22 ago 2026

Observaciones sobre el asunto del cañón Cristiano

cañon criollo.jpg

El cañón Criollo, en la Plaza de la Victoria, en Asunción; junto a este se encuentra el cañón Akã Vera.

Al parecer el Brasil devolverá el cañón Cristiano, construido con el metal de las campanas de varias iglesias durante la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. Según la información, el presidente Lula –reunido con los comandantes militares y el ministro de Defensa– decidió devolver a Paraguay el cañón. El artefacto de 12 toneladas, sin embargo, posee una protección legal del Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional de ese país, y para ser devuelto será necesario levantar dicha atribución legal.

Aprovechando el debate que se ha generado alrededor del cañón Cristiano, es oportuno referirnos a la historia de su construcción, y también a la actuación que tuvo este durante la guerra.

El cañón fue fundido y trabajado mecánicamente en 1867, entre La Rosada donde se fundieron las campanas de las iglesias paraguayas y el arsenal de Asunción, llegando al frente de operaciones entre julio y agosto de 1867.

El diario Cabichuí se refirió al asunto relatando el debut del Cristiano en agosto, con las típicas inexactitudes o exageraciones de un periódico de guerra que no intentaba siquiera corroborar la información que se recibía, pues la intención era la de mantener alta la moral de la tropa y no brindar información fidedigna.

El Cabichuí publicó una acción sobre el vapor brasileño Barroso, que dice que fue objeto de sus primeros disparos cuando los jefes brasileños le ordenaron hacer observaciones a las posiciones paraguayas. ”Los confites que le arrojaron llegaron á él en número de siete; cuatro tocaron el casco, uno sin más ceremonia se metió por el portalón, otro en la chimenea y el último entró por la cubierta hasta su caldero, llamando á fuera el vapor; esto dejó sin acción la máquina, y se entregó á la corriente para volver á buscar á sus compañeros, que poniéndosele á los costados, lo condujeron al hospital donde se encuentra” (sic). Los detalles de los disparos son tan asombrosamente exactos que parecerían haber sido dados por los mismos brasileños a los redactores paraguayos. Pero la realidad fue un tanto distinta.

Consultada la obra del brasileño vizconde de Ouro Preto titulada A marimha d’outra’ora, del año 1894, podemos ver que la operación en agosto de 1867 –de la que habla Cabichuí–, no es una operación aislada de reconocimiento de un solo navío brasileño, se trata de nada menos que el forzamiento de las baterías costeras de Curupayty en el que tomaron parte más de media docena de buques imperiales el día 15, y no fue el Barroso el que recibió siete “confites”, sino que el vapor Tamandaré recibió un disparo con tal fortuna que afectó el condensador de su caldera lo que –ya sin presión– lo obligó a detener su marcha aun antes de pasar frente a la batería paraguaya y otros disparos más bien aflojaron parte de su cubierta reforzada con planchas de hierro sin comprometer su flotación, dos piezas de su artillería de a bordo fueron desmontadas y finalmente recibió el servicio de remolque de otro navío imperial (Silvado), que lo sacó del canal sin recibir daños.

El Tamandaré registró dos muertos, cuatro heridos graves, y 19 leves. Otro vapor brasileño, el Colombo, también sufrió daños en su caldera, pero siguió río arriba y logró pasar frente la batería de Curupayty para dirigirse a Humaitá.

En las memorias del coronel Juan C. Centurión puede leerse prácticamente lo mismo de lo que habla el vizconde de Ouro Preto sobre los daños del Tamandaré, pero Centurión no da referencia alguna al Cristiano y añade que la artillería paraguaya de Curupayty ”era enteramente impotente contra los buques acorazados” (p.14, versión Biblioteca Virtual).

¿Era el Cristiano el único cañón paraguayo de la batería costera de Curupayty? No, no lo era, había más y cualquiera pudo ser el autor de los daños registrados en los dos navíos brasileños.

¿Por qué Cabichuí relata tantos daños en que presenta como único vapor que hace un reconocimiento, dejándolo casi inutilizado, y tuvo que volver bastante apaleado con siete cañonazos metidos en su estructura por obra y gracia solo del Cristiano? Es simple, se debía demostrar que el cañón más emblemático del Ejército paraguayo, uno solo, detuvo en seco un intento brasileño de forzar el paso de su batería, pero la realidad es que, salvo el Tamandaré, toda la flota imperial pasó por enfrente de la batería costera de Curupayty sin mayores novedades que las señaladas, a pesar del furioso fuego de esa batería costera allí montada, y en la que se hallaba el Cristiano.

