Las elecciones municipales del próximo domingo suponen un enorme desafío para los vecinos de la capital del país. Se trata de elegir quién gobernará Asunción los próximos cinco años desde una institución que se encuentra endeudada, que exhibe dolorosamente su crisis de basura, baches, caos en el tránsito y pérdida de sus patrimonio histórico y sus espacios verdes.
Abandonada, sucia y con baches, precisamente por la crisis de la recolección y de la llamada mafia del asfalto, además del caos cotidiano de su tráfico, el centro lleno de carteles: Se vende en las puertas de los negocios, las viejas casonas derruidas por el descuido, estaciones de servicio que surgen en cada esquina frente a la veloz pérdida de los espacios verdes, así se ve Asunción en estos días.
La capital está, además, ferozmente endeudada, con obras fundamentales y necesarias, como los desagües pluviales en los barrios que habían sido prometidas en las anteriores elecciones por un intendente colorado que se vio obligado a renunciar frente al escándalo de los datos que surgieron de una intervención que, hasta ahora, solo ha contribuido a la impunidad.
Esta será la Intendencia Municipal que recibirá la próxima intendenta o intendente que resulte ganador de las elecciones del próximo domingo. Pero esta es sobre todo, la ciudad en la que viven cerca de 500.000 personas y en donde trabajan o estudian casi dos millones que padecen a diario este panorama desolador de desorden, basura y veredas rotas.
Asunción se convierte en las noches en una ciudad fantasma. Con la excepción de algunos ruidosos bares que selectivamente obtienen permisos municipales, recordemos el censurado emprendimiento cultura La Chispa, el resto de la ciudad apaga las luces en cuanto abandonan sus calles y avenidas aquellos miles que han venido desde otras ciudades a trabajar o estudiar o simplemente de visita.
Fea, sucia y peligrosa, la capital del país es un gran cascarón vacío.
El historiador Fabián Chamorro recordaba que en los últimos 40 años la cantidad de personas que residían en el microcentro se redujo considerablemente; en 1982 un censo registraba que el microcentro de Asunción tenía 50.000 habitantes; después de 44 años ahora habitan en el centro apenas 3.000 personas.
La diáspora claramente se explica por el precio de las viviendas, pero también porque el centro carece de infraestructura, solo tiene veredas rotas, no hay iluminación, no hay muebles de calle ni servicios, y sigue dándoles la espalda al río.
Difícilmente vuelva a ser aquella Asunción apacible, de naranjos y flores de la que nos hablan las guaranias, pero no caben dudas de que los vecinos que viven en la capital y que pagan sus impuestos merecen respeto y eficiencia, y mucho más.
Merecen en primer lugar que sus autoridades asuman la responsabilidad de gobernar con honestidad y transparencia, y merecen que cada uno de los 9.000 funcionarios de la Municipalidad trabajen denodadamente y con integridad, dando respuestas a los vecinos que con esfuerzo pagan sus impuestos y sostienen la pesada estructura municipal.
Como decía el arquitecto Gonzalo Garay, quien precisamente había coordinado el Plan Maestro de la Franja Costera en 1993, Asunción está “superplanificada”, pero le falta gestión. Y es importante rescatar esta opinión: “La obra prioritaria para Asunción no se hace con ladrillo ni con cemento. La obra prioritaria es la modernización y reforma de la administración”, para poder garantizar, decía, que el crecimiento de la ciudad responda a las necesidades de la ciudadanía.
También es muy importante que dejen las autoridades de hacer cambios sin criterio alguno del Plan Regulador, que según los datos, ha tenido alrededor de 200 cambios desde el año 1994, y es inadmisible que estos se hagan sin un criterio técnico, y en cambio para responder a intereses particulares. Porque estos hechos han llevado a nuestra capital al lugar lastimoso en el que se encuentra.
Recordemos el más reciente y vergonzoso ranking que ubica a Asunción, de entre 1.000 ciudades, en el puesto 446, según el Índice Global de Ciudades 2026 elaborado por Oxford Economics. Asunción se posiciona en el puesto 461 de 1.000 ciudades del mundo en lo económico; en cuanto a capital humano tiene la posición 319; en calidad de vida alcanza la ubicación 511; en medioambiente cuenta con la puntuación 418 y en gobernanza está todavía más lejos, ocupando el puesto 652.
Esto debe cambiar y para ello es fundamental que los vecinos de Asunción hagan valer su voz y su voto.