Los resultados de la evaluación internacional PISA 2025 volvieron a encender las alarmas sobre la educación paraguaya. El país retrocedió con fuerza en lectura y ciencias y quedó prácticamente estancado en matemática, con apenas una minoría de estudiantes alcanzando las competencias básicas.
Para los analistas Rodolfo Elías y Óscar Charotti, detrás de estos resultados hay un problema que excede a una administración: la falta de una política educativa de Estado que tenga continuidad, metas claras y mecanismos para medir sus avances.
Elías, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) – Paraguay, considera que los programas actualmente en marcha pueden generar resultados, pero advierte que no alcanza con esperar a la próxima evaluación para saber si funcionaron. ‘‘Es importante que eso se traduzca en una formulación clara de política y con metas’’.
A su criterio, la mirada también debe estar puesta en lo que ocurre durante la implementación de esas políticas. ‘‘El tema de la investigación o la evaluación también tiene que mirar los procesos’’, afirmó. Para el psicólogo y docente, observar esos procesos permitiría detectar a tiempo qué está funcionando y qué necesita ser corregido.
‘‘El proceso es lo que lleva a mejorar o no’’, resumió considerando que PISA debe servir como una señal para revisar el camino recorrido y no únicamente como una fotografía del sistema educativo cada tres años.
Óscar Charotti, director Ejecutivo de Juntos por la Educación, coincide en que el problema tiene raíces profundas y advierte que Paraguay lleva años sin conseguir una mejora sostenida. ‘‘Ocho años más sin al menos una tendencia de mejoras en educación’’ es, según señaló, el dato que debería concentrar la atención tras esta evaluación.
El especialista dimensionó la gravedad del escenario al señalar que ‘‘nueve de cada diez jóvenes de 15 años no pueden resolver problemas matemáticos elementales y tres de cada cuatro no comprenden adecuadamente lo que leen’’. Estas carencias, explica Charotti, tendrán efectos sobre la productividad, la calidad de la ciudadanía y la movilidad social del país en las próximas décadas.
Además, sostiene que esta situación tampoco puede desvincularse de la falta de planificación de largo plazo, cuestionando que el país no cuente con una hoja de ruta educativa estable y advirtió que ‘‘sin plan, cada gestión reinicia el ciclo, sin rumbo, sin metas ni marco sobre el cual rendir cuentas’’.
A la falta de continuidad se suma, según Charotti, el bajo nivel de inversión. Paraguay destina alrededor del 3,4% del PIB a educación, por debajo de otros países de la región. ‘‘Sin un nivel suficiente de inversión, ningún plan puede revertir estas tendencias’’.
Rodolfo Elías, por su parte, plantea que las políticas no deberían evaluarse únicamente por el resultado final de una prueba internacional. La clave, sostiene, está en establecer metas y seguir de cerca cómo evolucionan los aprendizajes, de modo que las autoridades puedan introducir cambios antes de que los problemas se acumulen.
Luis Ramírez, titular del MEC, atribuyó parte del bajo desempeño al impacto de la pandemia y al modelo tradicional de enseñanza. ‘‘Tenemos que cambiar radicalmente la manera en la que estamos enseñando’’, afirmó.
Charotti también puso el foco en las condiciones que rodean al aprendizaje y señaló que programas como Hambre Cero son necesarios, pero no pueden convertirse en el techo de la política educativa. ‘‘El sistema sigue atendiendo cuestiones básicas de subsistencia, no de aprendizaje’’.
Paraguay obtuvo 334 puntos en matemática, 352 en lectura y 355 en ciencias, frente a 463, 461 y 482, respectivamente, de promedio en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Un desafío.
Para Charotti, cada 20 puntos equivalen aproximadamente a un año de escolaridad, por lo que la brecha representa entre cinco y seis años de aprendizaje. ‘’Lo que PISA nos muestra hoy, es en buena medida, el país que va a existir en 2040’’.
Elías y Charotti lamentaron que se haya dejado de lado el Plan Nacional de Transformación Educativa, por un plan de Desarrollo educativo 2040 nada claro. “Se necesita realmente ese trabajo de construcción de política de Estado, que tiene que implicar un trabajo amplio de construcción participativa”, afirmó Elías, al mencionar la necesidad de incluir a docentes, estudiantes y otros actores en una discusión profunda sobre el rumbo del sistema.
“Sin plan, no hay rumbo ni metas”
“Primero, el país no cuenta con un plan: el Plan Nacional de Transformación Educativa fue archivado y su reemplazo, anunciado como Plan Nacional de Desarrollo Educativo 2040, no ha operado como marco estratégico ni efectivo de metas e inversión. Sin plan, cada gestión reinicia el ciclo, sin rumbo, sin metas ni marco sobre el cual rendir cuentas”.
‘‘Falta política de Estado en educación”
“Hubo intentos de plantear un nuevo plan educativo, y eso quedó también relegado (Plan Nacional de transformación Educativa). Finalmente, no tuvo aprobación. Se habla constantemente, cuando preguntamos o cuando se indaga acerca del plan educativo, qué se está trabajando, pero en la práctica no estamos viendo eso”.