09 feb. 2026

Mientras Roma arde

En estos días tan complicados, complejos y desconcertantes, las opiniones en las redes sociales supuran odio, revelan ignorancia y colaboran con la confusión.

Al final, terminaron poniéndole rejas a nuestra libertad de expresión; aquello de que con internet se iba a democratizar la información, casi quedó en una estafa. Tenemos acceso fácil a la información, eso no lo podemos negar, pero siempre que tengas acceso a internet, que no es gratis ni barato, y no sabés de dónde viene la información, ya que nos desinforman y manipulan a cada rato.

Todo eso a lo que fácilmente nos volvemos adictos, los videos en las redes, como en X, Facebook, TikTok y las noticias son probables que provengan de un grupo interesado en manipularte. Eso cuando es por las buenas porque por las malas si opinás sobre un tema candente, y al ejército de bots no le gusta lo que decís, te atacan, bloquean y te vuelven invisible. La democracia y el tsunami de mensajes tuercen las narrativas e incluso la historia misma. Es espeluznante.

Nunca más oímos mencionar a los bebés decapitados por Hamás hace dos años, y en medio de amenazas e intervenciones tampoco nadie habla de los bebés que están muriendo de hambre y de frío en Gaza.

No hay seguridad de que cuando ves una foto de manifestantes quemando mezquitas en Teherán, estas sean reales, ¿cómo chequeamos la información que nos llega a través de las plataformas?

Toda la vida nos contaron que los malos eran rusos, chinos, musulmanes en general y últimamente el peor de todos, Maduro, el presidente venezolano, aunque sabemos no era trigo bueno. Este fue secuestrado en medio de la madrugada y llevado a otro país a ser juzgado.

Ya con lo que están haciendo en Gaza con total impunidad el derecho internacional estaba finiquitado, kaputt. Con el secuestro de un presidente lo terminaron de liquidar.

Que es un dictador, un narco, un terrorista, uno de los Jinetes del Apocalipsis, lo que fuera, era y es un asunto de los venezolanos: Ni el Tío Sam ni Putin ni Darth Vader, nadie tenía por qué meterse en esos asuntos. La intención, como se develó rápidamente, nunca fue la democracia ni los derechos humanos, sino acceder al petróleo.

Después del éxito en Venezuela el Tío está desatado y amenaza a todo el mundo. A los osos polares, y a ese otro que vive en la antigua Persia, pero con ese no se anima porque tiene armamento nuclear, dicen, y petróleo, por supuesto. Por eso no mandó a sus delta y por eso prueban una estrategia que siempre les resulta bien y aunque por el momento no lo resolvieron, hay que tener paciencia, paciencia y manejo de la narrativa.

Mientras tanto, en el propio jardín de su casa tienen un gran lío.

Sus policías perseguidores de migrantes están desatados como animales rabiosos y hasta asesinaron a una señora que no era migrante.

Ahí comenzó el verdadero despelote y el fuego se va extendiendo. Lástima que los mismos que te cuentan minuto a minuto sobre lejanas rebeliones y quemas de mezquitas no te muestren las multitudinarias protestas en Minnesota y la violencia sin límites de la Policía. ¿Va a poder resolver esto el presidente del planeta?

Mientras, Venezuela sigue en las mismas condiciones, crisis económica, sin democracia y sin la soberanía sobre su petróleo. Ahora por lo menos dejaron de perseguir a los pescadores del Caribe a quienes hace poco el anaranjado eliminaba como mosquitos.

Al final, no importa.

Junto al derecho internacional está muriendo la conciencia de la humanidad; en las ruinas de los hogares palestinos, en las tiendas por donde se cuela el agua y el frío que mata a los bebés en Gaza y en la destrucción programada para exterminar a todo un pueblo. Mientras Roma arde, ya están organizando una Junta de Paz, a mil millones por cabeza, ¿para un nuevo campo de golf del presidente?

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