16 may. 2026

¿Puede Paraguay convertirse en un hub mundial de IA?

Quizás la expresión “data center” dé una idea limitada del verdadero alcance del proyecto. En realidad, por lo revelado hasta ahora del memorándum de entendimiento entre Paraguay y Taiwán, se trataría de un centro de computación de alto rendimiento (HPC) orientado a inteligencia artificial (IA), algo intermedio entre una central eléctrica, un parque industrial y una fábrica digital. La “materia prima” es electricidad y el “producto” es capacidad computacional: Entrenamiento de IA, supercomputación y almacenamiento de datos.

Un verdadero campus global de IA requiere potencia firme, transmisión robusta, sistemas avanzados de refrigeración, grandes volúmenes de GPU –que representan la mayor inversión–, fibra óptica internacional, financiamiento multimillonario y talento humano especializado. Los grandes hubs mundiales de IA hoy existen principalmente en Estados Unidos y China, desde donde se entrenan asistentes como ChatGPT, Claude o DeepSeek. Paraguay sí posee –por ahora– una ventaja estructural importante: Excedentes hidroeléctricos y energía barata. Eso vuelve plausible el proyecto. De hecho, el mundo está entrando en una competencia geopolítica por energía y capacidad de cómputo, pero la energía barata, por sí sola, no alcanza.

La experiencia paraguaya nos obliga naturalmente a cierta cautela. Proyectos fallidos como el Metrobús o el tren de cercanías acumulan años de retrasos y reformulaciones. Además, el Data Center del Estado, impulsado en el marco de una cooperación con el BID en 2018, recién adjudicó sus obras de construcción hace pocos días, es decir, el ritmo no da esperanzas. ¿Por qué habríamos de creerlo esta vez?

El propio Taiwán comenzó su iniciativa de IA soberana con la inauguración de un centro de datos de 15 MW en diciembre pasado. Desde luego, es ampliable en el futuro, pero no existen anuncios de hiperescalación de hasta 1GW como los que se escuchan localmente. Y eso que hablamos del país que alberga a TSMC, el mayor fabricante de chips por contrato del mundo.

Es decir, Paraguay sí tiene una ventaja energética estratégica, pero todavía está lejos de convertirse en un “megahub mundial de IA”.

No obstante, sí podría aspirar razonablemente a desarrollar un centro local de computación intensiva e infraestructura digital soberana, especialmente si Taiwán aporta hardware y know-how. Uno donde, por ejemplo, el Ministerio de Salud pudiera ejecutar modelos epidemiológicos o entrenar IA médica utilizando capacidad computacional local, reduciendo dependencia externa y fortaleciendo soberanía digital.

Así como están las cosas, el proyecto comenzaría con una inversión estimada de USD 300 millones y una demanda inicial de 10 MW. Para expandirse a un verdadero hub regional deberá superar barreras de infraestructura y capacidades tecnológicas y, además, reasignar parte de la energía consumida por criptominería hacia infraestructura de mayor valor agregado.

Las potenciales ventajas económicas son significativas. Pasaría de exportar solo electricidad a exportar también servicios asociados al conocimiento y al cómputo, atraer inversión tecnológica, desarrollar capital humano especializado y aprovechar estratégicamente la energía de Itaipú. Para lo cual se deberán afinar los instrumentos que eviten que el mayor valor agregado permanezca fuera del país.

Durante décadas Paraguay exportó energía bruta. La economía de la IA abre la posibilidad de exportar también capacidad computacional. La diferencia entre ambas cosas puede definir el lugar del país en los próximos años.

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