Correo Semanal

La figuración del mundo Tomárãho

Los Tomárãho han realizado un gran esfuerzo en imaginar su cultura, su sociedad. En el Diccionario Tomárãho han figurado su propia lengua, dando destaque a su memoria cultural.

Rebeka Nadir
Gestora cultural

Dibújame el mundo como ves, echa a rodar tu imagen-espíritu. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Quiénes? Sacude tu sonaja y canta. Cuenta…¿Será que el universo se pensó para todos? (Guillermo Sequera)

Guillermo Sequera y Rodolfo Ñuwyt Fretes nos invitan a aprender de las “altas culturas”, compartiendo con nosotros, nada más y nada menos, una obra de vida, un proyecto emancipador con el noble fin de evitar que la cultura del pueblo Tomárãho desaparezca.

Los Tomárãho, que forman parte del grupo de los Chamacocos, han vivido en los bosques del Chaco paraguayo, radicándose en una comunidad con gran sabiduría acumulada con el pasar de los tiempos. Hoy, sin embargo, pareciera que han quedado en el olvido.

Es tan alarmante la situación de los Tomárãho, que su lucha no solo se trata por obtener una vida digna, sino por sobrevivir. Según el Censo del 2012, quedan unas 152 personas en la comunidad.

Sequera cuenta que, durante su convivencia con ellos, compartieron momentos gratificantes por valorar el ejercicio de alfabetizarse. Así, comenzaron a establecer iniciativas pedagógicas con la participación de los miembros, logrando, consecuentemente, una “alfabetización autóctona”.

RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA COLECTIVA

Mujeres, hombres, niños/as y ancianos/as Tomárãho han puesto todo su esfuerzo y compromiso durante años con el fin de “rehabilitar su identidad cultural y lingüística”. Juntos escribieron frases, nombres de plantas, insectos y animales.

La escritura es un soporte importante en una lengua oral, especialmente en un proceso de recuperación y protección de la memoria colectiva de un pueblo.

La comunidad ha realizado un gran esfuerzo en imaginar su cultura, su sociedad y, en especial, en esta obra Diccionario Tomárãho, han figurado su propia lengua, dando destaque a su memoria cultural. Utilizaron la pluma como herramienta estratégica, con una enorme capacidad creativa de vincular sonidos y sentidos, demostrando su ahínco por conservar la vida, observando su alrededor para luego construir conocimientos que les permitan sobrevivir. También utilizaron el dibujo, como medio de expresión.

La tapa del libro es un dibujo de Máhãra Dohorãta Wylky, quien fue un chamán, muy amigo de Guillermo Sequera, y se trata de un relato mítico sobre el mundo de los muertos, realizado en el año 1989, en Puerto Diana.

LA EXPANSIÓN DEL UNIVERSO

“El mundo de los muertos Osypyte viene de la palabra osypytîara, que designa a los pájaros de alto vuelo. Señala la localización de una morada acuosa, profunda y donde reina una luminosidad eterna. Algunos chamanes pueden, a través de sus desplazamientos visionarios, recobrar las almas de los muertos; de allí, la utilización de plumas de aves de alto vuelo para la confección de mazos plumarios que, metafóricamente, con la práctica de rituales lanzan a los cielos. Los Tomárãho temen a aquellos pájaros que se vinculan con el poder chamánico”.

Según la visión del mundo de los Chamacocos, existe un gran disco terrenal sobre el cual reposan los cielos, el disco terrenal y los cielos flotan sobre un mundo acuático. En oposición a los cielos, se encuentra la morada de los muertos, acuoso y luminoso.

En el mito de la expansión del universo, relata que, antes, el cielo y la tierra se comunicaban a través de un árbol cósmico, la capa terrestre se fusionaba con el cielo, es decir, el mundo de abajo y el mundo de arriba conformaban uno solo, hasta que una viuda llamada Dagylta sintió hambre, el egoísmo comenzó a manifestarse, y Dagylta se convirtió en escarabajo y lentamente empezó a roer la madera del árbol que fusionaba el mundo de arriba con el mundo de abajo, un pájaro intentó detenerla, pero Dagylta carcomió el árbol hasta su desplome. Algunos viendo la caída inevitable del árbol, descendieron, pero otros, perezosos quedaron prendidos en el firmamento, convirtiéndose en estrellas, fue así que los primeros hombres, hijos del sol o de la luna, quedaron prendidos como estrellas luminosas, donde sus diademas, hechas en plumas blancas de aves acuáticas, se pusieron a centellear.

Cuando el árbol se cayó, el firmamento se cerró, dando origen a la estratificación celestial. El mundo de los chamacocos se dividió en dos desde ese momento: el mundo de arriba —como un cielo redondo—, y el mundo de abajo —como un mundo náufrago—.

LOS TOMÁRÃHO RESISTEN

¿Cómo uno puede mantenerse indiferente a tan tamaña capacidad de luchar por sobrevivir? ¿De una inmensa lucha en contra de su destrucción, creando su propia cosmovisión?

A pesar de los infortunios del presente, los Tomárãho resisten hasta el día de hoy. Aquí radica la importancia de apoyar proyectos que, con conocimiento de la realidad por la cual atraviesan las comunidades, contribuyen a fortalecerlas para que puedan preservar su patrimonio, brindándoles herramientas enmarcadas en la toma de conciencia y, así, promover la conservación de la cultura, una vida más digna, libre de imposiciones.

El gran desafío es que los miembros de la comunidad puedan aprender su propia cosmovisión realizados por ellos mismos, en su propio idioma originario.

Por último, vale preguntarnos: ¿Seremos cómplices de un Estado que busca la destrucción cultural, abandonándolos hasta que lleguen a su extinción?; ¿uniremos fuerzas para contribuir por el derecho a vivir de una comunidad?; ¿por qué habríamos de quedarnos con los brazos cruzados?; ¿acaso consideramos que las culturas originarias valen menos que nuestra cultura occidental?

Vivimos tan ensimismados, dialogando con nuestro propio ego, olvidándonos de que existen otras culturas, otras personas, otras historias, lo peor de todo es que vivimos cegados, sin ni siquiera conocer la hermosa pluriculturalidad existente en nuestro país.




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