El sistema tributario de un país constituye el instrumento principal mediante el cual el Estado obtiene los recursos para financiar bienes y servicios y es a la vez un mecanismo de redistribución del ingreso. En Paraguay, ambas funciones enfrentan límites estructurales. La presión tributaria se ubica en niveles bajos en comparación con cualquier país que se haya desarrollado; y la composición de la recaudación se sostiene en impuestos indirectos y en un número reducido de sectores económicos. Esto plantea interrogantes sobre la equidad del reparto de la carga fiscal.
La Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) informó que, al cierre del primer semestre de 2026, la presión tributaria del país se ubicaba en alrededor de 11,2% del producto interno bruto (PIB), cifra considerada baja desde cualquier criterio. Solo en la región los promedios rondan el 20% del PIB. Esta insuficiencia recaudatoria limita la capacidad del Estado paraguayo para financiar políticas sociales, infraestructura y servicios básicos, en un contexto en que persisten necesidades no cubiertas en todas estas áreas poniendo en riesgo la sostenibilidad del crecimiento. Los datos de la DNIT muestran, además, que la recaudación depende en gran medida del sector terciario de la economía. Entre enero y junio de 2026, el comercio aportó 25,7% del total recaudado por impuestos internos, la intermediación financiera 15,4% y los servicios a empresas 8,3%; estas tres actividades concentraron cerca de la mitad de los ingresos tributarios internos del período. Al sumar otros rubros de servicios –telecomunicaciones, servicios gubernamentales, servicios a los hogares, transporte y alquiler de viviendas–, el sector terciario explicó 71,1% de la recaudación tributaria interna del país.
En contraste, el sector secundario, integrado por la industria y la manufactura, aportó 21,3%, mientras que el sector primario –agricultura, ganadería, minería, actividad forestal y pesca– apenas representó 7,6% de lo recaudado.
Esta distribución resulta significativa porque el sector primario constituye una de las bases productivas y exportadoras centrales de la economía paraguaya.
Respecto a la composición por tipo de tributo, el impuesto al valor agregado (IVA) representó por sí solo 49,5% de toda la recaudación interna en el primer semestre de 2026. Esta composición no llama la atención. Si consideramos el año 2025 completo, tenemos que el IVA representó el 52% y al agregar otros impuestos indirectos como el impuesto selectivo al consumo y los impuestos sobre el comercio exterior, los impuestos indirectos terminan representando mas del 70% de las recaudaciones totales.
La concentración de la recaudación en el IVA y en otros impuestos indirectos plantea un problema de equidad conocido en la literatura de finanzas públicas. Los impuestos indirectos tienden a ser regresivos, en la medida en que las familias de menores ingresos destinan una proporción mayor de su presupuesto al consumo de bienes y servicios gravados, mientras que los hogares de mayores ingresos logran ahorrar e invertir una parte más alta de sus recursos, quedando esa porción fuera del alcance del tributo.
La combinación de baja presión tributaria, alta dependencia del IVA y participación reducida del sector primario en la recaudación configura un sistema en el que el esfuerzo fiscal recae de manera desproporcionada sobre el consumo, sostenido en gran parte por los sectores de comercio, finanzas y servicios.
Ampliar la recaudación mediante formalización y control puede aumentar el número de contribuyentes registrados, pero no modifica por sí solo la composición de la carga entre impuestos directos e indirectos. La discusión pendiente en Paraguay se refiere entonces no solo a cuánto se recauda, sino a quién soporta, en términos proporcionales al ingreso, el financiamiento del Estado.
Los datos disponibles para 2025 y 2026 confirman que el sistema tributario paraguayo continúa caracterizado por una presión fiscal reducida y una estructura de recaudación concentrada impuestos indirectos y en un número limitado de sectores económicos. Sin cambios en la estructura tributaria, se mantendrá el carácter regresivo del sistema a la vez de una baja recaudación, frente a las presiones cada vez mayores del pago de la deuda y de necesidades básicas como la de salud si solución.