13 jul 2026

Las negociaciones fallidas del reconocimiento por España de la Independencia paraguaya

Entre mayo y octubre de 1854, el Paraguay intentó por primera vez desde su independencia obtener el reconocimiento formal de España mediante un tratado de paz y amistad. La misión recayó en el general Francisco Solano López, quien la emprendió como parte de la gira diplomática y de compras que la legación paraguaya venía realizando por Europa desde que salió de Asunción el 12 de junio de 1853.

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Ángel Calderón de la Barca y Belgrano (1790-1861).

Foto: Find a Grave.

En febrero de 1854, estando en París, Francisco Solano López informó a Benito Varela, entonces ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay que postergaba su regreso porque la inminente guerra de Crimea entre Rusia, Francia e Inglaterra distraía a los gobiernos europeos de cualquier otro asunto. Decidió entonces aprovechar el tiempo para viajar a Italia “y concluir en aquella parte los objetos de que me hallo incumbido, lo mismo que en España”.

Ya en Turín, el 7 de marzo de 1854, envió a Varela un informe sobre la agitación política española: el Senado había formado una fuerte oposición al Ministerio, el Gobierno había desterrado a varios generales –entre ellos O’Donnell– a Canarias y Mallorca, y un regimiento se había sublevado en Zaragoza con su jefe a la cabeza, episodio que costó varias vidas. López advirtió a su gobierno que si sobrevenía “un cambio violento”, temía no poder cumplir la misión que se le había encomendado en la Corte de Madrid.

Tras cumplir gestiones en Turín (donde se despidió del rey Víctor Manuel II el 31 de marzo) y en Roma, López anunció el 3 de abril de 1854 que se dirigía a España para “concluir la misión” pendiente. Antes de llegar a Madrid, avisó desde Turín al Ministerio español, por conducto de su representante en esa Corte, que llevaba una misión especial ante Su Majestad Católica, y solicitó el correspondiente salvoconducto, que le fue concedido con instrucciones a las aduanas de Irún y Barcelona de recibirlo con las consideraciones debidas a su cargo.

López llegó a Madrid el 17 de mayo de 1854 y se alojó primero en el Hotel Vizcaína y luego en un apartamento de la calle San Jerónimo Nº 29. Ese mismo día anunció su llegada al primer secretario de Estado, Ángel Calderón de la Barca –porteño de nacimiento, de la familia Belgrano, a quien López describió como alguien “enteramente desconocido” en los asuntos americanos–, y solicitó día y hora para la primera visita, concedida para el 20 de mayo. En ese encuentro, Calderón le pidió que presentara un proyecto de tratado.

El 23 de mayo López entregó confidencialmente un proyecto que unificaba paz, amistad, comercio y navegación, siguiendo el modelo de los tratados ya firmados con Francia e Inglaterra. Calderón respondió que el tratado solo podía ser de paz y amistad, pues las Cortes españolas, por decreto del 4 de diciembre de 1836, únicamente habían autorizado a la reina a reconocer la independencia de las nuevas repúblicas americanas mediante tratados de esa naturaleza, dejando el comercio para negociaciones posteriores que requerían aprobación de las Cámaras. En ese mismo encuentro, según relata López con evidente indignación, Calderón sugirió en tono de broma que el Paraguay bien podría entregar a España “siquiera un millón de pesos” a cambio del reconocimiento; López respondió que su gobierno no estaba dispuesto a comprar el reconocimiento de su independencia.

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Ángel Calderón de la Barca y Belgrano (1790-1861).

Foto: Find a Grave.

López redactó entonces un nuevo proyecto, exclusivamente de paz y amistad, que entregó el 27 de mayo. España devolvió un contraproyecto el 29 de mayo, al que López respondió con observaciones y un tercer proyecto propio. El lunes 5 de junio recibió una nueva redacción española, sustancialmente igual al contraproyecto anterior, con diferencias menores. Ante la informalidad de las conferencias verbales, López decidió pasar el asunto a notas oficiales, iniciando así un intercambio epistolar formal –del que se conservan copias identificadas por letras y números– que se prolongó durante junio.

