En junio de 2001, una película centrada en carreras callejeras, autos modificados y un policía infiltrado llegó a los cines sin imaginar que terminaría construyendo una de las franquicias más duraderas de Hollywood. The Fast and the Furious, conocida en Latinoamérica como Rápido y Furioso, cumple 25 años convertida en mucho más que una saga de autos.
La historia de Dominic Toretto (Vin Diesel) y Brian O’Conner (Paul Walker) comenzó en las calles de Los Ángeles, con una trama relativamente sencilla y una identidad muy ligada a la cultura automovilística. Con el paso de las películas, aquella historia se transformó en una maquinaria de acción internacional que incorporó robos, espionaje, agentes secretos, persecuciones imposibles y un elenco cada vez más amplio.
Según datos citados por Variety, las películas de la franquicia acumularon alrededor de 7.300 millones de dólares en taquilla mundial durante sus primeros 25 años, convirtiéndola en la marca cinematográfica más exitosa de Universal.
De las carreras callejeras a salvar el mundo
Uno de los grandes cambios de la saga ocurrió con Fast Five (Rápidos y furiosos: 5 en control), en 2011. La película dirigida por Justin Lin dejó atrás buena parte de la estructura de carreras de las primeras entregas y convirtió al grupo de Toretto en una suerte de equipo especializado en grandes golpes.
Ese giro fue clave. La incorporación de Dwayne Johnson como Luke Hobbs amplió la escala de la franquicia y permitió que la acción dejara de depender exclusivamente de los autos. A partir de entonces aparecieron misiones internacionales, grandes secuencias de destrucción y protagonistas capaces de enfrentarse a ejércitos, organizaciones criminales y amenazas cada vez mayores.
Según Forbes, el resultado fue un crecimiento importante en taquilla. Furious 7, estrenada en 2015, superó los 1.500 millones de dólares a nivel mundial y se convirtió en la película más taquillera de la saga.
Pero ese éxito tuvo también un componente emocional que cambió para siempre la relación de la franquicia con su público.
Paul Walker y el corazón de la saga
La muerte de Paul Walker en noviembre de 2013, durante una pausa de la filmación de Furious 7 (Rápidos y furiosos 7), marcó uno de los momentos más difíciles para el equipo y para los seguidores. Su personaje, Brian O’Conner, era una de las figuras centrales de la historia desde aquella primera película.
La séptima entrega tuvo que completar algunas escenas con la participación de los hermanos de Walker, Caleb y Cody, además de efectos visuales. El personaje finalmente no murió dentro de la ficción, sino que se retiró para dedicarse a su familia.
La despedida, acompañada por la canción See You Again, terminó convirtiéndose en uno de los momentos más recordados de la saga. A 25 años del estreno, la figura de Walker continúa siendo parte de la identidad de la franquicia. Entertainment Weekly recogió recientemente las palabras de Diesel y Jordana Brewster sobre su legado, mientras que la familia del actor volvió a pronunciarse ante las versiones sobre un posible regreso de Brian en la película final.
El debate resulta especialmente significativo porque la tecnología actual permitiría recrear digitalmente a un actor fallecido. Sin embargo, Cody Walker señaló que no participará en una eventual recuperación del personaje y que cualquier decisión sobre la imagen de Paul debería contar con la aprobación de su hija, Meadow Walker.
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Cuando el espectáculo empezó a pesar
La evolución de Rápidos y Furiosos también abrió una discusión entre sus seguidores: ¿hasta dónde podía alejarse una saga de su origen sin perder aquello que la hizo especial?
Los autos continuaron siendo protagonistas, pero las situaciones se hicieron progresivamente más grandes. En F9, por ejemplo, la franquicia llevó uno de sus vehículos al espacio. La exageración pasó a formar parte de su propia identidad y el público comenzó a aceptar que las reglas de la física tenían poco lugar en el universo de Toretto.
Sin embargo, el crecimiento también tuvo un costo. Fast X, estrenada en 2023, alcanzó un presupuesto de producción cercano a los 340 millones de dólares y recaudó unos 705 millones. El resultado fue muy inferior al de los grandes éxitos anteriores y abrió interrogantes sobre cuánto podía seguir creciendo económicamente una franquicia que necesitaba producciones cada vez más costosas. The Wall Street Journal señaló que el estudio enfrenta justamente ese cruce entre costos crecientes y rendimientos menores.
La película dejó además la historia inconclusa y convirtió el siguiente capítulo en una decisión importante para Universal: continuar aumentando la escala o volver a las raíces que hicieron popular a la saga.
Una última vuelta
El próximo capítulo ya tiene nombre: Fast Forever. Universal fijó su estreno para el 17 de marzo de 2028, por lo que la despedida de la saga llegará tres años después de Fast X.
