17 feb. 2026

Por un 2015 utópico

@maikbenz

Termina otro año con ese conocido sabor amargo de que se pudo haber hecho algo más. La falta de justicia, escasez de oportunidades, desempleo, inseguridad en las calles y familias enlutadas por trágicos sucesos fueron la constante en el balance final.

María Liz Cristaldo y Rosalía Amarilla son las mujeres que conmovieron la semana pasada a la mayoría de los paraguayos, ya sea generando empatía y dolor, o reproche (de parte de los ciudadanos más radicales). Sus casos pudieron haber tenido distintos finales, pero el origen fue el mismo: hallar mejores oportunidades en otro país, dado que el suyo no les otorgaba los medios necesarios para salir adelante. La primera encontró la muerte en Venezuela luego de trabajar más de 10 años en Madrid. Para muchos, como leí en redes sociales, es fácil juzgar a ambas paraguayas, acusándolas de haber buscado su fatídica suerte, pero lo concreto es que son miles los compatriotas que emprendieron ese mismo éxodo. Y solo sus familias pueden saber lo que pasó, los terceros deben bajar el dedo acusador.

María Liz era abogada y Rosalía es técnica en Administración de Empresas. Da la pauta de que no solamente aquellos paraguayos que no tienen estudios básicos, como se quiere hacer creer, buscan una mejor vida fuera del país. La abogada prefirió ir a trabajar como niñera y empleada doméstica a España antes que ejercer su profesión en Paraguay. Entonces, ¿qué es lo que está funcionando mal? Evidentemente es el Estado.

No todos tienen chances de mostrar su valía en un país que, según Transparencia Internacional, ocupa el segundo puesto entre las naciones más corruptas de América Latina. Por algo tenemos mentes brillantes afuera y la fuga de cerebros se acrecienta.

Anhelo la multiplicación de jóvenes brillantes como Humberto Paredes (seleccionado por Harvard), David Riveros García (frecuente panelista del Banco Mundial en temas anticorrupción), Martha López Salinas (5 absoluto en Derecho de la Universidad Católica) y cientos de compatriotas más que solamente no tienen la visibilidad necesaria para demostrar que en este país sí se puede avanzar. Quiero más acciones, como las de la Fundación Saraki, que impulsó la construcción de rampas para los discapacitados.

En pocas palabras, sueño con un 2015 de progresos, con más noticias exitosas, con más obras y menos protestas. Con menos directores de fotocopias y sus salarios astronómicos. Soy consciente de que lograr el Paraguay ideal puede ser algo utópico en las condiciones en las que nos encontramos y está bien, lo entiendo. Pero –como decía Fernando Birri– la utopía está hecha justamente para eso, para seguir avanzando. Al fin de cuentas, es solo mi legítimo deseo de fin de año.

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