Los tres puntos de fondo fueron: primero, que en los artículos 1º y 2º, referidos a los territorios cedidos por la Corona española a la República, se especificara que dichos territorios comprendían ambas márgenes de los ríos Paraguay y Paraná –cuestión de peso en la disputa territorial paraguaya con la Confederación Argentina–; segundo, el artículo 8.º sobre nacionalidad, que permitía a los españoles naturalizados paraguayos y a sus hijos nacidos en el Paraguay recuperar la nacionalidad española, algo que López rechazó por contradecir el principio –vigente, señaló, también en la propia Constitución española de 1837– de que todo nacido en el territorio de una nación es súbdito de ella; y tercero, el artículo sobre aprehensión y entrega recíproca de marineros desertores, que López consideraba ajeno a un tratado de paz y amistad.

El 21 de junio de 1854, Calderón de la Barca cerró la discusión sobre nacionalidad mediante una nota verbal, negándose a la supresión que pedía López y remitiendo las demás cuestiones al director de Política del Ministerio, Jacinto de Albistur. López calificó ese procedimiento –cerrar una negociación con una nota verbal y convertir un punto secundario para España era sine qua non– de “inusitado, inconveniente y contra forma”, y contestó que, no pudiendo suscribir la exigencia sobre nacionalidad, resultaba inútil conferenciar con Albistur.

Dado que consideraba roto el negocio, López dispuso su salida de Madrid para el 27 de junio. En los días previos intervino Martínez de la Rosa, política y literariamente influyente en Madrid, quien había hablado con Calderón y lo encontró dispuesto a allanar las dificultades. En la entrevista del 26 de junio, Calderón aceptó finalmente la fórmula del artículo 12 del tratado hispano-venezolano en materia de nacionalidad, pero no cedió en la mención expresa de “ambas márgenes” de los ríos ni en la redacción del artículo sobre desertores. Ofreció que, una vez ratificado y canjeado el tratado, España entregaría explicaciones y documentos sobre los territorios; López objetó que esas explicaciones debían darse antes, no después de firmar. Pese a ello, Calderón propuso enviar a París, mediante el embajador español allí acreditado –el marqués de Viluma–, un tratado ya redactado y firmado con fecha 25 de junio, para que López lo examinara y firmara o lo consultara previamente con su gobierno. López pidió en cambio que se autorizara al propio Viluma a negociar en París, dejando claro desde ya su desacuerdo con los artículos de secuestros y territorios; Calderón se negó. Así, según las propias palabras de López en su informe del 5 de junio (fechado ya de regreso en París) y en el informe posterior del 7 de agosto de 1854, “así ha concluido este negocio”, aunque con una débil esperanza puesta en la mediación de Viluma.

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En 1854, el Paraguay intentó por primera vez desde su independencia obtener el reconocimiento formal de España mediante un tratado de paz y amistad. La misión recayó en el general Francisco Solano López.

Imagen: Litografía, Folio suelto, Madrid, ca. 1860. Imagoteca.com

Pocas horas después de que López abandonara Madrid, estalló allí el movimiento revolucionario del 28 de junio de 1854 (la Vicalvarada), que derribó al Ministerio Sartorius: sus principales miembros se fugaron u ocultaron, y la reina Isabel II debió entregar el gobierno a los jefes del movimiento tras combates que costaron, según López, “mucha sangre”. En su despacho del 7 de agosto de 1854, escrito desde París, López relató que a los pocos días de su llegada a esa capital el marqués de Viluma le había transmitido un nuevo proyecto de tratado –ya conforme con las modificaciones que él había exigido– acompañado de una declaración sobre entrega de desertores que consideró “de todo punto inadmisible”. Como Viluma no estaba autorizado a concluir el tratado y la caída del Ministerio Sartorius parecía inminente, López aprovechó un viaje a Inglaterra para dilatar su respuesta y observar el curso de los acontecimientos españoles.

