21 feb. 2024

Inútiles

Con la impunidad de siempre, de toda la vida, el senador colorado en situación de retiro, Kalé Galaverna dijo el otro día: “Si los políticos no conseguimos cargos para familiares o amigos, somos considerados inútiles. En mi vida política, he conseguido unos cinco mil a seis mil cargos en el Estado...”. El político había justificado así la cuestión del nepotismo, el tema del momento.

Nepo este, nepo la otra, nepoempanadas, nepobeibis por todos lados, en los medios y en las redes sociales. El tema nos enoja, nos picha, nos hace putear contra la clase política, y al final del día, queda reducida a una catarsis, porque incluso el nombrecito suena simpático, y así no se puede...

Volviendo al inefable Kalé, es casi imposible pensar en la expresión “inútil” y relacionarla con los políticos, ya sean autoridades, diputados, senadores, ministros; el presidente, el vicepresidente, jueces o alguno de esos funcionarios que no largan su tereré para atenderte cuando vas a hacer un trámite, ya sean directores generales del café o de la fotocopia.

Es evidente que esos son cualquier cosa menos inútiles; saben operar demasiado bien para hacer lo que quieren y salirse siempre con la suya, con total y absoluta impunidad.

La generosidad de los colorados para repartir lo que no es suyo es conocida, es como un talento especial. Lo que comenzó después de la Guerra Grande, si mal no recuerdo fue precisamente con el presidente que fundó el Partido Colorado, fue creciendo hasta que llegó Stroessner y se puso a repartir cerca de ocho millones de hectáreas de tierras públicas que deberían haber sido destinadas a la reforma agraria, pero el dictador las regaló a amigos empresarios, extranjeros, militares y políticos. De ahí viene esa vocación de expropiar tierras públicas junto al río para que algún amigo arme un paradisiaco jardín en Remansito, por ejemplo.

Pero estos no solamente regalan patrióticamente el territorio nacional, también se reparten entre ellos las instituciones del Estado.

De hecho, como había reflexionado el historiador Herib Caballero sobre el nepotismo en el Paraguay y el Estado patrimonialista que trata los asuntos públicos como algo personal, es la base política de la dictadura de Stroessner, que tenía esa “cultura de no solamente favorecer con cargos a los leales, sino a los parientes, con cargos públicos, con tierras, adjudicación de servicios, prestación de servicios al Estado”.

Según Herib Caballero, el primer caso de nepotismo fue cuando Carlos Antonio López nombró como jefe de Ejército a su hijo, Francisco Solano López, a la tierna edad de 18 años. Explicaba el historiador que en 1909 fue promulgada la primera ley del servicio de la administración pública, la cual intentaba generar una carrera pública; el proceso dura más o menos hasta finalizada la Guerra del Chaco, después cuando se inicia la hegemonía colorada, acaba todo intento de institucionalización.

Ahí es cuando el nepotismo comienza a adquirir las dimensiones que hoy padecemos, esa visión de que el Estado solo pertenece a un partido político, el Partido Colorado, idea que se instala desde ahí y se refuerza con la dictadura de Stroessner.

Mucha agua corrió bajo el puente desde que su papá lo nombra general al héroe máximo de la nación, para llegar a los descarados nepobeibis, esa recua de planilleritos y planilleritas hijos de papá y de mamá tan inútiles como los que le dejamos ser, descarados sin vergüenza.

¿Por qué deberían sentir vergüenza? Después de todo, nosotros, los ciudadanos, somos los inútiles que votamos por sus papás y mamás cada cinco años.

Votamos para que mantengan sus privilegios; los sostenemos con los impuestos que pagan sus millonarios salarios de planilleros, mientras la gente se queda sin salud, sin seguridad, sin medicamentos, sin educación, con escuelas precarias, sin empleo ni salarios dignos, y con el peor transporte público del mundo.

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