El unipersonal no solo reconstruye a la intelectual y jurista, sino que dialoga con décadas de silenciamiento, con la búsqueda de sus restos y con la memoria familiar que conserva Rosemary Dávalos, sobrina nieta e impulsora del rescate de su legado.
También podría leer: La huella de Berta Rojas llega al Latin Grammy con tres nominaciones
Serafina Dávalos vivió una vida demasiado visible como para haber sido olvidada. Fue la primera mujer en alcanzar el doctorado en Derecho en Paraguay. Fue educadora, intelectual, articulista, pionera del pensamiento feminista y autora de Humanismo, una tesis presentada en 1907, en la que cuestionó el lugar subordinado asignado a las mujeres.
Debatió con hombres de la generación del 900, integró espacios intelectuales y se abrió paso en ámbitos que por entonces estaban casi exclusivamente reservados a los varones.
Y, sin embargo, después de su muerte, su nombre fue desdibujándose.
Esa contradicción es una de las preguntas centrales de Serafina, ¿dónde estás?, unipersonal escrito y protagonizado por Gustavo Ilutovich, con asesoría de David Velázquez Seiferheld y dirección de Agustín Núñez.
La obra vuelve a presentarse este viernes 18 de setiembre, a las 20:00, en Café Salco (José Asunción Flores casi Vicepresidente Sánchez) y propone una lectura que va mucho más allá de la reconstrucción biográfica.
Es teatro, homenaje, denuncia y ejercicio de memoria. “A través de Serafina aprendí sobre el verdadero feminismo”, comenta a ÚH Gustavo Ilutovich, quien lleva más de cinco décadas de actividad teatral, pero nunca había escrito un guion, hasta que le inspiró Serafina.
“A través de su historia comencé a admirarla y a aprender sobre el verdadero feminismo. Ese que busca la igualdad entre hombres y mujeres. Me abrió los ojos sobre las injusticias a que desde siempre fueron sometidas las mujeres”, señala.
El actor comenzó entonces a involucrarse no solo desde el teatro. Se sumó a la investigación sobre la vida de Serafina y participó en la conformación de la Asociación Rescatando a Serafina, junto con familiares y personalidades de la cultura.
“Nutrido por su historia decidí trabajar un texto teatral que reflejara lo que me emocionaba de su figura. Tengo 51 años de actividad teatral, pero hasta ese momento nunca había escrito un guion”, recuerda.
La escritura partió de una decisión consciente: no hacer un documento académico, sino contar a Serafina desde el cuerpo del actor.
“Decidí hacerlo desde mí, relatando lo que consideraba los momentos más importantes de esta gran mujer”.
Incluso la introducción plantea esa libertad escénica: “Como mi oficio es el de actor, pido licencia para desplazarme libremente por el espacio a fin de ilustrarles esta historia que estoy escribiendo: Serafina, ¿dónde estás?”.
La advertencia de Line Bareiro
Cuando Ilutovich habló por primera vez de su proyecto con Line Bareiro, una de las grandes referentes del feminismo paraguayo, recibió una advertencia.
“Me dijo que las feministas se me iban a tirar a la yugular”, recuerda.
La preocupación tenía sentido. Era un hombre escribiendo e interpretando la historia de una de las mujeres más importantes del feminismo paraguayo.
Pero Bareiro vio posteriormente la obra. “Y le fascinó”, recuerda. Para Ilutovich, la construcción del personaje nunca consistió en apropiarse de Serafina, sino en colocarse al servicio de una historia.
Una historia que, incluso después de numerosas funciones, todavía lo afecta emocionalmente. “La paradoja del final hace que siempre se me estrangule la voz y me tenga que esforzar para que el texto salga con claridad”.
La mujer que rompió las reglas
Ilutovich define a Serafina como una mujer “doblemente silenciada”. La primera paradoja está precisamente en lo visible que había sido durante su vida.
