Escribo el presente artículo fundado en testimonios y relatos históricos de sus protagonistas, algunos ya fallecidos. Es a propósito del debate sobre la reforma de la Caja Fiscal, necesaria, por cierto, desde todo punto de vista. Aclaro, no pretendo enfocarme ni desarrollarlo desde la perspectiva técnica, dicho debate junto con su carga argumentativa está suficientemente debatido en los medios de comunicación y en las redes sociales.
Lo mío será una sinopsis histórica con relación al salario militar y su trayectoria hasta nuestros días.
Antecedentes. Ubiquémonos en el tiempo y el espacio. Segunda mitad del siglo XX pasado. Desde el inicio de su gestión, el general Alfredo Stroessner se vio en la necesidad de consolidar su poder teniendo como uno de sus más sólidos cimientos el apoyo de las Fuerzas Armadas, su alma mater. Según testimonios históricos, el joven aspirante a cadete ingresa a la antigua Escuela Militar de Asunción el 1 de marzo de 1929 y conforme a sus propios dichos, quería elegir el arma de Ingeniería. No obstante, a la primera insinuación de los hermanos Zenón y Herminio Morínigo, cadetes más antiguos que lo recibieron y parientes del futuro presidente de la República general Higinio Morínigo, optó por el arma Artillería, dando muestra de su primera lección de pragmatismo. El joven Stroessner, un aplicado en las ciencias exactas, era bachiller graduado en Posadas, República Argentina. Apunte amable lector estas dos de sus virtudes: El hombre era pragmático y racional. Lógico, analítico y sistémico.
Veinticinco años después, en 1954, Stroessner asume la primera magistratura de un país agrícola y pastoril, que fundaba sus ingresos tributarios en la comercialización de las materias primas. La industria era casi inexistente. Fíjese, en este detalle, las características del Paraguay de 1954 eran parecidas a la España de 1492 (economías primarias y recolectoras) en síntesis, países poco industriosos. De infraestructura ni hablemos. Exportación de materias primas, comercio, contrabando secular desde tiempos coloniales y venta de tierras fiscales al capital extranjero, representaban nuestras fuentes de ingreso fiscal. Dicha realidad debió diseñar rápidamente en el joven dictador de 42 años, con rango de general de División, por entonces, la siguiente ecuación, ¿cómo sostener financieramente a la casta militar que lo mantendría en el poder? La decisión tomada por Stroessner en ese entonces tuvo su respuesta décadas después dentro del concepto estudiado hoy en políticas públicas conocido como la “bulimia legislativa”, que significa: Creación de cargos o puestos de trabajo sin presupuesto. Y he aquí que se produce un hecho administrativo notable que pinta el cuadro con notable precisión.
División fiscal y administrativa de la organización militar. ¿Qué hace entonces Stroessner? Conocedor del escenario que enfrentaba, divide el país las áreas de responsabilidad primero en Regiones Militares y luego en Cuerpos de Ejércitos, jurisdicciones a cargo de comandantes designados con poderes casi absolutos, que tenían por misión administrar los ingresos “extras” del cuerpo de oficiales y suboficiales. Allí, se produce la primera degradación del salario militar. Aquel personal “leal” podía acceder a puestos de control que no solamente le permitía una buena recaudación, sino además tierras y otros beneficios. Los oficiales de aquellas armas técnicas podían prestar servicios como profesionales remunerados en empresas públicas del Estado. Más o menos así se organizaba la cuestión.
Conclusión. La crisis actual de la Caja Fiscal implica o entraña un desafío interesante. Por su poder fáctico como grupo de presión social, contar con unas Fuerzas Armadas profesionales, bien remuneradas y competentes es primordial para nuestro país por la importancia superlativa que entraña la Defensa Nacional. La historia así nos lo demuestra. Particularmente, descreo que nuestras usinas binacionales y los impuestos a los agronegocios sean argumentos sólidos para endosarle su sostenimiento de manera directa. El caso debe ser mejor analizado.
Stroessner desconocía las resultas de la investigación del semipleno empleo laboral (plasmada en la obra El capital, de Karl Marx) aplicable a la profesión militar, en el que el trabajador aumentaba sus ingresos conforme a su productividad o a su tiempo de permanencia en los emporios o factorías. Dicha teoría establecía que el aumento de sus horas laborales es directamente proporcional a sus ingresos. Creo que la cosa iría por ahí. Las Fuerzas Armadas fueron siempre nido o fuente de creación de talento humano de alto perfil con aportes significativos para la sociedad científica. Por ejemplo, el recientemente fallecido ingeniero Félix Kanazawa era capitán retirado del arma de Comunicaciones.
Para que usted vea. Para entender el modo de construcción de la Caja Fiscal, hay que remitirse a la primera versión de Alfredo Stroessner, el joven.