A la larga, el pasaje de Curupayty fue un éxito imperial y ello no podía ser socializado; fue otra muestra de que en Paraguay las derrotas se presentaban como victorias.

Conforme a nuestra fuente consultada, luego del pasaje de Curupayty, la flota imperial se ubicó arriba de ese lugar y por debajo de Humaitá con el siguiente orden: Cabral, Barroso, Bahía, Silvado, Colombo, Brasil, Tamandaré, Herval, Mariz e Barros.

Meses más tarde, en febrero de 1868, la escuadra brasileña vuelve a forzar otro paso, ahora el de la batería costera de Humaitá, donde López puso a toda la artillería paraguaya sacada de la batería costera de Curupayty, con ella también el Cristiano y, salvo error u omisión del articulista, no habría referencias bibliográficas de que este cañón haya tenido un rol preponderante en ese pasaje, de hecho, los tres navíos brasileños que intentaron el forzamiento, si bien recibieron varios impactos que no detuvieron su marcha, lograron pasar Humaitá y tres días después bombardearon Asunción por dos horas seguidas.

Y nunca más el Cristiano pudo actuar.

EL ABANDONO DEL CRISTIANO

Logrado ese pasaje de Humaitá en febrero de 1868, López, su familia, sus principales jefes y gran parte del ejército emprendieron la retirada del “cuadrilátero” los primeros días de marzo, dejando orden en Humaitá de mantener la plaza y demorar el avance aliado. En julio, el comandante de la fortaleza de Humaitá, el coronel Paulino Alen, solicitó autorización a López para abandonarla, pues las provisiones se habían acabado. López accedió al pedido, dándose orden de replegar la guarnición, enfermos y heridos y la población civil por el camino del Chaco; se abandonó la artillería pesada no sin antes “clavarla”, esto es, destruyéndola o lanzándola al río, y allí es cuando el cañón Cristiano tiene su epílogo, pues al día siguiente del abandono de Humaitá, el 25 de julio de 1868, los aliados –sin disparar un solo tiro– ingresan a Humaitá, encuentran el cañón semisumergido en un barranco del río donde lo tiraron y lo llevan a un corral de ganado, de donde más tarde lo sacan y lo mandan a Río de Janeiro (Burton).

Final poco feliz. El Cristiano nunca fue capturado por los aliados en una acción arriesgada, sencillamente lo encontraron tirado en una barranca, intacto, al menos por lo que vemos en las fotos del cañón en Río de Janeiro. No hubo ningún mérito de combate, ni en los brasileños que lo encontraron sin luchar, ni en los paraguayos que –abandonando Humaitá de noche– no impidieron que lo capturen. Un final sin pena ni gloria de un cañón tan caro a los afectos de los paraguayos, que fue más un símbolo patrio y religioso que un arma efectiva.

Ahora es cuestión de que no se repita el mismo final de la Guerra Guasu y termine como los otros cañones que alguna vez estuvieron abandonados, siendo víctima de vandalismo o usado como tendedero de ropa por la población que vive junto al río, que sube a las plazas del Cabildo en épocas de creciente.

* En la Plaza de la Victoria, detrás de la Cámara de Diputados, en Asunción, se puede visitar el cañón Criollo, que fuera hecho de ollas y campanas y sirvió en la batería de San Jerónimo desde donde defendió Asunción de la incursión y bombardeo de los acorazados brasileños en febrero de 1968. Junto a este se encuentra el cañón Akã Vera, de manufactura inglesa, adquirido durante el gobierno de Carlos Antonio López. Fue utilizado en Humaitá hasta que una explosión lo dejó dañado y fuera de servicio.

Ambos trofeos de guerra fueron devueltos por la República Argentina.

Obús cañon “El Cristiano” en el Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro.Foto Archivo.jpg

Obús cañon “El Cristiano” en el Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro.

Foto Archivo ÙH.

Más contenido de esta sección
Durante casi cuatro siglos, la historia tradicional sostuvo que Asunción había sido fundada el 15 de agosto de 1536. Esa fecha se repitió en crónicas, historias generales y obras de referencia hasta convertirse prácticamente en una verdad indiscutida, y hasta la fundación se atribuyó durante ese mismo tiempo a Juan de Ayolas.
El Mundial llegó a su fin y España fue un justo campeón. Sin embargo, el verdadero legado del torneo trasciende el resultado deportivo. Más allá de las tácticas, los jugadores y la emoción propia del fútbol, el campeonato volvió a poner de relieve problemas estructurales de gobernanza y derechos humanos que afectan a la FIFA y al fútbol mundial.