Por Patricia Benítez
Andrés (32) y Mercedes (29), dos habitantes de Asunción que en realidad no responden a estos nombres, coincidieron en el espacio cibernético a finales de marzo de 2007.
El encuentro fue casual. Él, en el sector administrativo de una empresa de telefonía celular; ella, en la recepción de una oficina pública. Ambos, en una comunidad virtual.
Él, en pareja y con un hijo, empezó el flirteo. Ella, casada desde hace 5 años, retrucó. Luego, lo usual. Intercambiaron direcciones electrónicas y “se encontraron” en el messenger.
Mercedes lo recuerda más o menos así: “Hablábamos de todo un poco. Yo le contaba de mi relación y él me hablaba de la suya. Después ya empezamos a “tirarnos galletitas"; nos decíamos: "¿Cuándo vamos a tomar un café?”.
Para Mercedes, chatear con Andrés era escapar un rato cada día de su desgastante y conflictiva relación de pareja.
“Yo estaba agotada, con ganas de divertirme y de sentirme deseada otra vez. Eso me impulsó a lanzarme a esa aventura”, recuerda.
El Observatorio Español de Internet, una especie de fiscal de la web, denomina cyberadulterio a este tipo de aventuras. Es decir, a la infidelidad que nace y crece online.
El cyberadúltero es una persona que no consolida su infidelidad hasta el plano presencial, pero que mantiene conversaciones y flirteos online con otras personas. Intercambia fotografías, comparte imágenes a través de la cámara web, e incluso mantiene sexo en línea.
En España, donde cerca de 18 millones de personas tienen conexión a internet en casa, el Observatorio acusó de adúlteros cibernéticos a unos 250.000 usuarios.
EL CONTACTO. El anonimato preponderante en internet facilita los affaires virtuales, mucho más que en escenarios presenciales, como bares o discotecas, indica el Observatorio. Esto porque en el cyberespacio se potencian las cualidades de los usuarios.
Este contacto indirecto beneficia especialmente a personas tímidas. Sin embargo, según la entidad, internet también actúa como un arma de doble filo: hace que personas extrovertidas se encierren para prolongar sus noches ante el chat.
EL ENCUENTRO. Internet ofrece una coartada perfecta para el infiel. En la casa, el usuario consuma el contacto mientras la pareja duerme, lee o mira la televisión.
En Paraguay, donde solo 3 de cada 100 personas posee conexión doméstica a internet, los amantes surgen en las oficinas o los cybers. Si bien en la web todo parece más divertido, hay que tener cuidado. La mentira es la sazón del romance.
Para usted, ¿qué es ser infiel?
“Primero, hay que entender el significado que tiene la infidelidad para cada persona”, dice al respecto la psicóloga Maura Villasanti. Es que para algunos el adulterio recién comienza cuando hay afecto involucrado. Para estas personas, mantener una relación recreativa sin compromiso afectivo no significa ser infiel.
Para otros, en cambio, el engaño existe cuando una persona habla más con otra, que con su pareja. “No hay cama, ni besos, ni siquiera abrazos, como sucede con personas que se reúnen a tomar café y a hablar de su vida por mucho tiempo, pero sin coito. Algunos pueden decir “a mí no me preocupa"; otros dicen “me siento tocado porque le cuenta a otra persona lo que a mí no me cuenta”, ejemplifica.
Personas más extremistas, encuentran infidelidad hasta en lo absurdo, agrega. “Para algunos el solo hecho de fantasear con otra persona, aunque sea Brad Pitt, ya es un signo de infidelidad”.
Y aunque la tecnología ayuda, un romance virtual está lejos de parecerse a uno presencial, indica la especialista. “Las cámaras y los parlantes ayudan, pero no es lo mismo que estar frente a frente. Aunque digan que están cuatro horas por día hablando, se pierde mucho en esa comunicación. Recién cuando se empieza a convivir, se ve el otro lado de la moneda. Y no siempre da gusto”.