Paraguay fue durante años un territorio donde “no pasa nada”; esa idea se manejaba en el oscuro mundo de la droga. Bajo esa premisa de absoluta impunidad, el uruguayo Sebastián Marset instaló en el país –según la acusación de la Fiscalía– el centro de operaciones de su red de narcotráfico internacional entre 2020 y 2021.
Hoy su estructura está en el foco de las autoridades paraguayas, que exponen una radiografía criminal aparentemente impecable: Un negocio transnacional que unió a las mafias boliviana y paraguaya para acopiar, esconder y exportar cantidades enormes de clorhidrato de cocaína a países de Europa y África.
LA RUTA INICIÓ EN EL AIRE. La ruta de la droga en Paraguay, inicia con avionetas de matrículas bolivianas, cargadas de droga, que cruzaban la frontera con Paraguay y hacían su aterrizaje en una pista clandestina en la complicidad de la Reserva Natural Cabrera-Timane, en Bahía Negra.
En ese corazón ecológico, la red también tenía un aeródromo sin autorización de la Dirección de Aeronáutica Civil (Dinac).
Luego de hacer la descarga de las sustancias, la estructura paraguaya tomaba el control de la logística, activando una ruta aérea interna coordinada por radios tierra-aire y liderado por el piloto Gilberto Sandoval, de acuerdo con lo que expone la Fiscalía.
El centro logístico donde se hacía el acopio principal era la estancia San Agustín, en el Departamento de Presidente Hayes, que aparece como propiedad de Hugo González Ramos (buscado por el operativo A Ultranza).
El inmueble contaba con un hangar y una pista clandestina estratégicamente rodeada por canales de agua, equipada con potentes reflectores para los aterrizajes nocturnos de las avionetas.
Desde este punto en el Chaco, la cocaína –bautizada internamente como “premio”– tenía dos destinos.
Una parte volaba a la estancia Agroganadera Nuevo Horizonte, en San Estanislao, propiedad de su principal aliado, Miguel Ángel Insfrán, alias Tío Rico. El resto era trasladado hacia el Departamento Central en camiones de gran porte de las firmas Porvenir SA y Barakah SRL, empresas fachadas de Insfrán.
En los depósitos urbanos, la droga era ocultada en cargas lícitas de harina de soja y cuero azul, que luego eran puestas en contenedores, los cuales finalmente salían hacia el exterior en barcos desde los puertos fluviales de Villeta.
Al menos cuatro embarques lograron filtrar 17.340 kilos de cocaína pura, burlando los controles de un país que les abrió las puertas.
El presunto líder de la estructura permanece preso en los EEUU
Sebastián Enrique Marset Cabrera (35) debe presentarse a su audiencia ante el juez federal de los Estados Unidos el próximo 1 de julio.
Se presume que podría llegar a un acuerdo con la Justicia para rebajar su pena.
Lo que se tiene en su contra es una acusación por conspiración de lavado de dinero, sin embargo, la Fiscalía analiza ampliar la acusación por más hechos.
Hasta ahora, lo que se sabe, es que la acusación ya presentada son por hechos ocurridos durante dos años aproximadamente, lavando dinero fuera de los Estados Unidos, específicamente América del Sur y Europa Occidental, pero usando el sistema financiero norteamericano.
Si es condenado por conspiración para cometer lavado de dinero, se enfrenta a una condena de 20 años de cárcel en los Estados Unidos, seguidos de tres años de libertad condicional supervisada.
Además, está la posibilidad de que sea multado con una cifr superior a USD 500.000.
PRUEBAS. La Fiscalía de los Estados Unidos ya colectó en total 22 GB de evidencias en contra de Marset, que equivaldría a 4 millones de páginas de texto, o 5.500 fotos de celular o 22.000 canciones en formato MP3, según informó el medio uruguayo.
La causa, incluso “comprende voluminosas comunicaciones electrónicas en idioma español y portugués, del imputado y de otras personas, obtenidas de servidores ubicados en el exterior”.
Sebastián Marset, luego de permanecer prófugo por varios años, fu detenido el pasado 13 de marzo en la localidad boliviana de Santa Cruz de la Sierra, de donde fue extraditado inmediatamente a los Estados Unidos.