29 sept 2026

Por qué hacemos cine en Paraguay: Reflexiones tras el estreno de Narciso

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El segundo largometraje de Marcelo Martinessi se estrena el jueves 9 de abril.

Sebastián Peña Escobar

Hacer cine en Paraguay es un ejercicio de resistencia y una apuesta por la soberanía cultural.

No es simplemente el acto de capturar imágenes; es construir las condiciones de posibilidad para que esas imágenes existan. Tras el estreno mundial de Narciso en la Berlinale y nuestro regreso con el premio FIPRESCI, reflexiono sobre lo que significa este viaje de seis años y por qué seguimos eligiendo contar nuestras propias historias.

Para mí, el arte representa la posibilidad de sentir y pensar sobre la experiencia de estar vivo a través de formas de significación desembarazadas de sentidos estrictos. El cine es un dispositivo particularmente versátil para abordar esa complejidad.

Mi camino hacia el arte audiovisual no fue lineal: empezó con la literatura a los 8 años y se consolidó como cinéfilo a los 20. Sin embargo, fue mi experiencia como editor de la revista de cultura urbana WILD y mi participación en el rodaje de Miami Vice en Ciudad del Este (2005) lo que me permitió entender el cine no solo como espectador, sino también como un metalenguaje capaz de interpelar poética y analíticamente la realidad.

Esta película respira el miedo de una época oscura –la Asunción de 1959 bajo un régimen autoritario–, pero lo hace como una memoria que interpela el presente. En un mundo que ha vuelto a pendular peligrosamente hacia la polarización, narrar la historia de alguien perseguido por ser “diferente” es una advertencia de que, no pocas veces, el silencio es la antesala de la deshumanización.

Producir cine desde Paraguay requiere de una “paciencia artesanal”. Países como el nuestro han vivido históricamente en un contexto poco propicio para la creación audiovisual, lo que nos ha dotado de resiliencia y coraje. Así fue que, contra todo pronóstico, simplemente hicimos cine.

Está demostrado que Paraguay puede participar en esa gran conversación generacional que es el cine mundial; tenemos derecho pleno para contar con nuestras propias formas y lenguajes. Por eso, como país, debemos entender que generar cultura no es un gasto, sino una inversión en la construcción de identidad, ciudadanía e historia. Es dotar al país de una voz para que cuente sus relatos, sus reflexiones sobre el presente y sus visiones del futuro.

Convencidos de ello, durante el proceso de producción de Narciso también nos lanzamos a crear una sinergia entre apoyos públicos y privados. Fue un rompecabezas de siete países, más de 20 fondos y seis años de maduración. Sin los incentivos del Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP), de la Secretaría Nacional de Cultura, del Fondec, de la Dinapi y de otras instituciones públicas, así como de fondos de coproducción internacionales, en Paraguay películas de esta escala técnica y ambición artística sencillamente no existirían.

Pero el Estado no puede estar solo. Localmente, junto a Belén Vierci y Camilo Guanes, trabajamos en el diseño de propuestas de valor para generar alianzas estratégicas con marcas y empresas. Lograr que aliados como el Banco Itaú, Personal-Flow, Pilsen, Chevrolet-Garden, Telefuturo y Paseo La Galería se involucren en un proyecto de cine independiente es la prueba de que el sector privado puede y debe ser un motor de la cultura.

Cuando estos dos mundos se alinean, el impacto en la economía y en el tejido sociocultural puede ser trascendental.

Un cine con lenguaje propio

Me entusiasma mucho constatar la capacidad del cine paraguayo para explorar lenguajes propios.

Narciso sale a la calle, explora la noche en su sentido más amplio, reconstruye una época y dialoga poéticamente con nuestra memoria histórica.

Al final del día, el cine es un acto de fe colectivo. Es la forma en la que le decimos al mundo quiénes somos, qué pensamos y que, a pesar de las dificultades, aquí estamos, contando relatos complejos con un rigor capaz de sostenerse en los escenarios más exigentes.

Ahora, esta hermosa aventura llega a uno de sus capítulos más esperados porque una película termina de nacer cuando se muestra en el país donde empezó a latir, como idea, como deseo, como sueño.

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