13 abr. 2024

La política divorciada de la gente

Cuando a finales del año pasado analizábamos las perspectivas para este 2022 los diferentes escenarios eran muy optimistas. En los dos primeros meses de este año los acontecimientos internos y externos hicieron cambiar radicalmente ese escenario de bonanza previsto.

En lo interno la terrible sequía tuvo un efecto devastador en la producción de soja. La estimación de una producción de cerca de 10 millones de toneladas hoy se ha reducido a tan solo unos 4 millones de toneladas.

Esta reducción de un 60% afecta terriblemente a todas las actividades vinculadas a la cadena logística del transporte de la oleaginosa, a las industrias que la procesan, al ingreso de dólares al país y finalmente a toda la economía nacional.

En lo externo el impacto de la invasión de Rusia a Ucrania y las duras sanciones financieras que Occidente está imponiendo al país de Vladimir Putin, también están teniendo gravísimas consecuencias para todo el mundo y también para nuestro país, contribuyendo, por ejemplo, con la aceleración de la suba del precio del trigo.

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Los dos países en guerra producen juntos más de 100 millones de toneladas de trigo -Argentina produce 17- lo que hizo que el precio internacional del mismo esté hoy en 441 dólares la tonelada, cuando un año atrás estaba en tan solo 240 dólares.

El impacto de esta suba en el precio de la harina y consecuentemente en todos los panificados es enorme y a ello debemos sumarle el aumento sostenido del precio del petróleo desde el inicio de la pandemia, lo que entraña un escenario muy difícil para nuestro país.

Todos estos shocks internos y externos le afectan profundamente a la gente -al obrero, al empleado, al ama de casa- tanto en el costo de vida como en las posibilidades para conseguir trabajo.

Las estimaciones iniciales del PIB que hablaban de un crecimiento cercano al 4% hoy hablan de un crecimiento de apenas el 1% e incluso de crecimiento negativo.

La inflación que las primeras proyecciones del BCP nos hablaban de un 4% dentro de la meta fijada, nos ha sorprendido en febrero con el récord del 9,3% y lo que es peor -porque afecta más a los pobres- con una inflación en los alimentos del 15,7%.

En este escenario tan negativo para la gente uno mira a los políticos, a los que deberían ser los conductores del país y espera que ellos se dediquen a tiempo completo a enfrentar o mitigar todos estos problemas. Para eso se metieron en la política y para eso nosotros le votamos.

Pero cuál es la realidad…nuestra clase política se encuentra totalmente enfrascada en la lucha electoral, en la disputa por cargos en la Cámara de Diputados y en la descalificación del adversario político, a lo que se le agregan los escándalos de corrupción y de vinculación con el narcotráfico que explotan todos los días.

Nuestros políticos se olvidan de que su actividad tiene dos etapas muy diferentes: la primera que es ganar las elecciones para poder llegar al poder y la segunda que es gobernar. Esto es válido para el Poder Ejecutivo y para el Poder Legislativo.

El problema de la mala calidad de nuestra clase política es que se dedica casi exclusivamente a la primera etapa, que es ganar elecciones y casi nada a gobernar.

Ante la crisis interna y externa que el país está sufriendo, todos los ciudadanos esperamos que nuestros políticos debatan, especialmente en el Congreso, las diferentes políticas públicas para enfrentar la misma.

Nuestra clase política no puede seguir ensimismada en sus luchas internas y en sus objetivos electorales, sin dedicarle tiempo a solucionar los problemas de la gente.

Si continúan así, nuestra democracia no es sostenible y es la invitación a que aparezca el autócrata o el populista de turno…el Putin, el Xi Jimping o el Maduro.

La política no puede seguir divorciada de la gente.

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