La correspondencia oficial publicada en El Semanario de Avisos y Conocimientos Útiles del 30 de diciembre de 1854 (N.º 77) permite fechar el desenlace con precisión. El 30 de agosto de 1854, ya bajo el nuevo gobierno surgido de la revolución, la cancillería española –con Calderón de la Barca aún en el cargo según esa fuente– insistió en mantener la cláusula de desertores como condición del tratado. Poco después, con J. F. Pacheco al frente de la Primera Secretaría de Estado, España cedió: en nota fechada en Madrid el 7 de octubre de 1854, Pacheco comunicó a López que su gobierno ya no exigiría la firma simultánea de esa declaración, e invitó a López a volver a Madrid para cerrar el tratado. López explica en su propio relato que dudó de la conveniencia de ese viaje ante la inestabilidad del gabinete español, temiendo verse retenido por un nuevo cambio ministerial mientras el buque de guerra paraguayo Tacuarí generaba gastos inútiles en la espera.

En su respuesta, fechada en París el 16 de octubre de 1854, López explicó a Pacheco que ya había dispuesto todo para su regreso a América: había pedido audiencia a Napoleón III para presentar su carta revocatoria y despedirse, y había hecho traer a Burdeos el Tacuarí para zarpar hacia el Paraguay. Le resultaba “absolutamente imposible” volver a Madrid, y propuso en cambio que la reina confiriera plenos poderes a su ministro en París para firmar allí en los pocos días que aún tenía disponibles. Añadió que el proyecto que Calderón de la Barca había remitido tiempo atrás a Viluma “seguramente hubiera sido convertido en Tratado, y firmado” de no haberse insistido en la cláusula de desertores.

No hay constancia de que España aceptara esa fórmula ni de que el tratado se firmara en 1854. El Tacuarí zarpó de Burdeos el 11 de noviembre de 1854 y llegó a Asunción el 21 de enero de 1855, con la legación de regreso y sin el reconocimiento español formalizado en un instrumento bilateral. El diario de viaje del teniente Rómulo José Yegros, edecán de la legación, resume la frustración de manera escueta en su entrada del 24 de junio de 1854: “El tratado con la España no tuvo efecto, por obstáculos puestos por el plenipotenciario de ella”.
El reconocimiento español de la independencia paraguaya que Francisco Solano López no logró cerrar en Madrid en 1854 solo se concretó veintiséis años más tarde, y no en Europa sino en la República Argentina. El tratado de reconocimiento, paz y amistad entre el Paraguay y España fue negociado en Buenos Aires y firmado el 10 de setiembre de 1880. Para llevarlo a cabo, el presidente de la República del Paraguay comisionó al ciudadano Carlos Saguier, que se desempeñaba entonces como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario paraguayo ante la Argentina, para que negociara y suscribiera el documento con el encargado de negocios de España acreditado en ese país. El tratado fue posteriormente sancionado con fuerza de ley por el Senado y la Cámara de Diputados del Paraguay.

Fuentes

  • Francisco Solano López, correspondencia diplomática compilada en Con la Rúbrica del Mariscal (despachos a Benito Varela, Mariano González y José Falcón, ministros de Relaciones Exteriores del Paraguay; París, 22 de febrero, 7 de marzo, 3 de abril, 5 de junio y 7 de agosto de 1854; y respuesta a J. F. Pacheco, París, 16 de octubre de 1854).
  • Rómulo José Yegros, Diario de viaje a Europa (1853-1854), entradas de mayo-junio de 1854 (Barcelona, Madrid, Aranjuez).
  • El Semanario de Avisos y Conocimientos Útiles, Asunción, sábado 30 de diciembre de 1854, N.º 77: Corte de Madrid. Algunos artículos y oficios cambiados sobre la nacionalidad en los proyectos de tratado entre el Paraguay y la España (incluye las notas de Ángel Calderón de la Barca del 21 de junio de 1854, de J. F. Pacheco del 7 de octubre de 1854, y de Francisco Solano López del 16 de octubre de 1854).
  • Tratado de Reconocimiento, Paz y Amistad entre la República del Paraguay y España, firmado en Buenos Aires el 10 de setiembre de 1880 (negociado por Carlos Saguier, ministro plenipotenciario del Paraguay en Argentina).
Investigador.
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