“En Tacumbú, con Veneratio no terminó el problema, sino que se fue modificando el drama y teniendo nuevas formas porque las indignidades continuaron y se incrementaron”, afirmó el abogado, Orlando Castillo, ex representante de Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP), experto en derechos humanos y sistema penitenciario. Esto, tras el último intento de motín en un sector más carenciado e inhumano del penal, donde colocan a los “olvidados”.
El experto explicó que lo que hizo Veneratio fue sacar a los líderes de una facción delictiva, pero sin aplicar una modificación real y profunda sobre las condiciones del encierro en Tacumbú. Incluso, en algunos aspectos empeoraron. “Si estas condiciones no mejoramos, el crimen organizado va a continuar. Y el crimen organizado no puede seguir siendo una excusa para no atender el problema de fondo”, puntualizó.
Además, refirió que los líderes de grupos surgen en un contexto de encierro por las condiciones de indignidad.
Aclaró que las indignidades en Tacumbú son la falta de garantía de alimentación, cama, sanitarios, audiencia, visitas de familiares y por el hecho de que deben pagar por todo.
Respecto a la alimentación de los presos, indicó que la comida es incomible y de pésima calidad. “Ahí se roba carne, se roban frutas, se roban verduras. Entonces, ¿qué es lo que hacen? Cocinan agua con un poco de verdura y con un poco de carne, le tiran fideos y a veces ni siquiera tiene sal”, refirió el experto en Derechos Humanos.
Motín. Respecto al último intento de motín, Castillo apuntó que la forma más fácil de tapar el problema de fondo es decir que el crimen organizado trató de generar la revuelta, para no tratar el verdadero malestar de la población penitenciaria.
“Ojo, existe, no digamos que no existe el crimen organizado, pero lo que no dicen es que la revuelta se genera porque no están garantizando derechos y encierro digno”, alertó. También manifestó que la situación real con los 350 reclusos de Rancho Alta, que quemaron colchones la semana pasada, fue una muestra de desesperación porque ven limitados la posibilidad de poder generar recursos para comer, debido a que la comida no les alcanza.
Esto tiene que ver con una prohibición de que los presos de ese sector salgan al pabellón de visitas, situación que muchas veces suele ser aprovechado por los internos para realizar alguna labor que les genere dinero, como el reciclaje de botellas de plásticos, un elemento bastante útil dentro del .
“Esa botella de plástico tiene dos funciones para ellos, les sirve como plato en algunos casos. Otra gente también venden para que le sirva de plato a otros, ya que en Tacumbú no hay platos”, indicó.
Inhumano. Sobre la existencia del denominado Rancho Alta o Camboya, anterior refugio de Armando Javier Rotela, Castillo mencionó que ese sitio es donde se llevan los olvidados. “Inhabitable, inhumano, nadie puede vivir ahí, la gente duerme en el piso, no tiene colchones, pone una frazada como colchón, ahí corre cloaca, eso hace que se llenen de caracha, de sarna, problemas de piel, frialdad, esto le da problemas de riñón, dolores de cuerpo, allí no hay camas, no hay baños para la cantidad de personas que hay, no hay ducha se bañan de un caño roto”, aseguró el abogado, sobre el inhumano encierro de los presos depositados en ese sector.
También puntualizó que en todas las penitenciarías existen los llamados pabellones Camboya o Calavera, donde son destinados para los presos olvidados.
Además, mencionó que la habilitación de Rancho Alta en Tacumbú fue para llevar a los pasilleros y a mucha gente que consume estupefacientes y que incluso tienen un consumo problemático de todo tipo de drogas.
Finalmente, Castillo deja como análisis de la realidad de que el crimen organizado siga en las cárceles “tan fuerte, campante, no solo en Tacumbú, sino en varias penitenciarías, está íntimamente ligado con la corrupción y con la falta de propuestas de trabajo y acciones por parte del Ministerio de Justicia”.
Refirió que no es solo abrir cárceles nuevas, sino donde ya existen cárceles, desarrollar políticas de reinserción y de dignificación del encierro.
“Se debe mejorar los espacios, distribuir bien a la población, que reciba alimento de calidad, que no les cobren por llevarle a su audiencia y disminuir los niveles de corrupción”, detalló.