18 may. 2026

Más allá de la firma: Los desafíos ante el Acuerdo Mercosur-UE

Esta semana se da inicio a la vigencia del Acuerdo de Comercio entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE). Este paso concretiza más de un cuarto de siglo de complejas negociaciones para crear una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, abarcando a una población conjunta que supera los 700 millones de consumidores. Paraguay, para aprovechar esta oportunidad, necesita hacer cambios significativos a fin de que una mayor apertura comercial contribuya al desarrollo.

Uno de los desafíos más importantes es implementar sistemas de trazabilidad que abarquen y documenten toda la cadena de suministro, desde el origen geolocalizado hasta el puerto de embarque. Si bien hay avances en tal sentido gracias a la adopción de buenas prácticas, la homogenización de estas prácticas y su certificación internacional representan un costo de cumplimiento elevado.

Este costo amenaza con marginar el mercado a los pequeños y medianos emprendimientos si no existe un acompañamiento por parte del Estado en materia de transferencia de tecnología y financiamiento verde. No hay que olvidar que estos son los emprendimientos que crean empleos, pero enfrentan asimetrías de información, dificultades para acceder a crédito competitivo y carencias técnicas para comprender y cumplir con las normativas comerciales del viejo continente.

Además, Paraguay debe reforzar sustancialmente sus instituciones sanitarias y fitosanitarias para asegurar que las certificaciones emitidas gocen de una credibilidad incuestionable ante las autoridades europeas.

La matriz exportadora de Paraguay está fuertemente concentrada en productos agropecuarios, como la soja y la carne bovina, rubros que se encuentran bajo el escrutinio directo de las políticas ambientales y de consumo en Europa. El mercado europeo exige garantías verificables de que los productos importados no provienen de tierras deforestadas y de que cumplen con criterios de sostenibilidad ambiental y responsabilidad social.

El segundo desafío es la diversificación productiva. Paraguay corre el riesgo de que se consolide como un proveedor de materias primas para Europa, mientras se convierte en un importador neto de bienes manufacturados, vehículos y tecnología europea de alto valor agregado. El acuerdo establece la eliminación progresiva de aranceles mutuos; sin embargo, mientras que Paraguay ya exporta principalmente bienes primarios, la apertura de su mercado interno a la industria europea expondrá a la incipiente manufactura local a una competencia tecnológica superior.

El verdadero aprovechamiento se encuentra en avanzar en las cadenas de valor global. Paraguay necesita políticas industriales que fomenten la agroindustria, procesando sus materias primas localmente antes de su exportación. El abaratamiento de los bienes de capital y maquinaria europea, producto de la desgravación arancelaria debe ser capitalizado para modernizar el parque industrial nacional.

El desafío radica en mejorar la competitividad sistémica del país mediante la inversión en capital humano, la educación técnica y la innovación tecnológica, evitando que el libre comercio se traduzca en un estancamiento tecnológico o en la perpetuación de una economía vulnerable a los ciclos de precios de los commodities.

Para que los productos paraguayos logren penetrar el mercado europeo con precios competitivos frente a otras naciones agrícolas, el Estado paraguayo enfrenta la obligación de modernizar y optimizar drásticamente su infraestructura física.

El desafío estatal es traducir la complejidad del acuerdo en herramientas operativas y accesibles para los emprendedores locales. Las instituciones públicas deben asumir un liderazgo proactivo en materia de inteligencia comercial, identificando nichos de mercado como productos orgánicos certificados, especialidades alimenticias y manufactura y acompañar técnica y financieramente a las empresas en su proceso de internacionalización. Sin políticas públicas activas, el acuerdo terminará concentrando sus dividendos exclusivamente en las grandes empresas transnacionales que ya poseen las capacidades necesarias para operar a escala global, ampliando las brechas internas.

Más contenido de esta sección