18 sept 2026

¿Puede la Fed alterar el precio del petróleo?

La Reserva Federal subió las tasas de interés el miércoles por primera vez en tres años. La decisión desató críticas políticas, pero su lógica económica es más interesante: ¿Cómo puede una suba de tasas combatir una inflación impulsada, en buena medida, por un shock petrolero geopolítico?

La Fed elevó su tasa de referencia en 25 puntos básicos, hasta el rango de 3,75% a 4,00%. Su presidente, Kevin Warsh, defendió el aumento al señalar que la inflación sigue siendo demasiado alta, pese a la fortaleza de la economía estadounidense. La Casa Blanca, en cambio, reclama tasas más bajas.

Las tasas no producen petróleo ni resuelven conflictos internacionales, pero sí pueden reducir la demanda estadounidense. El mecanismo es tasas más altas significa menos crédito e inversión, menor crecimiento, menor consumo de energía, presión bajista sobre el WTI (West Texas Intermediate) gasolina y transporte más baratos y en consecuencia menor inflación. Todo esto aplica a Estados Unidos pero al Paraguay también.

En el caso de Estados Unidos, la mayor economía del mundo y el principal consumidor de petróleo abastece su consumo en parte por producción doméstica (WTI). Una desaceleración implica, en el margen, menos transporte de mercancías, vuelos, producción industrial, construcción y circulación de vehículos. No hace falta una recesión: una reducción moderada del crecimiento previsto puede eliminar suficiente demanda marginal como para afectar los precios, que se determinan en gran medida en el margen.

La Fed todavía proyecta un crecimiento real saludable, de aproximadamente 2,3% en 2026 y 2,4% en 2027. Warsh no parece apostar por una contracción, sino por sacrificar parte del crecimiento marginal para contener la inflación.

El WTI cayó alrededor de 3% el miércoles, hasta unos USD 102 por barril. Un movimiento diario no puede atribuirse exclusivamente a la política monetaria, pero muestra la sensibilidad del mercado. Si el endurecimiento financiero reduce las expectativas de consumo estadounidense, el WTI podría bajar incluso mientras persisten las tensiones geopolíticas.

La distinción entre el WTI y el Brent es clave. El WTI refleja más directamente las condiciones del mercado petrolero estadounidense, mientras que el Brent es la principal referencia internacional y responde en mayor medida a la oferta global, los flujos marítimos y las disrupciones en Medio Oriente. Ambos precios están conectados, pero la Fed tiene más influencia sobre la demanda doméstica que sobre los factores geopolíticos que determinan el Brent.

Si el WTI cae, el efecto puede transmitirse rápidamente a la economía: disminuyen los precios de la gasolina y los costos del transporte, la logística y algunos insumos industriales y agrícolas. Además, los consumidores perciben de forma inmediata el alivio en las estaciones de servicio, uno de los componentes más visibles de la inflación.

El costo es evidente: tasas más altas encarecen las hipotecas y el financiamiento empresarial, frenan la inversión y debilitan el consumo a crédito. El PIB termina siendo menor que bajo una política más expansiva. Pero, desde la perspectiva de la Fed, esa desaceleración no es un efecto secundario, es el canal mediante el cual la política monetaria puede reducir la demanda energética y aliviar la inflación.

La Casa Blanca ve un daño innecesario al crecimiento. Warsh ve una herramienta para compensar, mediante la demanda interna, un shock de oferta originado en el exterior.

La prueba estará en tres variables: Crecimiento estadounidense, consumo de petróleo y WTI. Si la actividad se modera sin caer en recesión, el consumo energético disminuye y el WTI baja, la Fed podría demostrar que tiene más influencia sobre el mercado petrolero estadounidense de la que Washington supone.

La Fed no produce petróleo ni controla el Brent, pero puede que tenga más influencia sobre el WTI. Esa es la apuesta.

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