Los accidentes de tránsito son considerados una epidemia silenciosa que no solo cuesta vidas, sino también además absorbe ingentes recursos. En nuestro país, es alarmante el impacto económico y social. Según datos del Hospital de Trauma, hasta un 30% de los accidentados en motocicletas quedan con secuelas de discapacidad y la mayoría de ellos tienen menos de 40 años de edad.
Los datos sobre accidentes viales nos están mostrando indicadores que las autoridades no están tomando en consideración. Uno de ellos y, quizá, uno de los más importantes es el déficit que sufrimos en cuanto a la educación vial.
Porque se debe reconocer que la mala conducción y la conducción temeraria responden en gran parte al desconocimiento de las reglas de tránsito, y también al mismo tiempo responde a otros factores.
Todos los días nos enteramos a través de los medios de comunicación, vemos en los noticiarios y en las redes sociales el relato de las tragedias viales, fatalidades que cotidianamente enlutan a miles de familias. Sin embargo, a pesar de la gravedad de la situación y de las terribles consecuencias, no se ven acciones de parte de las autoridades tanto nacionales como municipales.
Los más recientes datos proporcionados por el titular del Hospital del Trauma, Juan Manuel Fernández, revelan que hasta un 30% de los accidentados en motocicletas quedan con secuelas de discapacidad; además, la mayoría de ellos son menores de 40 años.
Los accidentes suponen un ingente costo, según los datos oficiales, entre 8 y 10 millones de guaraníes le cuesta al Estado por día un internado en sala común; y de 15 a 20 millones por día en sala de terapia intensiva, sin considerar los medicamentos. A esto se deben agregar las prótesis cuyo costo es considerable. Recordemos que una de las más vergonzosas estampas en nuestro país es la de viajes en motocicleta en la que van a veces hasta cuatro personas, y nunca faltan niños en estos viajes tan riesgosos.
Los motociclistas concentran la mayor carga de la siniestralidad vial, y representa aproximadamente el 60% de los fallecidos, y más de 76% de los lesionados, vale entonces decir que es un tema muy serio.
Aquí es donde se debe señalar la ausencia del Estado, pues es inaceptable que a plena luz del día se pueda ver a motociclistas sin casco o montadas varias personas –incluidos niños– sin que nadie lo evite. Lo mismo se puede decir de la conducción bajo los efectos del alcohol.
Esta es una de las causas de los accidentes y aunque no sea la principal es, sin duda, la más criminal de todas, pues representa no solamente la prepotencia, sino también el mayor desprecio por la vida. En el Paraguay el alcohol es una droga lícita y es muy aceptada socialmente, pero que actúa sobre el sistema nervioso central, ocasionando diversos efectos.
La responsabilidad del Gobierno Central y de los municipios es ineludible, y esto es bastante notorio cuando mencionamos la falta de educación vial. Es bien sabido que en nuestro país, toda persona que tiene acceso a un vehículo o una motocicleta puede salir a la calle, sin conocimiento de las reglas e incluso a veces sin el permiso de conducir y conducir libre e impunemente.
La falta de conocimiento de las normas viales se nota de hecho en las formas de conducción de la población cuando no se utilizan los indicadores de giro, se hacen maniobras prohibidas, y esa suerte de obsesión nacional por el uso indiscriminado de la bocina.
No obstante, detrás de cada una de estas nefastas costumbres hay dos causas: Una es la impunidad que protege a los infractores en las calles y eso se debe a la segunda causa que es la debilidad de las instituciones. En nuestro país se han ido flexibilizando los controles y como consecuencia puede notarse una suerte de descontrol en las rutas y las calles.
Un dato del Banco Mundial señala que los accidentes de tránsito siguen siendo la principal causa de muerte de niños y jóvenes de 5 a 29 años a nivel mundial y que el costo de los accidentes de tráfico representa entre el 3% y el 6% del PIB de la región. Es por que la responsabilidad de las instituciones del Estado es intervenir para evitar más muertes. Debe haber mejor educación vial, incluso debe iniciarse en las escuelas y, al mismo tiempo, asegurar a la población un eficiente servicio de transporte público. No se debe negar que la falta de un sistema de transporte público eficiente y moderno, empuja a las personas hacia el uso de las motocicletas y son motociclistas el 60% de las víctimas fatales en accidentes de tránsito.