13 abr. 2026

Más de 50 años elaborando pan dulce

Doña Alicia, lleva 54 años elaborando pan dulce y cada año recibe la ayuda de sus nietos, sobrinos e “hijos del corazón”, para preparar kilos y kilos del tradicional alimento navideño en menos de dos meses.

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Las nietas de doña Alicia van todas las tardes, luego del trabajo y son las encargadas de seguir los pasos de la abuela. Foto: Fabián Fleitas ÚH.

Saira Baruja / sbaruja@uhora.com.py @sairabaruja en Twitter

Un fuerte y agradable aroma a esencias y pan dulce recién horneado, daba la bienvenida a la Masitería Real, ubicada en el barrio Santo Domingo de Lambaré, sobre la calle Ponce León, esquina Virgen de Caacupé.

El termómetro marcaba los 37 ºC, que sumado al calor de los dos hornos encendidos a raja, no se sintieron tanto como el cálido saludo de Eustaquia Gómez, más conocida como doña Alicia, quien con un gesto de amabilidad y cariño, invitó a pasar y conocer más sobre la historia y la elaboración de su tradicional pan dulce.

Mi marido comenzó de la nada y le proveía de masa económica, pero de buena calidad, a varios colegios y escuelas de cocina de Asunción, eso fue en 1957", recordó doña Alicia mientras indicaba cómo se integran los ingredientes del preparado.

Prosiguió contando que la repartidora era ella y que todos los días, a las 02.00 ya estaba en pie para preparar las masas y luego salir a hacer las entregas, ya que, según indicó, contratar a un chofer no estaba dentro de las posibilidades económicas de la pareja que conformaba con don Luciano Houdín, a quien dio todo el mérito de los logros obtenidos en todos estos años.

Comentó que de a poco fueron ampliando el rubro con la elaboración de bocaditos dulces, salados y torta, lo que fue creciendo desde la habilitación de la primera línea telefónica en su casa, con lo que comenzó a recibir más pedidos.

“Mis hijos ya estaban grandecitos cuando nos mudamos y ya nos ayudaban”, dijo. Destacó también la ayuda de varias personas del barrio, que todos los días, entre el interés de conocer la receta y participar de la cocina, fueron creciendo con ella, considerándola como la “mamá guasu”.

“Mis nietos en su gran mayoría ya se casaron y son profesionales, pero igual vienen ayudarme y por eso es que no tengo a personas extrañas entre mis empleados, son todos sobrinos y nietos que crecieron conmigo”, expresó.

Cada kilo de pan dulce tradicional, con frutas y pasas de uva, tiene un precio de G. 20.000 por kilo y los precios van subiendo hasta llegar al más costoso, de G. 40.000 el kilo, el extra fino, que contiene un 50% de almendras y nueces.

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Aseguró que una de las principales y más importantes recetas es no agregar más bromato que el indicado solo para que el pan adquiera más volumen, “no hacer trampa”, advirtió, mientras resaltó que los productos de su elaboración contienen más huevo y utilizan manteca vegetal.

Durante los años fueron llegando al local de doña Alicia representantes de empresas y compradores mayoristas, quienes cada año, realizan sus pedidos para canastas navideñas y regalos.

“El año pasado en casi dos meses preparamos en total casi 2.000 kilos de pan dulce, para varios pedidos”, aseguró. Unas 100 familias comenzaron a llegar desde varios puntos del país, para comprar, como mínimo, 5 kilos del producto.

No obstante, dijo que las ganancias no son elevadas, adjudicando solo el 40% del monto total como “libre”. Aseveró que el precio de los ingredientes fue subiendo año tras año, y que esto hizo que los precios de sus productos vayan variando, sin embargo, la venta sigue siendo fluida.

Mientras que como parte del balance del 2013, contabilizó la entrega de dos mil kilos y todavía quedan pendientes la entrega de 1.300 kilos más.

Desde el fallecimiento de su compañero de vida, la fábrica solo se habilita entre noviembre y diciembre de cada año exclusivamente para la elaboración de pan dulce, ya que don Luciano era, como lo adjudicó su viuda, el experto en la elaboración de bocaditos finos y deliciosos, los elegidos por sus fieles clientes.

“Antes de morir él me dijo que siga con el trabajo hasta donde pueda nomás, y así lo hago, pero realmente sin la ayuda de mis hijos y toda mi familia no sé si iba a poder llegar hasta acá, porque ya estoy vieja, tengo 84 años y no sé si esto va seguir más tiempo”, lamentó.

Señaló que por su parte las principales misiones de su vida han sido cumplidas, ya que lo más importante era que sus hijos obtuvieran un título universitario “y hoy tengo a mis seis hijos como quiero, tengo un ingeniero civil, un docente, una trabajadora social, una psicóloga, una bioquímica y a mi compañerito de 54 años, que tiene síndrome de down, él es mi bebé grande”, dijo llena de orgullo.

En cuanto a lo sacrificado del trabajo de panadería, relató que “no hay lluvia, no hay sábados ni domingos y tampoco tenés que enfermarte”.

“Es un trabajo muy honrado y muy sacrificado y nuestros hijos aprendieron con el ejemplo que les dimos, todo se debe hacer honrada y responsablemente, y por lo visto, puede durar toda tu vida y llega un momento en que sentada ya esperás a los clientes, sin tener que ir hasta ellos”, concluye.

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