“Después de una vida tan visible, una mujer tan transgresora de las costumbres impuestas en esa época, primera en tantísimos ítems, que abrió tantas puertas selladas con cadenas, candados y trancas para las mujeres... después de su lamentable muerte fue olvidada”, señala.
Serafina formó parte del ambiente intelectual de comienzos del siglo XX. Debatía con la intelectualidad masculina novecentista en el Cenáculo de La Colmena y fue conocida, no sin cierta ironía, como “la reina de La Colmena”.
Ocupó responsabilidades vinculadas a la Educación y la Justicia y participó en espacios internacionales representando al Paraguay.
Para Ilutovich, su recorrido resulta extraordinario incluso visto desde el presente. Y más aún desde el contexto de una sociedad en la que la autonomía profesional de las mujeres estaba todavía fuertemente restringida.
El otro silencio
Después de su muerte comenzó otro proceso. El del olvido. “Su cuerpo inhumado como NN, despojada de los numerosos bienes e ignorada, silenciada. Nunca un homenaje de aquellos espacios por los que transitó y brilló”, describe Ilutovich.
Ese silencio empezó a resquebrajarse décadas después. En 1986 apareció circunstancialmente en una biblioteca de la familia Palazón un pequeño libro.
Era una tesis titulada Humanismo, escrita por Serafina Dávalos y fechada en 1907. El ejemplar llegó a manos de Line Bareiro.
La importancia y la precocidad del pensamiento contenido allí despertaron preguntas.
Además podría leer: La polca paraguaya: sonido que late en nuestra identidad
¿Quién había sido aquella mujer?
En 1990 el Centro de Documentación y Estudios publicó Humanismo y comenzó una etapa decisiva del rescate contemporáneo de Serafina.
Para Ilutovich, aquel hallazgo “encendió la llama” de una búsqueda que continúa.
La obra teatral forma parte de esa misma batalla contra el olvido.
“Es un poco un homenaje, un recordatorio histórico y un reclamo por la necesidad de seguir trabajando por la igualdad de derechos y también la recuperación de la que fuera su casa”, explica.
Rosemary y “la tía Serafina”
Para Rosemary Dávalos, la historia se vive desde otro lugar. En su familia Serafina nunca fue un personaje histórico distante. Era sencillamente “la tía Serafina”.
“En mi familia siempre la nombrábamos de esa manera y lo seguimos haciendo”, cuenta. Rosemary pertenece a una familia con una extensa tradición histórica.
Es descendiente de José Dávalos y Peralta, considerado el primer médico asunceno, quien estudió primero en Chile y posteriormente se recibió de médico en la Universidad de San Marcos, en Lima.
Regresó a Asunción, pero por motivos políticos fue confinado a Ajos, actual Coronel Oviedo. De esa rama familiar descienden Serafina y Rosemary. La conciencia del olvido social de Serafina apareció muy temprano.
Rosemary no puede precisar exactamente la fecha, pero calcula que ocurrió antes de 1963. Lo recuerda por una escena familiar.
Su hermano René, que entonces cursaba la secundaria, llegó un día con una pregunta. Durante un almuerzo le dijo a su padre: “¿Cómo es posible que acá nadie la recuerde ni la nombre a la tía Serafina y yo acabo de descubrir que los norteamericanos sí escriben sobre ella?”.
René había encontrado en la biblioteca del Centro Cultural Paraguayo-Americano una publicación del Departamento de Estado de Estados Unidos en la que aparecía una referencia a Serafina.
La describían como la primera abogada y doctora en Derecho del Paraguay, además de educadora. Para Rosemary, aquello confirmó una injusticia.
“¡Es el injustificable trato que la sociedad le dio a la gran Serafina Dávalos después de su desaparición física!”.
“En la familia nunca hubo silencio”
Rosemary hace una precisión importante. En su casa, Serafina nunca fue olvidada. “En realidad, en el ámbito familiar nunca hubo silencio y mucho menos olvido”. El problema estaba en la memoria pública.
