Correo Semanal

La reforma universitaria de 1929

El plan de reforma fue impulsado en nuestro país por tres universitarios representativos.

Dr. Pedro Gamarra Doldán, Investigador


En un momento en que se expone con crudeza el retraso de nuestra actual universidad, en valores humanos y morales, cabe recordar cómo surgen las universidades en el mundo.

En la lejana Grecia, sus centros de estudio eran las Academias, de resonancia filosófica y literaria, que en alguna forma se trasladan al Imperio romano, en sí tan helenizado. Tras la caída del citado imperio, hubo que esperar la época en que el imperio franco de Carlomagno creara los liceos, una suerte de colegio secundario de nuestros días. La cultura renacía.

A partir del siglo XII, en Italia, luego en Francia, Países Bajos, el Imperio germánico, entre otros centros, surgen las universidades (centro universal de ideas, creencias y pensamiento), con tónica cultural establecida por la Iglesia Católica, preferentemente, y luego la decisión de los príncipes regionales. Las universidades así eran en el siglo XVI verdaderos centros de cultura, iconoclastia y pensamiento.

Pero la universidad contemporánea surge a partir del modelo napoleónico, en que el estado excluye a la Iglesia del claustro y la vuelve laica, hija de la Revolución francesa.

Pero si en las universidades europeas la designación oficial de sus maestros y elaboración de programas no tenía ataduras muy severas, en América Latina se volvió centro de protección del pensamiento conservador, generalmente, y sus cargos y sinecuras eran de los maestros vinculados al poder.

En Argentina, país profundamente evolucionado y fermentado en lo ideológico, en 1918, en la señorial Córdoba, surge el movimiento de la Reforma, que buscaba darle autonomía funcional, en ideas, programas y profesores. El gobierno argentino de Hipólito Irigoyen, propiamente sostuvo ese programa, que fue aceptado, y desde ese país se propagó enseguida al Uruguay, Chile, Perú, México y el resto del continente.

En el Paraguay, debe rendirse un homenaje a nuestra Universidad Nacional (1889), la última en surgir en América del Sur, pero que desde la promoción de sus primeros cuatro abogados (1893) se volvió generadora de brillantes universitarios, en un ambiente de póliza económica y desgaste demográfico, producto de la Guerra Grande (1864-1870).

La reforma en Paraguay

Primer egresado y mejor alumno fue, quien no, el Dr. Cecilio Báez, cuyo nombre puede decirse es casi la vida de la Universidad Nacional en sus primeros 50 años. El plan de reforma fue impulsado en nuestro país, por tres universitarios representativos y de alto vuelo, el Dr. Horacio Fernández, Dr. Salvador Villagra Mafiodo y el Dr. Óscar Creydt, figuras relevantes dentro de la ideología liberal, el primero; socioliberal el segundo y socialista el tercero.

La universidad entonces era respetuosa de las ideas. El Prof. Raúl Amaral y la Dra. Mari Monte, grandes estudiosos de nuestro principal centro de estudios, incluyen en ese grupo liminar, al Dr. Adriano Irala (reformista), el Dr. Juan Bautista Rivarola (humanista) y el Dr. Rafael Oddone (liberal progresista).

Así, el 25 de junio de 1929, por Ley 1048, suscripta por el presidente José P. Guggiari (1928-1932), daba mayoría de edad a nuestra universidad, que tenía entonces claro el significado de valores humanos, éticos, civiles y del compromiso del servicio a la cultura y a la patria.

La Universidad Nacional tendrá momentos altos, como en mayo de 1940, cuando condena la violación alemana a la neutralidad de Bélgica, Holanda y Luxemburgo en la Segunda Guerra Mundial. En 1945, siendo rector el Dr. Juan Boggino, se dirigió por nota él mismo, y todos los decanos universitarios, al entonces Pdte. Higinio Morínigo (1940-1948), solicitándole restablecer las libertades cívicas. El hecho les costó el cargo, pero dignificó aún más sus distinguidas vidas.

La Universidad Nacional fue intervenida en 1940 y luego en otra más extensa y dolorosa, en 1956/7, que expulsara a sus mejores hijos, y la volverá adicta al pensamiento del gobierno del Gral. Stroessner (1954-89), pero la universidad no fue doblegada en la mayoría de sus hijos.

El momento actual impone que la Universidad Nacional (y las universidades en general) vuelvan a sus fuentes: el pensamiento universal, la cátedra a los capaces, el impulso a la investigación libre y liberadora. Que se vuelva a la época en que la Universidad daba brillo al maestro pero también el maestro, por lo que era, transmitía ese destello al claustro. No quiero concluir este breve recorrido, sin recordad al Dr. Justo Prieto (1897-1982), tal vez, el estudioso que más ha profundizado respecto al compromiso de la universidad y del universitario, con la cultura y la sociedad.

Dejá tu comentario