07 feb. 2026

Che serviha

Siempre me llamaron la atención la desgarradora expresión de sentimientos ante la pérdida de un amor o un amor no correspondido, en la música paraguaya; y la belleza con que ensalza a la mujer amada. Entiendo que tiene mucho que ver con la forma de sentir, con una tendencia fuerte al melodrama y la fatalidad, del hombre de campo primordialmente. Sin embargo, si uno lo analiza un poquito notará rápidamente la total desconexión entre lo que dicen estas letras y la realidad cotidiana de las cosas del amor por estos parajes.

¿Cuál es la realidad? Lo que demuestra cotidianamente la realidad es mucho más severa que las simples melosas metáforas en guaraní que pretenden dar una imagen ideal de la amada: En un año casi un centenar de mujeres pasaron por el trauma de la violencia feminicida; de estas, treinta y siete no vivieron para contarlo.

Esto que se volvió un grave problema social, para los especialistas y autoridades del Gobierno es expresión de nuestra cultura machista, y hay que desmontarla atacándola con educación.

El machismo viene de casa, de una educación transmitida inclusive por las mujeres (madres, abuelas, etc.), cuyos hijos nacen y crecen creyendo que la mujer, cuando es pareja, es “che serviha”, que “arco ha kuña ñaha’ánte va’erã”, que “ndaipóri kuñangue”, que “che kuñangue che kuña jey”, etc.

Entrelazadas con las raíces de estas creencias populares vienen las típicas reacciones del tipo macho que no permite que una mujer lo deje, que no concibe una ruptura de pareja porque la mujer ya no quiere seguir con la relación, que “si no va a ser de él, no será de nadie más” y así el hombre machista llega a la violencia extrema del feminicidio.

Desmontar esta percepción ya normalizada de la mujer es el trabajo que se tiene por delante.

Uno de los fundamentos del machismo es que la mujer representa el sexo débil, que por eso no puede compararse con el varón ni ponerse en plano de igualdad, que debe cumplir el rol de género.

En la legislación no se reconoce la superioridad ni inferioridad de sexo, en ningún caso. Por tanto, es real aquello de que “somos todos iguales ante ley”.

En otro aspecto, la misma Constitución Nacional reconoce que nadie puede ser molestado por razones de creencias religiosas, de raza, de sexo, etc. Se entiende que ni por razones de que se acabó el amor. En este punto, es preciso aclarar que todo individuo, tanto hombres como mujeres, tiene lo que se entiende como la autonomía, la soberanía, la independencia y la libertad de elegir con quién hacer su vida. Esto es válido tanto para el hombre como para la mujer.

Así que, cuando la mujer dice se acabó, bueno, se acabó y punto. Está en su derecho de elegir la vida que quiere y no por eso debe correr el riesgo de que la golpeen o la hieran con armas blancas o de fuego hasta dejarla muerta y a sus hijos huérfanos. Esta es la reprogramación, recableado, reseteo, que la enseñanza debe procurar ejecutar en las mentes de los nuevos paraguayos.

Exceptuando a los solitarios, las demás personas buscan una pareja con quien compartir sus dichas y desdichas, su tiempo, su vida. Es natural. Sin embargo, llevar una vida de pareja es más que una simple relación de amistad o de vecinos con confianza; es construir futuro juntos.

¿Es posible que un sentimiento que al comienzo era de puro amor con el tiempo cambie y se convierta en rencor y odio hacia una misma persona?

No me cabe en el razonamiento, cómo una persona a quien decía amar y por quien sería capaz de hacer cosas increíbles que en condiciones normales no lo haría, con el tiempo y debido a los roces y desentendimientos propios de una pareja, nada fuera de lo ordinario, acabe sintiendo todo lo contrario y se vuelva capaz de causarle daño, el peor, que es quitarle la vida.

No lo entiendo.

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