Durante años, Rosemary intentó rescatar sola aquello que podía, con recursos limitados.
Después, el ejemplar de Humanismo hallado en la biblioteca Palazón y su llegada a manos de Line Bareiro dieron un nuevo impulso a la recuperación.
Rosemary se sumó entonces a una tarea colectiva. Hoy integra la dirección de la Asociación Rescatando a Serafina junto con su primo Enrique Dávalos.
La organización reúne a descendientes y también a académicos interesados en su legado.
Los artículos que todavía faltan
La búsqueda no terminó. Serafina escribía mucho en la prensa de su época.
Sin embargo, una parte de esos textos todavía no fue encontrada. La Asociación continúa rastreando repositorios y archivos.
Ese trabajo constituye una de las dimensiones menos visibles del rescate.
No se trata solamente de homenajes, funciones o placas. Se trata también de reconstruir una producción intelectual fragmentada.
La búsqueda de sus restos
La otra búsqueda fue mucho más dolorosa. Durante años, Rosemary intentó localizar los restos de su tía abuela.
Finalmente, pudieron reconstruir que habían permanecido en el nicho 44 del columbario municipal del Cementerio de la Recoleta hasta 2021.
El dato fue localizado en 2024 por la periodista Mercedes Céspedes en registros de FamilySearch. Según relata Rosemary, en plena pandemia la Municipalidad decidió retirar restos de nichos que no recibían mantenimiento para liberar espacios.
La familia nunca supo que Serafina estaba allí. Tampoco fue notificada de la remoción. Rosemary describe que el procedimiento se realizó de manera desordenada y que los restos fueron mezclados con otros.
Cuando la familia logró reconstruir la historia, ya eran irrecuperables. La frase escrita para el teatro adquiría así otra profundidad. Serafina, ¿dónde estás?: ya no era solamente una pregunta histórica o metafórica. Era también una pregunta literal.
La obra como herramienta de lucha civil
Para Rosemary existe un vínculo directo entre el escenario y la tarea de la Asociación.
“El unipersonal Serafina, ¿dónde estás?, fue escrito precisamente con el objetivo de que la obra dialogue con la lucha civil que llevamos varios integrantes de Rescatando a Serafina”.
Ese diálogo se produce en distintos espacios: en calles, actos, teatros, archivos y ámbitos académicos, y también en Paraguay, Argentina y Brasil.
Rosemary asegura que el espectáculo produce una reacción intensa en el público. “Le llega, le conmueve hasta las lágrimas”.
Pero hay algo que considera todavía más revelador. Al terminar cada función se abre un foro. “Las preguntas y respuestas duran más tiempo que la representación teatral”.
La Serafina cotidiana
Si pudiera rescatar una sola faceta de su tía abuela, Rosemary reconoce que le resulta difícil elegir.
Era muy pequeña cuando Serafina todavía vivía y no conserva recuerdos directos. Pero creció escuchando historias familiares. Una de ellas tenía que ver con su biblioteca. Serafina poseía una enorme colección de libros instalada en una gran habitación de su casa, que funcionaba como estudio.
Los ejemplares iban desde el piso hasta el techo. Era una gran lectora.
Pero no una gran prestadora. “Si alguien le quiere hacer enojar a la tía Serafina hay que pedirle prestado uno de sus libros. La respuesta era siempre un rotundo no”, recuerda Rosemary.
Le podría interesar leer: El complejo arte de encontrarse con el otro
También le gustaban las joyas. Las hacía traer de Europa. Lo mismo los sombreros. Adoraba los gatos. Y tenía carácter. En la familia decían que era “una mujer de pocas pulgas”. Pero también era generosa.
Había logrado una buena posición económica gracias a su profesión y acostumbraba ayudar a familiares cuando atravesaban problemas.
Son pequeñas escenas que permiten descubrir a la mujer detrás de la pionera.
