La polca es de esos sonidos que acompañan a un pueblo. Está en los festejos patronales, en las academias de danza y conservatorios de música, en las serenatas y celebraciones, pero también en las canciones que contaron guerras, despedidas, amores, nostalgias, paisajes, injusticias y sueños de un país mejor.
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Cada 15 de setiembre se conmemora el Día de la Polca Paraguaya, establecido oficialmente mediante la Ley Nº 4366/2011. La fecha recuerda particularmente a dos nombres fundamentales de la cultura nacional: Emiliano R. Fernández y Luis Alberto del Paraná, quienes, en distintas épocas y desde diferentes vertientes, contribuyeron a engrandecer y proyectar la música paraguaya.
La coincidencia histórica es significativa: ambos fallecieron un 15 de setiembre. Emiliano R. Fernández murió en 1949 y Luis Alberto del Paraná, en 1974. La fecha se convirtió así en una jornada destinada no solamente a evocarlos, sino a poner nuevamente en primer plano un género profundamente arraigado en la memoria nacional.
Una memoria hecha canciones
Para el periodista, escritor e investigador de la música paraguaya Mario Rubén Álvarez, autor de la colección Las voces de la memoria. Historias de canciones populares paraguayas, comprender la polca implica observarla mucho más allá de su dimensión musical.
“La polca es parte de nuestra identidad individual y colectiva, nuestra memoria hecha canciones”, resume Álvarez.
Su mirada recorre también el largo proceso histórico por el cual esta expresión se incorporó al paisaje cultural paraguayo. Según señala, desde su llegada y adopción durante la época de don Carlos Antonio López y su resurgimiento después de la Guerra de la Triple Alianza —la Guerra Guasu—, la polca recogió los dolores, las alegrías y las esperanzas del pueblo paraguayo.
No se limitó, por tanto, al entretenimiento.
Compositores y poetas encontraron en sus melodías un poderoso vehículo para expresar aquello que vivía la sociedad en diferentes momentos de su historia.
“Los compositores y poetas encontraron en ella un vigoroso canal de comunicación para volcar sus inspiraciones y expresar sus amores, pérdidas, nostalgia, admiración, gritos y anhelos”, expresa el investigador.
De generación en generación, ese patrimonio sobrevivió gracias a músicos, intérpretes, poetas y también a las propias familias que incorporaron las canciones a su cotidianidad.
Hoy la polca es, además, reconocida oficialmente como Patrimonio Nacional Cultural Inmaterial, condición establecida por la Secretaría Nacional de Cultura mediante la Resolución Nº 335/2019.
Las múltiples caras del Paraguay
Álvarez encuentra en el género una suerte de retrato emocional del país.
“La polca retrata el alma multifronte de los paraguayos, aquella que aun vencida no se rindió nunca; aquella que victoriosa supo mantener la serenidad y el equilibrio”, sostiene.
Es precisamente esa amplitud la que permite que bajo una misma denominación convivan canciones de amor y desamor, piezas épicas, evocaciones de la tierra natal, relatos de acontecimientos históricos, homenajes, protestas y composiciones que imaginan un futuro diferente.
En ese sentido, celebrar la polca significa también volver a escuchar lo que distintas generaciones dijeron acerca del Paraguay y de sí mismas.
Álvarez lo expresa recurriendo a versos que a lo largo del tiempo colocaron en música aspiraciones colectivas: el sueño de “una patria nueva”, “sin amos insaciados que usurpen sus bienes”, “libre de ataduras nativas o extrañas”, “que no tenga hijos desgraciados” y “donde el bien impere”.
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Para el investigador, allí reside una de las mayores fuerzas del género: su capacidad de atravesar lo individual y transformarlo en experiencia colectiva.
“Celebrar el Día de la Polca es celebrarnos, porque pulsa nuestros sentimientos más profundos, vuelve música y poesía nuestras emociones y nos catapulta a seguir soñando”, concluye.
Más que una música preservada como recuerdo del pasado, la polca continúa siendo así una memoria viva: una forma de contar quiénes fuimos, quiénes somos y también el Paraguay que distintas generaciones todavía se permiten imaginar.