04 abr. 2026

Manifestando

Hace una semana exactamente, cuando llegaba al centro, tuve la muy mala suerte de pasar junto a la formación de un grupo de policías, y por eso escuché una arenga. Era un día de manifestaciones en el Congreso Nacional. Los senadores iban a votar por las reformas a la Caja Fiscal y los maestros, uno de los sectores afectados por el plan gubernamental llegaban a protestar.

Cuando pasé cerca de la fila de policías pude escuchar a un oficial que gritaba exaltadísimo decía algo así como que la gente debía temer cuando vieran el uniforme, y que el que no estaba preparado que se fuera “con esos”, o sea con los manifestantes.

Como valoro mi vida, me callé nomás y seguí mi camino; con una tendinitis en la rodilla derecha no se puede correr de la Policía, así que me fui cavilando sobre lo que había escuchado.

Me llamó la atención el enojo del oficial y me preocupó que dicho mensaje quedara fijo en la cabeza de aquellos policías que además eran superjóvenes, como ahora le gusta al Gobierno sacarlos pronto de la Academia de Policía, sin haber leído ni la Constitución Nacional. Imagínense, no saben nada, no entienden nada y caen en manos de un oficial exaltado que les dice que deben dar miedo.

No señora, no es así la cosa.

La Policía debería causar temor a los narcos, a los bandidos, a los que trafican con personas a los que abusan de niños y niñas, a los violentos golpeadores de mujeres, etc.

La Policía debería inspirar respeto y confianza en la ciudadanía porque se supone que ellos están para cuidar el orden público, pero sobre todo para cuidar a la gente qué detalle no menor, ¡es quien paga sus salarios!

Es una vergüenza que aquel oficial les haya enseñado a esos mitã’i disfrazados de policía que tiene que odiarle a la maestra. Si el exaltado hubiera seguido estudiando, no estaría haciendo y diciendo esas macanadas, promoviendo el odio de un pobre a otro pobre, pero bueno, esa es mi opinión nomás.

Marcha Diversx. Hace siete años, una resolución firmada por el intendente de Hernandarias, Rubén Rojas, y refrendado por su Junta Municipal, prohibió la marcha un grupo de LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, que incluye a transexuales y travestis). Siete años después –más vale tarde que nunca– la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la prohibición de aquella marcha organizada por el grupo #Diversxs en Hernandarias, en lo que puede considerarse un hecho histórico.

Lo que realmente quería comentar es que, tristemente, nos falta tanto todavía para llegar a convertirnos en una sociedad medianamente razonable. Leí la publicación del histórico fallo en la cuenta de Amnistía Internacional Py y, obviamente, fui directo a leer los comentarios de la gente. Ahí, entre las felicitaciones y mensajes de esperanza, me encontré con el viejo, arcaico y anacrónico Paraguay, resumido en un mensaje que decía algo así: Felicidades, ahora pueden protestar libremente, siempre y cuando no salgan a desfilar por la calle con los genitales de fuera… (supongo que quería decir que no marcharan en pelotas).

A mí tampoco me gustaría ver a nadie marchando mostrándose como vinieron al mundo, pero eso no sería el fin del mundo. Porque, señora, nunca vi en pelotas a nadie en el Parlamento y, aún así, en ese lugar muchos colorados han hecho cosas terribles contra los paraguayos. No le vi exhibirse al diputado Yamil Esgaib, pero todos vimos cuando agredía a sus colegas mujeres y a periodistas.

Lo que nos tira para abajo es que a alguna gente le preocupa más una marcha trans que la corrupción y el robo del dinero público, más que las promesas incumplidas de los políticos. Los políticos y funcionarios no quieren marchas trans de gente diversx, pero callan cómplices ante la corrupción y ante los 80 años de malos gobiernos colorados que nos privan de salud y educación pública de calidad, empleo digno y oportunidades para los jóvenes.

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