28 feb. 2026

Para comenzar (y terminar) bien el año

Hoy vamos a hablar de filosofía personal y su relación con la economía y la política. Cuando tenemos que caminar un año, en este caso el 2026, es esencial saber a dónde queremos llegar. Una visión clara de destino, entendiendo cuál es la última realidad, lo más importante en la vida de cada uno (por ejemplo, qué quieres que diga en tu lápida)... todo eso nos ayuda a preparar la jornada y a considerar todos los aspectos para comenzar y, sobre todo, terminar bien el recorrido vital. Todos queremos iniciar un nuevo año definiendo objetivos que, por lo general, con el transcurrir de los días nosotros mismos nos encargamos de autosabotear.

El ciclo del discernimiento

El título de hoy me lo inspiró un conferencista de nacionalidad brasileña que acostumbra a dejar mensajes espectaculares, en especial, cuando uno quiere tomar decisiones trascendentales. Este nos convida, en vez de hacer solo objetivos materiales y egoístas, como suele ser, a rescatar el ciclo del discernimiento. A saber: Percepción, entusiasmo, rituales y gratitud.

Lo primero tiene que ver con la analogía del surfista. Este individuo no hace nada de esfuerzo visible y extraordinario, anda sigilosamente nadando sobre su tabla, nadie lo ve venir –como aquel que, según J. Durán Barba, puede llegar a ser el número uno– hasta que de pronto aparece como volando sobre las aguas. Al comienzo, mientras va nadando, todos sus sentidos solo buscan percibir dónde se está formando silenciosamente una ola robusta, a la cual le pueden seguir otras similares, que tengan energía, sobre las cuales él pueda erguirse hasta quedar bien parado, siempre en equilibrio, empujado por la corriente virtuosa que prevalece. En un país cristiano, para los creyentes, Dios define estas cosas, para eso algunos buscan saber cuáles son los planes de este para el 2026, en vez de confiar simplemente en la voluntad divina no solo para un año terrenal, sino en una ola para toda la eternidad. ¿Qué tal? Es claro que, para tener la disciplina del creyente maduro o del surfista experto, este individuo ya debió tener cerca de diez mil horas de práctica física, espiritual y mental que le permiten entender dónde está la jugada.

Siempre que comienza un nuevo año suelo hacer una evaluación de cómo anda la caminata, o las olas predominantes, con el Creador, con la familia, con los próximos que son nuestros compatriotas más desposeídos, y con los propósitos de vida con alta ambición y elevada moral, con las que siempre deberíamos guiar nuestras existencias que son tan limitadas. Algo superior a uno mismo, que trascienda a nuestra propia historia. Como dice Rutger Bregman en su libro Moral Ambition, best seller del 2025: “En estos tiempos de desperdicio, lo más importante es el talento echado a perder. Hay millones de personas en todo el mundo que podrían hacer del mismo un lugar mejor para vivir, pero no lo hacen; estamos hablando de personas que han tenido todas las oportunidades, las que tienen el poder de moldear sus propias carreras, pero se quedan atrapadas en trabajos estúpidos, inútiles o directamente dañinos para la sociedad en su conjunto”. Nos habla de que solo tenemos dos mil semanas de vida plena, activa y funcional, diez mil días u ochenta mil horas laborales para generar valor agregado genuino, yo diría, que transforme la realidad. Dejando de lado, claro, los estándares tradicionales de éxito.

El Paraguay busca gente que pueda combinar indignación moral, más laboriosidad investigativa con acción valiente y decidida. Un ejemplo que siempre me motiva es el de Martin Luther King. Este dijo que “nunca debemos ceder a ese tipo pasivo de paciencia que sirve como excusa para no hacer nada... aunque sepamos que el cambio social no sucederá de inmediato, debemos trabajar como si se tratara de una posibilidad inminente”.

Inconformista virtuoso

Hace más de setenta años, anoten esta cifra, King nos dijo que el inconformismo es en esencia una virtud. Para eso debemos ser diferentes. Solo así uno puede ser irremplazable como pieza clave para cambiar el “orden natural” que gobierna, por ejemplo, el Paraguay. No seguir a la manada, aunque por un momento parezca que te quedas solo en el camino contraintuitivo. Luego vendrán, cuando un nuevo tipo de éxito comience a aflorar. Todo aquel que se enrole en esta lucha es imprescindible para la nación. Bregman nos insiste en buscar el emprendedurismo altruista. King nos invita a tener un sueño, esculpiendo una piedra de esperanza en una montaña de desesperación. Yo les sugiero que se pregunten cómo nos mirarán a los paraguayos de hoy los historiadores del futuro, y nuestros hijos, y nuestros nietos, dentro de cincuenta a cien años. Como a unos cobardes que nos conformamos con un modelo de capitalismo de secuaces, que votaban a quienes malgastan o roban el dinero público, que aceptan la impunidad en la Justicia, y que no proveen de remedios ni salud pública de calidad dejando morir a los compatriotas y que abandonaron a la educación paraguaya para convertirlos, a nuestros descendientes, en unos perdedores en un mundo de alta tecnología manejado con inteligencia artificial. O, como unos valientes que no aceptaron la frase de “siempre ha sido así”, “todos son iguales”, que no se conformaron con la condena de “es la naturaleza humana y que no tenemos elección”.

