La comunidad católica de Caacupé celebra cada 8 de septiembre la Natividad de la Virgen María, una fecha que tiene un significado particular para la capital de Cordillera y que, por tradición, se conmemora con la fiesta patronal en este mes y no el 8 de diciembre.
La celebración en esta fecha se inició años atrás a pedido de la Pastoral Parroquial, con el objetivo de facilitar la participación de la feligresía, considerando que durante la gran fiesta mariana de diciembre muchos pobladores deben cumplir con sus actividades laborales.
Por la importancia de la jornada para la comunidad, la Municipalidad de Caacupé estableció un asueto distrital para permitir la participación de los pobladores en las actividades religiosas.
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La misa fue presidida por monseñor Ricardo Valenzuela, quien aprovechó la celebración para plantear un mensaje que trascendió la devoción mariana y puso el foco en la realidad social, la convivencia y la responsabilidad de cada persona con su prójimo.
A partir del relato de la Visitación de María a su prima Isabel, el obispo presentó a la Virgen como modelo de una fe que sale al encuentro del otro. “El viaje de María es un auténtico viaje misionero”, afirmó. “Se nos pide salir de nosotros mismos y de los lugares de nuestra seguridad para ir hacia los demás, a lugares y ámbitos distintos”.
Valenzuela sostuvo que ese llamado cobra especial importancia en una sociedad donde, según señaló, se perdieron gestos básicos de humanidad y cercanía.
“Tenemos que saludar. Es un ser humano, es un prójimo, es un Jesús que está pasando ahí”, expresó, al cuestionar la indiferencia que muchas veces se instala en las relaciones cotidianas.
El obispo pidió recuperar también la capacidad de acompañar a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. “Ofrecer cercanía afectuosa, ayuda concreta y todas las atenciones cotidianas”, señaló.
En ese sentido, recordó que detrás de determinadas conductas de niños y jóvenes puede existir una necesidad de afecto que no siempre es percibida por los adultos. “Cuando hay una rebeldía, siempre existe una causa”, manifestó. “Quiero que me des afecto, quiero cariño, quiero tu abrazo”, expresó como ejemplo de aquello que muchas veces una persona necesita comunicar.
El mensaje de la homilía también alcanzó a la situación de la sociedad y a la necesidad de recuperar valores que permitan una convivencia pacífica. “Algo está fallando y algo tenemos que tratar de aportar, por lo menos comenzar con las oraciones”, afirmó Valenzuela, al referirse a los momentos difíciles que atraviesa la sociedad.
“La verdad, la justicia, la libertad y el amor” fueron señalados por el obispo como pilares fundamentales de una convivencia ordenada y pacífica.
Insistió en que la responsabilidad no corresponde únicamente a quienes ejercen determinadas funciones dentro de la Iglesia, sino a todos los bautizados y confirmados.
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“A nosotros se nos ha confiado esta extraordinaria responsabilidad”, afirmó, al instar a los fieles a llevar la fe más allá del templo y traducirla en acciones concretas dentro de sus comunidades.
Durante la celebración, la Parroquia Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé presentó además una nueva imagen renovada del templo, como parte de la jornada dedicada a la Madre.
Al finalizar, Valenzuela dejó a los presentes una pregunta concreta para llevar el mensaje a la vida diaria: “¿A quién yo le puedo ayudar inmediatamente?”.
“Hacé eso y cómo te va a alegrar el corazón”, concluyó, invitando a que la celebración de María se traduzca en gestos concretos de solidaridad, afecto y compromiso con los demás.