Desde el púlpito, el monseñor Ricardo Valenzuela lanzó un dardo a la conciencia. Su homilía se erigió en un gesto que buscó sacudir la comodidad.
Valenzuela refirió que el templo que Jesús purifica o debe purificar no es solo la estructura de piedra, sino el cuerpo vivo, y por extensión, el corazón individual, que es la raíz de toda nuestra crisis social, informó la corresponsal de Última Hora, Karina Gómez.
Valenzuela guió a los fieles a la introspección con una pregunta que esconde todo un examen de conciencia: “¿Se siente el Señor verdaderamente como en su casa, en mi vida?”, indagó.
Asimismo, manifestó que cada uno debe llevar dentro los frutos del espíritu santo para ser atractivo, siendo una persona amable, bondadosa y mansa con dominio de sí mismo.
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Señaló además que si el individuo permite que su templo interior se llene de ídolos como la codicia, el odio, los celos y esa costumbre dañina de murmurar, de criticar a los demás, se germinan la corrupción y el desorden colectivo.
El monseñor ofreció consuelo diciendo que Dios no viene a castigar, viene a limpiar con misericordia y delicadeza, quitando toda esa maldad, envidia, odio, rencor y codicia, pidiendo que se le abramos la puerta.
Al citar a San Agustín, Valenzuela advirtió que si las piedras no se amaran “nadie entraría en esa casa”, pues solo cuando los fieles son unidos en la caridad, unidos por el amor es que la congregación se vuelve la casa de Dios.
Por otro lado, criticó al mencionar que es terrible ver una iglesia con gente peleada, lo que considera el signo de contradicción más grande, que provoca dolor a la gente que llega en busca de paz y encuentra otra cosa.
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El monseñor compartió una anécdota en la que recordó a su madre, que era devota de la Virgen del Caacupé y le hacía leer las frases doradas del Ave María en las vigas del antiguo templo de Caacupé.
“Así comenzó mi historia de amor hacia la Virgen de Caacupé y ahora estoy acá; quién iba a pensar, así es la vida, así es Dios, así es María con nosotros, siempre nos lleva a la raíz, para que nunca te olvides”, manifestó.
“Hagamos realmente de nuestro corazón una morada del Señor, y así transformaremos esta nuestra sociedad”, acotó Valenzuela.