20 jul 2026

La música paraguaya y el avance de la IA

Nueva era. La inteligencia artificial (IA) ya forma parte de la música en Paraguay como herramienta.

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Mientras la tecnología transforma la manera de producir canciones, los referentes coinciden en que el gran desafío será proteger la creatividad humana y los derechos de autor.

Foto: Gentileza Spirit And Sound.

Hace apenas unos años, crear una canción requería de horas de composición, ensayo, grabación y producción. Hoy, basta con escribir unas pocas palabras en una plataforma de inteligencia artificial para obtener una melodía, una letra e incluso una voz capaz de interpretar el resultado en cuestión de segundos.

El fenómeno de la revolución tecnológica ya llegó a la industria musical paraguaya. Productores, compositores y artistas comienzan a incorporar herramientas basadas en inteligencia artificial en sus procesos creativos, mientras el debate sobre sus límites, los derechos de autor y el futuro de la creación artística cobra cada vez más fuerza.

Última Hora conversó con el productor musical Óscar Sanabria, el presidente de la Asociación Paraguaya de Autores (APA), David Portillo, y el cantante de Tierra Adentro, Dani Meza, quienes analizaron cómo esta tecnología está transformando una industria donde la creatividad siempre fue patrimonio exclusivamente humano.

IA como herramienta en los estudios

Para Óscar Sanabria, la inteligencia artificial, dejó de ser una promesa para convertirse en una herramienta cotidiana dentro de los estudios de grabación.

“La IA ya está metida en el estudio como un instrumento más. Hoy puede limpiar pistas, afinar voces, sugerir acordes o incluso generar arreglos completos en segundos. Eso agiliza procesos que antes llevaban horas y permite que los productores nos concentremos más en la parte artística que en lo técnico. En vez de reemplazar, amplía las posibilidades creativas”, explica.

El productor considera que las plataformas capaces de crear canciones completas representan una oportunidad para experimentar, aunque también plantean nuevos desafíos para quienes viven de la producción musical.

“Democratizan la creación porque cualquiera puede desarrollar una idea rápidamente, pero también son competencia. La diferencia sigue estando en el criterio humano, en la emoción y en la experiencia del productor. Eso todavía no puede replicarlo una máquina”, sostiene.

En esa misma línea, Dani Meza asegura que la tecnología puede acelerar procesos, pero no reemplazar el origen de una obra.

“Las experiencias personales generan emociones y las emociones generan inspiración. La inteligencia artificial construye ideas a partir de un prompt, pero siempre existe una intervención humana para obtener un resultado”, afirma.

El líder de Tierra Adentro reconoce que utiliza estas herramientas, aunque solo como apoyo.

“Mi proceso creativo para componer es cien por ciento humano. Utilizo inteligencia artificial para generar maquetas y ahorrar tiempo. Después finalizo toda la producción en el estudio con instrumentos reales”, comenta.

El debate por los derechos de autor

Si desde el punto de vista creativo el panorama genera opiniones divididas, en el ámbito jurídico las preocupaciones son aún mayores.

David Portillo, presidente de la Asociación Paraguaya de Autores (APA), advierte que el principal problema es pensar que la inteligencia artificial crea desde cero.

“La IA no crea canciones. Genera un producto a partir de datos tomados de obras originales realizadas por personas. Se alimenta de canciones protegidas por el derecho de autor y luego produce un nuevo contenido siguiendo instrucciones. Ahí comienza el gran desafío”, señala.

Según explica, el avance tecnológico todavía no encuentra una legislación capaz de responder preguntas fundamentales.

“¿Quién es el autor de una obra generada por IA? ¿Qué pasa cuando se clona la voz de un artista sin autorización? ¿Qué ocurre cuando un sistema fue entrenado utilizando miles de canciones protegidas? Son cuestiones que todavía necesitan respuestas claras”, sostiene.

Portillo recuerda que APA participa activamente en debates internacionales sobre esta problemática y sigue de cerca procesos judiciales que podrían marcar un precedente.

“Estamos atentos al caso entre la sociedad alemana GEMA y la plataforma Suno. Lo que se discute no es prohibir la inteligencia artificial, sino encontrar mecanismos para que los autores reciban una remuneración justa cuando sus obras son utilizadas para alimentar estos sistemas”, finaliza.

La emoción sigue siendo humana

Aunque la inteligencia artificial avanza a gran velocidad, los tres entrevistados coinciden en que existe un elemento imposible de automatizar: la capacidad de emocionar.

Oscar Sanabria considera que el límite debe estar en utilizar la tecnología como una aliada y no como sustituta del proceso creativo.

“Cuando la música se convierte en un producto cien por ciento automatizado pierde la esencia humana que conecta con la gente. La emoción, la interpretación y la historia detrás de una canción no se pueden programar”, afirma.

Dani Meza comparte esa visión y cree que el público seguirá valorando aquello que nace de una experiencia real.

“No me preocupa que la música generada por inteligencia artificial compita con los artistas porque la calidez de lo humano difícilmente podrá ser replicada. La IA debería funcionar como una herramienta para agilizar procesos, así como una calculadora ayuda a resolver cuentas más rápido”, compara.

Para el cantante, las maquetas generadas por inteligencia artificial representan un avance importante durante la composición, pero el verdadero valor continúa estando en la interpretación.

“Antes había que grabar todos los instrumentos para imaginar cómo sonaría una canción. Hoy la IA permite escuchar una maqueta en pocos minutos. Es una gran herramienta, siempre que el proceso creativo siga estando en manos de las personas”, señala.

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¿Cómo sonará la música del futuro?

Los especialistas imaginan una industria donde la inteligencia artificial convivirá con los músicos, aunque creen que la autenticidad será el principal diferencial.

Sanabria proyecta una escena híbrida.

“Dentro de cinco o diez años la IA será parte del ecosistema musical. Habrá mucha música generada automáticamente, pero también mucho más valor en lo auténtico. Los conciertos en vivo, las colaboraciones reales y las historias personales serán las que marcarán la diferencia”, asegura.

Portillo, por su parte, pone el foco en el patrimonio cultural.

“Las obras originales creadas por personas serán las que seguirán trascendiendo en el espacio sonoro y emocional de la gente. Serán las que permanezcan como patrimonio artístico y cultural de la humanidad. Por eso es fundamental proteger el derecho de autor y reconocer el enorme trabajo que existe detrás de cada canción”, concluye.

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