La poeta uruguaya es una de las voces más profundas e intensas de la literatura latinoamericana, integrante fundamental de la Generación del 45. Su obra explora el amor, la pérdida y la fugacidad de la existencia con una honestidad poco frecuente.
En algunas ocasiones, el mapa literario del Uruguay suele resumirse en dos o tres nombres fundamentales: Mario Benedetti, Eduardo Galeano, quizás Juan Carlos Onetti. Por eso, descubrir verdaderamente a Idea Vilariño refleja la sorpresa de quien encuentra un faro en la oscuridad. “Inútil decir más. Nombrar alcanza”, escribió en uno de sus poemas, y la frase funciona como un anticipo de su escritura: Sencilla pero profunda y desgarradora.
Vilariño fue una poeta, ensayista, docente, traductora y crítica literaria. Su padre, Leandro Vilariño, que también escribía versos, era anarquista y llamó a sus hijos con nombres poéticos: Alma, Idea, Poema, Azul y Numen, además de inculcarles el interés por la cultura.
Nació el 18 de agosto de 1920 en Montevideo y su juventud estuvo marcada por experiencias muy dolorosas, entre ellas la muerte temprana de sus padres y su hermano Azul. Esto se suma a una salud frágil con problemas de la piel y respiratorios, que van influyendo en su manera de ver y sentir el mundo.
El amor, la muerte y la soledad son temas ineludibles en la obra de Idea. Su poesía utiliza un lenguaje cotidiano, despojado y preciso, capaz de expresar el dolor sin adornarlo.
En 1945 publicó su primer libro La suplicante. En 1947 tuvo un rol fundamental en el nacimiento de la revista histórica Clinamen, junto a Ángel Rama, Ida Vitale, entre otros. Colaboró en el semanario Marcha y, posteriormente, participó en la fundación de la prestigiosa revista Número.
En el documental dirigido por Mario Jacob, dijo que tal vez podía mentir en la vida real, pero no en un poema. “No hay una palabra, no hay un verso, una línea, nada en que yo pueda mentir. Puedo mentir de pronto en la vida real, pero no en un poema”. Aseguró que la década del 50 fue para ella fundamental en muchas cosas. Empezó la enseñanza, la militancia política, se enamoró de Onetti. “Lo único que puedo decir con toda la sinceridad del mundo: Es el último hombre de quien debía enamorarme. Era todo lo que yo no debía amar”, confesó. Idea es recordada por su sobrina, Elena Vilariño, en el documental de TV Ciudad, como una mujer muy coqueta y también muy atenta. Por otro lado, mencionó que era una mujer muy exigente en muchos aspectos y la consideró siempre una mujer valiente en todos los sentidos. “Podía ser bastante despótica con respecto a otros intelectuales”, refirió.
Dijo, además, que con todo el dramatismo de su poesía, Idea también era muy graciosa. “Era un mono. Nadie se puede imaginar lo que yo me he reído con esa mujer hasta desternillarse de risa. Tenía una gracia especial y esa faceta no mucha gente la conoce”, enfatizó.
Por su parte, Ana Inés Larre Borges, crítica literaria y escritora uruguaya, señaló que no hay grandes metáforas en la poesía de Idea Vilariño. Todo se va tejiendo con un decir muy cercano a la poesía de los tangos, que también estudió. “Es una forma de hacer poesía política que tiene Idea y que es muy particular. En ella conviven esa pulsión de muerte con una sensualidad y amor por la naturaleza. Es una de las contradicciones que viven en ella. La pulsión del suicidio le duró toda la vida. Fue de esas suicidas que no se matan”, sostuvo.
Idea murió el 28 de abril de 2009 y, en su último testamento, encargó a Ana Inés administrar sus papeles y su obra.
Idea y la música
Otra faceta de Idea es la vinculada a la música. Varias canciones conocidas son letra de Idea, por ejemplo “Tendrías que llegar”, “Los Orientales” y “Cada vez”, de Los Olimareños. También están “La canción y el poema”, de Alfredo Zitarrosa, y “A una paloma”, de Daniel Viglietti.
Reconoció que a ella le han provocado las emociones más grandes escuchar sus canciones como cosas anónimas, pero que se canta por ahí. “Muchas veces aparece la canción Los Orientales como cortina de una cuestión política. Nunca sentí tanta emoción como cuando Los Olimareños la cantaron en el estadio. Era una noche de lluvia y toda la gente la coreó, pero con el estadio lleno totalmente. No importaba que fuera o no mía, pero la emoción que tuve esa noche no la he tenido con ningún poema”, afirmó.
