ALTO PARANÁ
El distrito de Ñacunday, al sur del Departamento de Alto Paraná, decidió dar un paso firme para dejar atrás años de aislamiento y precariedad vial. La Municipalidad aprobó la contratación de una deuda de G. 1.500 millones con el objetivo de iniciar la construcción de 3,5 km de empedrado en el camino que conduce hacia el acceso principal del Parque Nacional Ñacunday. La obra es considerada por las autoridades locales como una decisión largamente postergada y necesaria para que la zona pueda, finalmente, explotar su enorme potencial turístico.
El intendente Rafael Ramírez explicó que la gestión para lograr un camino de todo tiempo se realizó ante distintos organismos del Estado, sin obtener respuestas concretas. Señaló que ante la falta de apoyo externo, el Municipio optó por asumir el costo con recursos propios y un préstamo, con apoyo de la Junta Municipal, que será pagado durante los próximos años.
Afirmó que la construcción no cubrirá completamente el trayecto hasta el portón del parque, pero permitirá un avance significativo y una mejora inmediata para quienes visiten la zona. Añadió que, en la actualidad, cualquier amenaza de lluvia obliga a los turistas a retirarse antes de que los caminos de tierra queden imposibles de transitar.
Los pobladores coinciden en que el clima condiciona severamente la actividad turística y la rutina diaria. Cuando el suelo arcilloso se humedece, el tránsito se vuelve extremadamente difícil y, en algunos tramos, directamente imposible. Este problema se repite desde hace décadas, especialmente para quienes dependen del transporte de producción agrícola.
RIQUEZA NATURAL. A pesar de las dificultades, la zona es reconocida por su impresionante patrimonio natural. El Salto Ñacunday, con 43 metros de caída, es uno de los paisajes más emblemáticos del país y un atractivo que convoca a visitantes de todo el territorio. Sin embargo, lo que muchos desconocen es que el distrito alberga alrededor de veinte saltos de agua, algunos dentro del Parque Nacional y otros en propiedades privadas habilitadas para el turismo.
Entre ellos, se encuentran cascadas menos conocidas, pero igualmente llamativas como Kañy, Punta Yovay, Imperial, Torocua’i, así como Guaraní, Mina y Escondido. Para las autoridades locales, esta variedad constituye una de las principales fortalezas turísticas de Ñacunday y una oportunidad de crecimiento económico que hasta ahora no pudo desarrollarse por falta de conectividad adecuada.
El Parque Nacional Ñacunday ocupa poco más de dos mil hectáreas de Bosque Atlántico del Alto Paraná, una ecorregión de enorme valor ambiental y altamente amenazada. Fue creado en la década del setenta como Bosque Protector y posteriormente ampliado y establecido como parque nacional.
La normativa la elevó a la categoría de área protegida bajo dominio público en el año 2015. En su interior se conservan especies como el jaguarundi, el carpincho, el akuti sayju y diversas variedades de armadillos, además de una gran cantidad de aves entre las que se distinguen el surucua, el chiripepé, el tui chilin, las catitas y distintos tipos de tucanes y pájaros carpinteros. La presencia de estas especies convierte al área en un lugar de interés para el safari fotográfico y la observación de la fauna.
El parque está abierto todos los días desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, con tarifas accesibles para visitantes de distintas edades. Aún así, la llegada de turistas sigue siendo irregular debido a las dificultades del camino. Muchos visitantes que planean llegar hasta el salto se ven obligados a suspender su ingreso cuando el cielo amenaza tormenta.
Esta situación afecta directamente a potenciales emprendimientos turísticos en la zona, como posadas rurales, comedores, servicios de guiado, transporte interno y pequeños comercios, que podrían beneficiarse de un flujo constante de visitantes.