Política

“La Defensoría del Pueblo de Paraguay, básicamente, es una agencia de empleo”

La docente responsabiliza a los legisladores actuales y de periodos anteriores de convertir a la institución en otro espacio de cuoteo político para sus operadores y de poner al frente a personas no idóneas.

Susana Oviedo Por Susana Oviedo

Como moneda de cambio de una negociación que incluye otros cargos a renovarse próximamente, y que son de interés de los partidos políticos, los diputados reeligieron a Miguel Godoy como defensor del pueblo, pese a que ha demostrado su incapacidad para dirigir esta institución, y de los cuestionamientos de varias organizaciones civiles que lo responsabilizan de haber bajado la categoría de la Defensoría. Soledad Villagra, quien en 2015 integró la terna para defensora, dice que la Defensoría del Pueblo de Paraguay no funciona. Si lo hiciera como en otros países, donde goza de confianza y es la primera institución a la que acuden los ciudadanos que se ven vulnerados en sus derechos, tendría a diario una fila de personas agolpadas ante sus puertas. Si se le permitiera consolidarse, poniendo al frente a personas idóneas, “sería la institución que ayuda al ciudadano, sin necesidad de que este acuda a un padrino político”, dice, y cumpliría uno de los fines por los que se incorporó en la Constitución de 1992, que es mejorar la calidad de la democracia.

-¿Por qué en Paraguay no ha despegado esta institución, como consecuencia, no es considerada una institución de referencia para reclamar el cumplimiento de los DDHH y cuando es víctima del propio aparato del Estado?

-Porque el sistema de elección nunca permitió poner gente idónea ahí. Por más que entre los más de 300 funcionarios y funcionarias haya gente idónea que puede ser rescatable en la Defensoría, no tienen la posibilidad de crecer con autoridades que no respetan ni conocen el tema.

Ni las organizaciones de la sociedad civil, ni los gremios, nadie tiene confianza en la institución porque no funciona. Si uno lleva un reclamo ahí, no te soluciona. No funciona como debe funcionar, es una oficina más. Funcionaban mejor las comisiones de DDHH de las cámaras del Congreso. Además, hemos visto muchas veces que está más con el poder. El sistema de elección hace que las personas que eligen al responsable de esta institución, finalmente lo hagan para su propio servicio, en vez de que para la gente.

-¿Si está tan mal la institución, qué podría cambiar designando de nuevo a la misma persona que ha estado al frente desde el 2016?

-Está tan mal la Defensoría del Pueblo del Paraguay que por mucho tiempo en el estatus de acreditación del cumplimiento de los Principios de París Relativos al Estatuto y Funcionamiento de las Instituciones Nacionales de Promoción y Protección de los Derechos Humanos, estuvo en la categoría C (no cumplimiento) y ahora, está en la B (cumplimiento parcial), lo que nos coloca al mismo nivel que las defensorías del Pueblo de Nicaragua y Venezuela, que tienen regímenes autoritarios. Todas las otras defensorías del Pueblo de América tienen categoría A (totalmente compatible con los Principios de París).

Si funcionara, tendríamos filas de personas recurriendo a la institución, agolpándose a las puertas de la institución en todo el país.

-En Paraguay debieron transcurrir 9 años para que designaran al primer defensor. ¿Hay una doble moral cuando se trata de defender los derechos humanos?

-Es que nunca se quiso elegir al defensor del pueblo con los criterios que deberían considerarse. Nunca. Y, respecto a la doble moral, sí, totalmente. Las recomendaciones internacionales que se hacen al Paraguay son permanentes en este sentido de parte de todos los organismos de DDHH “tienen que elegir un defensor del pueblo”, pedían, y resaltando siempre, “según los Principios de París”, que hablan de cómo tiene que funcionar, las competencias, atribuciones, neutralidad. Cuestiones básicas que en la práctica no existen. Como ocuparse de las situaciones de violaciones a los derechos humanos, señalar al gobierno, en cualquier parte del país, elaborar informes.

Qué desilusión enseñar a generaciones y generaciones de jóvenes y decirles que se tienen que preparar para defender los derechos humanos para que al final en la institución donde más se tiene que conocer sobre esto, ponen a gente que no tiene idea.

-Fue lo que hicieron confirmando al mismo defensor?

-Sí, despreciando a gente capaz y con este acto, nos robaron esperanza. Para mí la culpa de esto es directamente de quiénes votaron. Ellos eligieron la peor persona, porque no les interesa. Están basados en una estructura que se retroalimenta, que tiene una clientela.

Esto cambiará solo el día en que se animen a poner al frente a la gente que se preparó para esto. Lo que hicieron en el Congreso, al elegir de nuevo a Miguel Godoy, es como poner como director médico de un hospital a un funcionario administrativo.

Elegir a quien saben perfectamente que no reúne el perfil, no está preparada, no le da la talla, es un acto irresponsable.

-Por lo que describe, es más de fachada y para decir que Paraguay cuenta con una Defensoría del Pueblo, que por un real compromiso por los derechos humanos ¿Qué opina?

-Constitucionalmente se creó para buscar la calidad democrática, pero en la práctica, la Defensoría del Pueblo en Paraguay no dio la talla. Los diferentes grupos de legisladores que hemos tenido desde el 92 nunca estuvieron a la altura de un nombramiento bueno. Incluso la vez que hubo mayoría opositora. Nunca tuvieron la valentía de dar vigor a esta institución. Eligieron siempre gente funcional al poder de turno. Básicamente la convirtieron en una agencia de empleo, un coto de caza más de los partidos. Esto implica que el pueblo paga a una caterva de gente protegida por los partidos políticos más influyentes, casi siempre, producto de un pacto colorado-liberal. Lo que estamos pagando es más empleo para familiares y operadores de los parlamentarios.

- ¿Y la presión internacional?

-Bueno, esto no ha pasado inadvertido ante las instancias internacionales. Por eso además de organismos internacionales, varios países, este mismo año, recomendaron al Estado paraguayo que cumpla con los Principios de París. Que la selección del ombudsman sea transparente y participativa, lo que no se hizo. En el mundo no le engañamos a nadie.

No en vano comparan nuestra Defensoría del Pueblo con los de Nicaragua y Venezuela. Estamos así de mal en cuanto a calidad democrática. Por este tipo de elecciones que materializaron la última semana es que existe un descreimiento total hacia los parlamentarios. Deberían dejar de llamarle Defensoría del Pueblo y denominarle Oficina de Reclutamiento de Operadores para Parlamentarios. Lastimosamente nuestra sociedad civil tiene muy poca influencia. La gente no conoce, y no reclama al respecto. El cambio vendría solo cuando se realice un nombramiento del defensor siguiendo criterios que estén fuera del ámbito partidario.

La elección, bajo criterios partidarios, de un defensor del Pueblo que ya ha demostrado no reunir los requisitos para el cargo, es un incumplimiento repetido de los principios recomendados

Falta una mayoría valiente (en el Parlamento), que no existe en estos momentos, que se anime y diga: “vamos a darle contenido a la Defensoría del Pueblo”.


Perfil

Soledad Villagra es máster en Derecho por la Universidad de Harvard. Profesora de Derecho Internacional y de Derechos Humanos en varias Universidades de Paraguay, Bolivia, Colombia y México. Fue relatora especial en DDHH de la ONU, en el Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias. Comisionada y presidenta del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura.



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