La caída de los enormes granizos el pasado fin de semana, que causó susto, pánico y numerosos daños en los techos de viviendas y en los vehículos, en Asunción y ciudades de Central, forma parte del fenómeno El Niño. Necesitamos con urgencia que las instituciones estén alertas ante situaciones de tiempo severo y no abandonen a las comunidades frente a los destrozos que dejan las tormentas.
Con la más reciente demostración de fuerza del fenómeno El Niño, en Asunción, área metropolitana y el Departamento Central, materializada en forma de caída de enormes granizos que han dejado serios daños en los techos de viviendas y en los parabrisas de los vehículos, se comprueba la imperiosa necesidad de contar con algún tipo de servicio de alertas meteorológicas en las ciudades del país.
A menudo, vemos en las redes sociales informes de la Municipalidad de Asunción, donde se advierte sobre las zonas donde el ciudadano debe tener cuidado debido a los caudalosos raudales en días en que se prevén lluvias y tormentas. Sin embargo, este tipo de información resulta redundante cuando prácticamente toda la ciudad queda cubierta de agua, especialmente aquellos barrios en los que han quedado sin culminar obras de desagüe pluvial. Recordar a las personas que en una intersección existe peligro por raudales ya no sirve, pues lo que corresponde es que las instituciones resuelvan dichos problemas urbanos, que además entran en la categoría de obligaciones, que ellos asumen el día en que son electos.
Ya en el primer trimestre del año se había advertido que podrían presentarse más lluvias en el segundo semestre del año, y es sabido que la llegada del fenómeno fue profusamente anunciado.
El Niño es una de las fases de un patrón climático de origen natural llamado El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno que suele aparecer cada dos y siete años. El evento meteorológico natural aumenta las temperaturas de la superficie en el centro y el este del Pacífico ecuatorial, lo que tiene el poder de desencadenar cambios en los patrones de vientos, presión y lluvias de todo el planeta.
“Este El Niño excepcional (...) tiene el potencial de asestar un golpe devastador a las comunidades y economías de todo el mundo”, había anunciado la directora de la OMM, Celeste Saulo, quien señaló que las perturbaciones y devastación causadas por sequías e inundaciones, fenómenos que irían en aumento, que no “hay tiempo que perder”, y las autoridades de gestión de desastres y a los sectores sensibles al clima, como la agricultura, la salud, la energía y el agua, que deberían tomar medidas de prevención.
Es precisamente en el área de prevención donde el Paraguay está aplazado. No se dispone de un sistema de alerta ciudadana ante los eventuales fenómenos climáticos, sin mencionar que la infraestructura urbana de nuestras ciudades en sí ya constituye un peligro.
Recordemos que hace tres años, otro El Niño trajo mucha lluvia, inundaciones y crecidas de ríos en Argentina, Uruguay y Brasil, y causó muertos, desaparecidos y miles de evacuados. En nuestro país, tuvimos tormentas y dos tornados: uno en San Pedro y otro en la Cordillera; sobre estos habían dicho los expertos que no se trata de que el cambio climático genere más tornados, sino que lo que en el país eran fenómenos aislados en el pasado, ahora serían más frecuentes y más intensos. Es precisamente esta la razón de que las instituciones del Estado trabajen coordinadamente con municipios y gobernaciones para enfrentar este desafío, ya que son las más cercanas a la población y deberían conocer bien las necesidades de las ciudades y de sus habitantes.
Respecto a la intensa granizada del fin de semana, el director de Meteorología, Eduardo Mingo, explicó que el fenómeno no es una condición atípica en la transición del invierno a la primavera, pero que el fenómeno El Niño amplificó el volumen de las tormentas que son normales en esta época.
La falta de una alerta temprana así como la carencia de una planificación de las ciudades es principal responsabilidad tanto del Gobierno como de los gobiernos municipales y departamentales. Estos hacen muchas promesas a sus electores, pero luego no son capaces de resolver los problemas básicos, como la disposición de residuos, desagüe pluvial y la limpieza de las calles.
Los paraguayos no merecen vivir en el caos y la incertidumbre en los días de tormenta. El país no se puede cancelar por motivos de lluvia.