Nuestros descendientes deben estar satisfechos y orgullosos de una generación que no evitó hablar y actuar sobre hechos desagradables. Puedes tener una idea de lo que está pasando, puedes hacerte el ñembotavy, como hacen muchos, y asumir una ignorancia deliberada, sabiendo lo suficiente como para no querer saber más. Por eso a muchos les irrita la verdad que incómoda. Parten para las agresiones personales hacia quienes desnudan la verdad. Por ejemplo, la de la Heladera Vacía, la del déficit fiscal real que llega al 4 por ciento del PIB, que el Gobierno no paga sus cuentas, que la deuda pública trepa a razón de mil millones por año, que el déficit en la Caja Fiscal es un sistema de privilegios en modo contradicción en el que entra el partido oficialista que utilizó a los funcionarios del Estado como clientela política electoral, que la gente no pueda comprar carne, hecho ya aceptado por el Gobierno, que no haya remedios oncológicos, que la gente no pueda pagar su ANDE, que haya jóvenes que emigran a España y que otros vayan a recoger frutas al Brasil en trabajos precarios y temporarios, que las rutas estén matando a los conductores y que la mayoría de las familias paraguayas no puedan llegar a fin de mes. Etcétera. No se olviden de que cuando seamos ancianos, si vivimos para eso, los que eran niños y hoy nos están observando nos recordarán que ellos eran extraordinariamente hábiles para detectar nuestra adulta hipocresía, como mínimo. Siguiendo esa moda de dar consejos para ahorrar dinero, economicen en consultas de psicólogos y dejen de negar la realidad.

El entusiasmo debe motivarnos a definir planes para transformar el statu quo, no a partir de nuestro propio corazón, sino que relacionado con aquellos que más lo necesitan. Los rituales son importantes porque ellos representan a lo que estamos dispuestos a hacer, incluso sacrificar, para cambiar la historia, propia y la de los demás. Veamos a Rosita Park que cambió los EEUU. O el testimonio de Karl Bushby, explorador británico, quien comenzó una caminata alrededor del planeta en 1998. Su objetivo es caminar 58 mil kilómetros saliendo de Chile, entrando en Europa en el 2025 para volver a su casa en Inglaterra ahora en el 2026. Cuando le preguntaron por qué y para qué emprendió este largo trajinar, solo, sin estar acompañado, atravesando peligros, todo a pie y a nado, él respondió, “mi propósito es volver a casa”. ¿Qué tal?

Confiar en el futuro

Es importante disfrutar del paisaje mientras uno va caminando en este 2026, y los años que uno reciba como regalo de vida. Planear el tiempo de descanso es clave. También es importante calcular los riesgos y hacer amigos mientras uno camina. Claro, siempre y cuando, uno siga el modelo del surfista que confía en su discernimiento. Y, por último, no menos importante, es fundamental ser agradecido por lo que el Creador está haciendo en la vida de cada uno de nosotros. El objetivo no es conocer sus planes, el objetivo es confiar en ellos para toda la humanidad, esa debería ser la consigna. Solo así uno podrá superar este momento de angustia planetaria.

La moda superficial y mediocre, narcisista, en cambio, sigue el ciclo de la determinación –en vez del ciclo del discernimiento expuesto más arriba– que mucha gente adopta al iniciar el año, forzándonos a definir objetivos y metas determinados por nuestros propios intereses, exclusivamente, por lo general todos egoístas. Me, I and myself. Quiero ganarme el mundo, invadiéndolo. Este ciclo continúa con una alta motivación, para los primeros días y semanas del año: Gimnasio, idiomas, dieta, ropas, joyas, mansión en San Ber, etc. Al poco tiempo, uno pierde el ritmo, se corrompe, y llega la frustración, ya en el primer semestre. Es el ciclo de vivir a cada año la meta del nada, o de andar en círculos sin ir a ninguna parte. Este ciclo es el que incluso sigue el propio Gobierno considerando todo el periodo de poder: A apenas 2 años de mandato, sigue el déficit fiscal, no cumplieron con el objetivo uno, el de la calidad del gasto. No planificaron pensando en plural en todos los paraguayos, solo querían ganar las elecciones usando a la gente. Y, ahora ya están frustrados con su propia clientela electoral y quieren aplicarles de golpe la reforma previsional. No está mal la reforma, pero no está bien que no se haya conversado antes buscando el consenso social. Los usaron como votantes prebendarios y ahora los desechan como trapo viejo.

No se dejen engañar

Hubo un profeta llamado Jeremías que fue enviado a un pueblo que fue llevado cautivo a Babilonia, por alrededor de setenta años, no se olviden de esta cifra. Este señor les dijo, en primer lugar, que no iban a estar mejor en ese lugar, que no era el ambiente ideal para vivir. Les dijo la verdad y les recomendó que no se dejen engañar por los profetas y dirigentes que estaban ahí hacía alrededor de setenta años, mintiendo a ese pueblo cautivo, quienes les decían que el tiempo de vivir mal sería corto, ya se estaría acabando, una especie de vamos a estar mejor, pero de nunca acabar. El profeta, en cambio, les dijo que pasado cierto tiempo de andar quebrantados, no en el tiempo de los demás profetas demagogos, sí habría un momento de rescatar el ambiente ideal, una especie de volver a casa, que esa debía ser la meta, por tanto, era el momento de vivir con intensidad buscando un mejor porvenir. Simbólicamente, Karl el peregrino camina activo para eso. Quiere volver a su casa y recuperar su calidad de vida. Es el momento de llegar a destino. Ya falta poco. ¡Saludos cordiales!

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