El voto es una de las formas que tiene el ciudadano de participar en política, y es una muy importante, pues con su voto elige a quienes gobernarán en su representación. No obstante, no todo termina el día de las elecciones, pues la democracia se completa cuando el ciudadano participa activamente en su comunidad, y sobre todo, mostrando interés e interviniendo en los asuntos públicos.
En el año 2022, la organización IDEA Internacional presentaba su informe El estado global de la democracia 2022.
Dicho informe concluía que la mitad de los gobiernos democráticos del mundo están en declive, deteriorados por problemas como las restricciones a la libertad de expresión y la desconfianza en la legitimidad de las elecciones.
En la misma época, otro informe, El estado de la democracia en las Américas 2021, decía que la mayoría de los países de América Latina y el Caribe presentan un desempeño democrático de nivel medio, a excepción de cuatro de ellos que presentan un desempeño bajo, entre ellos estaba Paraguay, además de El Salvador, Guatemala y Jamaica.
Ambos reportes ponían el acento en lo referente a gobierno representativo e igualdad de género, ítems en los que nuestro país mostraba un gran estancamiento, destacando la baja participación de mujeres en los espacios legislativos.
Dice la Constitución Nacional que el pueblo ejerce el poder público por medio del sufragio; y el problema surge cuando ese pueblo comienza a descreer en la importancia de su rol y sobre todo de la necesidad y valor del sufragio.
Esta suerte de apatía es, sin dudas, un signo de alarma. La falta de entusiasmo, o la sola idea de que un voto no cambia el estado de la situación debe ser un llamado de atención para la clase política, ya que supone dudar en el mismo sistema democrático.
Por tanto, la responsabilidad recae en la misma clase política, no solamente para que motive al electorado, sino sobre todo para que revise sus prácticas y reflexione el porqué del desinterés del ciudadano.
Es importante recordar que la calidad de las democracias está muy cercanamente relacionada con la calidad de la participación de los ciudadanos en los procesos políticos. El artículo 117 de la Constitución Nacional, el que se refiere a los derechos políticos, señala que todos los ciudadanos, sin distinción de sexo, tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes, en la forma que determine la Constitución y las leyes. Sin embargo, a pesar de que la participación constituye un derecho político, no es ejercido con mucha fuerza en nuestro país.
Las elecciones municipales de mañana domingo son, por esa razón, un enorme desafío.
Será una jornada propicia para que paraguayas y paraguayos acudan libremente a ejercer su derecho al sufragio. Libremente, sin presiones, dejando de lado –esperamos– las viejas y nefastas prácticas del arreo y de la compra de votos a la que nos tienen acostumbrados los politiqueros.
Porque son entre otros motivos, este tipo de prácticas, las que justamente causan el descreimiento en el sistema por parte de la ciudadanía.
Al mismo tiempo, las promesas vacías, lanzadas en la euforia de una campaña donde abundan sonrisas y abrazos de los candidatos a intendentes y concejales, para luego comprobar en la vida cotidiana que nada de lo prometido se cumple y la vida de la gente no ha mejorado, porque la gente no vive mejor, es otra de las razones para que la gente sienta la profunda indiferencia en la democracia, y en que un voto no cambiará su realidad.
Decíamos que la participación es un derecho, pero también debe ser vista como una responsabilidad ciudadana. Es muy importante que el ciudadano entienda que la participación no se limita al voto, sino que va mucho más allá.
El ciudadano que elige un intendente y 24 concejales cada cinco años, y tiene la posibilidad, antes de emitir su voto, de evaluar la gestión de estas personas; tiene la posibilidad de examinar el trabajo que han hecho y si esta labor ha sido beneficiosa para la comunidad, para los vecinos. Porque ese es precisamente el poder del voto.
Si las promesas no se cumplieron, el ciudadano puede castigar. Si la gestión ha sido satisfactoria, el ciudadano puede premiar. Y es fundamental que recuerde que la participación no acaba el día de las elecciones, que debe controlar la gestión de su intendente y de sus concejales, pues eso también es participar y construir democracia.