Vin Diesel ha señalado que la intención es recuperar parte del espíritu original y regresar a las carreras callejeras en Los Ángeles. En agosto, el actor dijo a Variety que espera comenzar el rodaje en diciembre de 2026, aunque condicionado a alcanzar un acuerdo con el estudio.
Mientras tanto, la marca continúa expandiéndose fuera del cine. NBCUniversal desarrolla una serie de televisión para Peacock y Universal también lleva el universo de los autos a sus parques temáticos, con nuevas atracciones inspiradas en la franquicia.
Después de 25 años, el desafío ya no es demostrar que Rápidos y Furiosos puede hacer ruido. Eso está probado. La verdadera pregunta es cómo cerrar una historia que empezó con un grupo de jóvenes corriendo por las calles de Los Ángeles y terminó recorriendo medio mundo.
Para una saga que convirtió la palabra “familia” en su principal bandera, el último viaje tendrá que resolver algo más difícil que cualquier persecución: encontrar nuevamente el camino de regreso a sus propios orígenes.
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De la gran pantalla a las calles de Paraguay
Los 25 años de Rápidos y Furiosos se celebraron en los principales cines del país con una función especial organizada por Filmagic el pasado jueves 4 de setiembre. La jornada reunió a fanáticos de la saga y contó con una exhibición de vehículos inspirados en las películas, entre ellos el Nissan Skyline de Brian O’Conner, propiedad del paraguayo David Jiménez.
Jiménez, arquitecto y apasionado por los autos desde niño, cumplió el sueño de tener su propio Skyline a los 29 años, justo antes de la edad que alguna vez le había mencionado su padre. Luego recreó en el vehículo el diseño del auto de la película y comenzó a participar en encuentros y eventos, incluso fuera del país, donde obtuvo reconocimientos. Actualmente disfruta el auto a diario y también conserva una colección de entre 700 y 750 vehículos de juguete relacionados con la saga.
David Jiménez tenía un sueño desde niño: algún día tener un Nissan Skyline. Su pasión por los vehículos comenzó mucho antes de Rápidos y Furiosos, cuando conoció el modelo a través de los videojuegos de carreras. La aparición del auto en la película terminó de convertirlo en su gran objetivo.
“Mucho antes de la película ya iba apareciendo en unos videojuegos de carrera y esos videojuegos yo siempre escogía ese mismo auto para poder jugar las carreras”, recuerda Jiménez, quien actualmente tiene 35 años y es arquitecto.
La oportunidad llegó durante la pandemia, cuando tenía 29 años. Su padre alguna vez le había dicho que quizás, antes de cumplir los 30, lograría tener el Skyline que tanto quería. “Justo se da la casualidad de que cuando empieza la pandemia y yo accedo a comprar el coche, tenía 29 años. Y ahí un día le di la sorpresa a mi papá de que tengo el coche antes de mis 30”, cuenta.
Después de adquirirlo, comenzó a trabajar en el diseño hasta recrear la estética del vehículo que aparece en Rápidos y Furiosos. La respuesta del público no tardó en llegar. El auto comenzó a llamar la atención en encuentros nacionales e internacionales y Jiménez recibió invitaciones para participar en eventos en Argentina, entre ellos uno en Córdoba, donde obtuvo el primer puesto.
“Me hice una página en las redes sociales y la gente ahí sigue paso a paso las veces que yo tengo el coche con el diseño de Rápidos y Furiosos o a los eventos en los que voy”, explica.
La pasión también se extiende a una colección de entre 700 y 750 autos de juguete relacionados con la saga, en diferentes escalas. Para Jiménez, tener el vehículo real que aparece en la película completa una historia que comenzó durante su infancia.
“Más allá de lo material, hay todo un esfuerzo tanto de mi familia o de mi entorno y de mis amigos y todas las personas que me conocen que hicieron posible que yo pueda progresar económicamente y tener el coche”, señala.
El Skyline tampoco permanece guardado. Jiménez lo utiliza como vehículo diario y disfruta compartirlo con quienes se acercan a verlo. “No soy de esos que guardan sus autos y los sacan solamente los fines de semana. Yo lo disfruto día a día”, afirma.
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Para él, uno de los mayores premios es ver la reacción de quienes reconocen inmediatamente el auto de la película. “Nunca pensamos que íbamos a ver este coche en vivo y en directo y con este mismo diseño de Rápidos y Furiosos”, cuenta que suelen decirle los fanáticos.
Con motivo de los 25 años de la saga, su Skyline fue uno de los vehículos que más llamó la atención durante la exhibición realizada en el marco de la función especial. Para Jiménez, mostrarlo también significa compartir con otros una pasión que nació en la infancia y que con esfuerzo pudo convertirse en realidad.