Antoliano Rejala, su esposa Norberta Jara de Rejala, junto a sus hijos, Claudia, Natalia, José María y Darío Antonio, estaban ansiosos por mudarse a su nueva casa construida con muchos sacrificios en el barrio Monseñor Bogarín de Mariano Roque Alonso.
El sábado 3 de febrero de 1996, don Antoliano estaba trabajando en la construcción a la par de los albañiles para apurar el avance de la obra. Sin embargo, no pudieron seguir con la terminación del baño, por lo que dejaron la tarea para el día siguiente.
El domingo se levantó temprano, en horas de la madrugada, y se dirigió a su futura vivienda desde el barrio Santísima Trinidad, de Asunción, donde alquilaba una casa. El objetivo era incluso mudarse ese día.
Los 66 metros cuadrados de edificación estaban casi terminados, solo faltaban algunos detalles. Sin embargo, un acontecimiento atrasó los planes.
“Me dijo mi patrón que no podía conseguir el camión para realizar la mudanza, por eso no lo pude hacer. Me retiré de la construcción a las 13:50 y me dirigí a mi casa en Santísima Trinidad, cuando llegué mi hermano me dijo que prenda la tele. En las imágenes vi mi casa en ruinas”, dijo a Última Hora el hombre, 30 años después de la tragedia aérea de Mariano Roque Alonso, que dejó 22 fallecidos.
Don Rejala, como lo conocen sus vecinos, pudo haber engrosado la penosa lista de fallecidos por la caída del avión carguero colombiano, pero el destino le dio 10 minutos para salvarse de la muerte. “No era mi hora”, afirmó para luego soltar un suspiro.
Antoliano cobró una indemnización de USD 3.000 por parte de la aerolínea colombiana Líneas Aéreas del Caribe (LAC) y con la venta de un terreno, pudo reconstruir su vivienda para lograr el sueño del hogar propio.
“Mis hijos tenían miedo cuando escuchaban el ruido tras el despegue de un avión, al principio no querían venir pero luego se acostumbraron. Hoy todos ellos viven acá cerca con sus respectivas familias”.
Un recuerdo que marcó la niñez
Óscar Daniel González era un niño cuando fue testigo de la gran explosión que le quedó para siempre en la retina y lo compartió a través de un posteo en las redes sociales.
Óscar y su padre estaban a bordo de un vehículo en las inmediaciones del aeropuerto Silvio Pettirossi y, como era costumbre de ambos, pararon la marcha para observar el despegue, un espectáculo que atraía a los chicos de su edad.
“Dios mío, se cae”, le dijo su padre a Óscar Daniel González, cuando vio que minutos después del despegue el gran avión perdía el rumbo y se estrellaba contra el suelo.
“Subimos a la carrocería de nuestra camioneta, allí cuando alcanzó altura, escuchamos una explosión y vimos el humo proveniente de una turbina, la del ala izquierda, seguidamente una segunda explosión y ya vimos cómo se ladeaba hacia Mariano, y como desapareció literalmente en medio de la vegetación”
30 años después de lo sucedido, Óscar duda si fue su imaginación o realmente sintió “la tierra retumbar” y ante sus ojos una densa columna de humo negro, que quedó para siempre en su memoria visual.