15 abr. 2026

Los choques de oferta y la política monetaria

Cuando la inflación sube por factores externos que elevan los costos, el margen de maniobra de los bancos centrales se vuelve limitado.

Hace unos días, el reconocido economista Kenneth Rogoff advirtió que el mundo podría enfrentar el mayor choque estanflacionario en cinco décadas.

En términos simples, se trata de un aumento de la inflación acompañado por un menor crecimiento económico. Es lo que se conoce como choque de oferta: un evento inesperado que afecta inicialmente a los costos de producción.

Los choques de oferta se han vuelto recurrentes. Saliendo de la pandemia, fueron los problemas logísticos; luego, el conflicto entre Rusia y Ucrania; y ahora, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.

El último conflicto está generando una fuerte suba del precio del petróleo, de sus derivados y del gas. El precio internacional del petróleo (brent) subió más del 60% en el último año. La situación es especialmente relevante para los países importadores de combustibles.

Esto también afecta la producción de fertilizantes, lo que presiona al alza los precios de los alimentos. En consecuencia, el impacto podría extenderse a varios bienes y servicios de la canasta del índice de precios.

Además, se genera un efecto en el ingreso de los hogares. Con precios más altos de los combustibles y alimentos, el poder adquisitivo se reduce, lo que tiende a disminuir el consumo.

Y aunque el conflicto se resuelva de forma rápida, hay daños en las estructuras de la producción que tomaría tiempo recomponer.

Entonces, los mayores costos pueden derivar en un menor crecimiento económico mundial. Esto afectaría la demanda externa: los socios comerciales podrían comprar menos bienes y, por lo tanto, las exportaciones también podrían verse afectadas.

En el corto plazo, el choque eleva la inflación por el aumento de los costos. Pero, con el tiempo, la desaceleración económica resultante puede moderar esa presión inflacionaria. Un trabajo reciente del economista chileno Pablo García señala que esto es una consecuencia natural de un choque que presiona los precios y reduce el gasto.

El escenario es particularmente desafiante para los bancos centrales, cuya principal responsabilidad es la estabilidad de precios.

Si suben su tasa de política monetaria para contener la inflación, podrían afectar aún más el crecimiento económico, puesto que se encarece el financiamiento. Por otro lado, si no actúan, la inflación podría volverse persistente.

El grado de dificultad de este dilema depende en parte del mandato de los bancos centrales. Aquellos con objetivos de empleo y estabilidad de precios pueden tener mayor flexibilidad para tolerar desvíos temporales de la inflación. En cambio, los enfocados en la estabilidad de precios tienden a reaccionar con más firmeza.

En cualquier caso, la clave pasa por monitorear la intensidad y persistencia del choque externo, así como la tendencia inflacionaria y los efectos de segunda vuelta. Es decir, los aumentos de precios que se trasladan a otros bienes y servicios con el tiempo.

En este contexto, la prudencia debería guiar la gestión. El impacto inicial del choque es inevitable, pero lo importante es evitar que se traslade a las expectativas de inflación, lo que eventualmente podría requerir alguna acción del Banco Central. Esto para que los hogares y las empresas sigan tomando sus decisiones sobre la base de la meta inflacionaria.

Para eso, la comunicación será fundamental. Las autoridades monetarias deberían explicar la naturaleza externa del choque y su posible carácter en cuanto a la duración. Asimismo, reafirmar en todo momento su compromiso con la meta de inflación.

Finalmente, el desafío más importante es impedir que la inflación resultante del evento externo se vuelva un problema duradero y, para eso, la credibilidad es fundamental.

(*) Profesor universitario y economista jefe de Dende. Ex miembro titular del Directorio del Banco Central y ex viceministro de Economía.

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Seguidamente, se reproduce (con algunas adaptaciones) el texto de la ponencia presentada por el abogado Ricardo Daniel Sasiain Sosa en el marco del IX Seminario Internacional de Ética en el Gerenciamiento de la Salud realizada en la Ciudad del Vaticano. Ricardo Daniel Sasiain Sosa es abogado, docente universitario y comunicador paraguayo, con una reconocida trayectoria en los ámbitos jurídicos, empresariales y sociales. Se desempeña como docente en la Universidad Americana y, actualmente, es miembro suplente del Consejo de la Magistratura en representación de las universidades privadas.