo reparo en mostrar sus ideas, como en su primera novela Soñé que la nieve ardía (1975), en la que elogia el Chile socialista de Salvador Allende (1970-1973) o Insurrección (1982), libro en el que trata la revolución sandinista en Nicaragua.

Licenciado en Filosofía y Educación en la Universidad de Chile, creció como escritor bajo la influencia del pensador español Francisco Soler Grima, discípulo de Julián Marías y de José Ortega y Gasset, sobre quien escribió en 1963 su tesis doctoral Ortega y Gasset, lenguaje, gesto y silencio. Amante del pensamiento de Jean-Paul Sartre, Albert Camus y Martin Heidegger, un año después ganó una beca Fulbright y viajó a la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde escribió una segunda tesis, en esta ocasión en torno a la narrativa de Julio Cortazar, otro de los más grandes autores latinoamericanos.

La fama internacional le llegaría a través de sus novelas y en particular por la adaptación al cine de algunas de ellas. En particular de su libro Ardiente Paciencia (1983), de la que salieron dos películas: una bajo el mismo título y otra, la más famosa, como El cartero de Neruda.

Más contenido de esta sección
Este marzo señala la presencia de tres autores visuales reconocidos en la escena local y sus saltos cuánticos en el mundo internacional del arte.
Ante la escena tragicómica de nuestro espacio de deliberación política –nuestro Congreso Nacional– saturada de gestos, escándalos, indignaciones fugaces y linchamientos morales que duran lo mismo que el ciclo de una noticia viral, uno se pregunta qué queda de la política como búsqueda del bien común, como espacio de deliberación sobre principios normativos o, al menos, como disputa argumentativa en torno el poder. Pero quizá la pregunta deba ser más simple y directa: ¿no estamos asistiendo más bien, a la repetición de un ritual que nos ofrece la ilusión de una limpieza moral de la política, cada vez que un nombre concentra sobre sí todas las culpas?
El nuevo idiota político habita las redes sociales, y se siente investido de autoridad para pontificar sobre la pobreza, la desigualdad y la vida de los otros; reproduce contenidos y construye una identidad digital basada en su propia ignorancia.
Cuba se enfrenta a la peor crisis económica en décadas como consecuencia de la suspensión de envío de petróleo venezolano y el embargo petrolero de los Estados Unidos.