Vilariño no solo escribió letras de canciones que marcaron, también fue inspiración. El músico Gabriel Peluffo, vocalista de una de las bandas más emblemáticas e históricas del rock uruguayo, Buitres, contó en el documental de TV Ciudad que hizo el tema Es decir, en honor a la poeta. “A Idea nunca la vi personalmente, pero tuve la oportunidad de hacerlo. Me invitaron a un evento que había en Piriápolis y creo que puse todas las excusas terrenales para no concurrir. Tenía miedo de que le dijeran que era un cantante de rock que había escrito una letra y no le gustara. Era muy probable”, agregó.
Por su parte, en 2019 Julieta Venegas ofreció un concierto íntimo en Barcelona donde se presentó completamente sola en el escenario, acompañada únicamente por su piano y dos guitarras. Durante esa noche, interpretó por primera vez en vivo el poema Sola, de Idea Vilariño, el cual musicalizó.
Amor para la historia de la literatura
Tal como lo dijo Larre Borges, la relación de Idea y Juan Carlos Onetti pasó de ser un episodio en sus vidas a ser una especie de mito porque era el gran escritor y la gran poeta de la generación. “Fue un amor importante. No sé si fue el más importante –no sé cómo se miden los amores importantes–, pero sí fue el que ella eligió como el más importante”. Durante muchos años su comunicación fue a través de cartas y esas cartas entre Idea y Onetti se custodian en la Biblioteca Nacional de Uruguay. “En los comienzos, en nuestras grandes discusiones me llegó a decir más de una vez que yo no lo quería, que no sentía que yo lo quisiera. Él creía que yo estaba creando un amor para la historia de la literatura. Era tan imposible como eso, no podés hacer eso cuando estás queriendo tanto y escribiendo las barbaridades que yo he escrito para él”, manifestó Idea sobre Onetti
El escritor se casó con Dorothea Muhr. En 1954, le dedicó Los adioses. Ella le respondió con Poemas de amor, cuya segunda edición, de 1958, incluyó uno de los poemas más bonitos y emblemáticos de su obra: Ya no.
Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
“¿Cómo podés decir que la persona que escribe eso tuvo un amor intelectual? Nunca supe bien quién era él y tampoco sé si otros llegaron a conocerlo. No me conoce a mí, no me conoció nunca y ese desconocimiento mutiló, falseó y podría decir que empobreció una relación que pudo ser seria y entera, y no lo fue”, dijo en una entrevista bajo la dirección de Juan José Mugni.
Pero esa resultó no ser la despedida. Idea escribió varios poemas de Adiós ya que se alejaron varias veces a lo largo de más de diez años, pero siempre volvieron a buscarse. Así, hasta 1961, cuando se produjo el quiebre real.
Solo volvieron a verse en 1974 cuando Onetti fue hospitalizado y pensaron que se moría. Idea entró a la habitación y el escritor estaba acompañado por su esposa, Dorothea, quien les dejó solos. “Me levanté y quise tocarlo, tocar su mejilla con la mía. Apenas llegaba a él cuando me agarró con un vigor desesperado y me besó con el beso más grande, más tremendo que me hayan dado, que me vayan a dar nunca, y apenas comenzó su beso, sollozó, empezó a sollozar por detrás de aquel beso, después del cual debí morirme”, había dicho.
Idea se casó una sola vez, en 1975, con Jorge Liberati. Compartieron proyectos laborales, incluyendo trabajos de traducción y la elaboración de manuales de literatura por más de una década.
Amistad con Benedetti
Ambos nacieron en Uruguay en 1920 y durante más de 50 años intercambiaron cartas, opiniones literarias y críticas. Se trata de una correspondencia muy voluminosa que comienza en la década de 1950 y se extiende hasta 2009, la cual permite también seguir el diálogo intelectual de dos de las voces más influyentes de la literatura uruguaya e iberoamericana.
En una de las tantas cartas que intercambió con el escritor de La Tregua, le dijo que nada es eterno. “No son obsesiones, son certezas que las cosas son a término. Que la fugacidad es algo a tener en cuenta y que todo se acaba: El amor, la vida, el mundo”, expresó.
En otra carta, le confesó a Mario que su último libro no le había gustado. “No sé cómo decirte que no me gustó (…). Tengo un problema con este libro y te lo digo. No quería dejar de escribirte y, a la vez, no podía dejar de decirte lo que pensaba. Siempre lo hicimos así, aunque tú has sido tanto más generoso y delicado con mis cosas. Supongo que sos un gran tipo”, escribió.
Atravesada por la soledad, el dolor, el amor y el desamor, la poesía de Vilariño no busca agradar sino la verdad. Meses después de haberme sumergido en sus textos, queda la certeza de estar ante una de las voces más intensas de América Latina. Nombrarla, al final, alcanza para agradecerle el hallazgo.