De los tribunales paraguayos a los argentinos
El recorrido del unipersonal tiene una particularidad. Muchísimas funciones se realizaron en espacios vinculados con el Derecho. Ilutovich estrenó la pieza en ese ámbito.
La presentó para la Defensoría General, en el Archivo Nacional y posteriormente en el Palacio de Justicia, en el auditorio que lleva el nombre de Serafina Dávalos, ante la Asociación de Jueces del Paraguay.
Luego llegaron funciones en Facultades de Derecho de Pedro Juan Caballero, Encarnación, Villarrica y Coronel Oviedo.
También hubo presentaciones en Argentina. La obra llegó a los consulados paraguayos de Formosa, Resistencia y Corrientes.
En una de esas funciones asistió Alberto Semhan, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Corrientes.
Al finalizar, le comentó al cónsul Wilson Osorio que era una obra que debían ver todos los magistrados de la provincia. Así ocurrió.
El siguiente 8M, Ilutovich presentó Serafina, ¿dónde estás? en el Palacio de Justicia para los jueces y, vía streaming, para funcionarios de Corrientes. Al terminar se abrió nuevamente un foro. Una jueza tomó la palabra. “Antes, Serafina era paraguaya. Ahora es de todos”.
Buenos Aires y una reacción inesperada
También hubo dos funciones en el Centro Cultural del Paraguay en Buenos Aires, impulsadas por el ministro Juan Ramón Cano.
Según Ilutovich, ambas desbordaron de público. Había paraguayos, pero la mayoría de los asistentes eran argentinos.
Al concluir una de ellas, el primero en intervenir fue un hombre. La reacción sorprendió al actor.
“Si tu intención con esta obra era emocionarnos, lo conseguiste”. Lo que los jóvenes descubren. Las funciones ante estudiantes han producido otra lectura.
Según Ilutovich, muchos jóvenes varones destacan la necesidad de igualdad de derechos.
Pero entre las muchachas aparece con fuerza otro descubrimiento. Hoy pueden elegir una carrera universitaria con absoluta naturalidad.
No necesitan preguntarse si una determinada profesión “es para mujeres”. La mayoría nunca imaginó que algo tan cotidiano fue muy distinto en tiempos de Serafina.
Y allí la historia deja de ser distante. Se convierte en una conquista concreta. Lo conquistado y lo pendiente. Tanto Ilutovich como Rosemary entienden que el rescate de Serafina no consiste solamente en reparar una injusticia histórica. También implica mirar el presente.
Ilutovich reconoce los avances producidos en materia de igualdad. Pero considera que todavía existen brechas.
“Si bien son muchas las conquistas en pos de la igualdad, queda trabajo por hacer en el campo de similares oportunidades para ocupar puestos y cargos de relevancia, idénticos salarios por iguales trabajos y otros ítems que aún no están satisfechos”.
Más de un siglo después de Humanismo, Serafina sigue siendo contemporánea. Quizás por eso el título de la obra conserva tanta fuerza.
¿Dónde está Serafina?
Está en los archivos que todavía falta revisar. En los textos periodísticos que aún deben aparecer. En el lugar desconocido de sus restos. En la casa cuya recuperación reclaman sus impulsores.
En las jóvenes que hoy eligen una profesión sin pedir permiso. Y también en cada discusión sobre igualdad que todavía no está cerrada.
También podría leer: Música paraguaya gana nuevos escenarios en Madrid
Datos de la función
La obra: Serafina, ¿dónde estás?
Fecha: viernes 18 de setiembre, a las 20:00
Lugar: Café Salco, José Asunción Flores casi Vicepresidente Sánchez.
A saber: escrito e interpretado por Gustavo Ilutovich, con dirección de Agustín Núñez y asesoría de David Velázquez Seiferheld.
Acceso: G. 60.000 e incluye derecho al espectáculo, una pizza personal y una copa de vino. Los cupos son limitados.
Reservas: (0982) 100-697.