Cuando asumió Santiago Peña la presidencia de la República en el 2023, pretendió darle un barniz más técnico que político a su gestión. “Los técnicos al poder”. Formó un trípode llevando a Carlos Fernández Valdovinos al Ministerio de Hacienda (luego Economía) y como jefa de Gabinete a Lea Giménez. Eran viejos conocidos porque los tres ocuparon altas funciones económicas en el Gobierno de Horacio Cartes.
Lea duró exactamente un año. En agosto del 2024 dejó el cargo. Renunció llorando. Mientras explicaba su salida, sostenía su mano, el presidente Peña. Fernández duró un poco más: 2 años y 7 meses. El jefe de Gabinete, Javier Giménez, anunció la decisión aclarando que fue cambiado. Un fin de ciclo gélido.
La renuncia de Lea se dio en un contexto de disputa de poder con los políticos, cuyos pedidos debía frenar. Le tocó el peor momento de las relaciones con EEUU y se mencionó que no tuvo buena interacción en las negociaciones con Brasil.
Tenía poco talante para relacionarse con los diferentes actores.
Fernández Valdovinos reinaba en medio de una ausencia presidencial desconcertante. No jugó a su favor la ausencia de habilidades blandas por creer, erróneamente, que en un cargo altamente técnico bastaba con citar cifras y refutar con desprecio a quienes osaban cuestionar su rumbo económico. Justamente, el Ministerio de Economía, el que libera los fondos, el que dice no a determinados gastos, requiere de mucha muñeca política para priorizar las necesidades y manejar los tiempos políticos. Esa desconexión, o quizá desprecio, lo llevó a cometer probablemente uno de los mayores errores comunicacionales, disparando en la línea de flotación del Gobierno. Aquí hay culpa compartida. Ningún ministro de Economía puede mejorar el gasto público, hacer recortes o reformas sin el respaldo presidencial.
ERRORES. Del 11 al 14 de marzo se llevó a cabo la sesión del BID en Asunción. Allí, Fernández Valdovinos destacó la estabilidad macroeconómica, los dos grados de inversión, reducción de la pobreza. Paraguay, el despertar de un gigante. Dos días después, anunció la aplicación de una “economía de guerra” por la caída abrupta en las recaudaciones. Ya no se podía maquillar. La plata no alcanza. Y saltaron las contradicciones comunicacionales. Intentó reducir el marco de la crisis: “La economía está bien, el Fisco está mal”, pero la frase ya se había convertido en una bola de nieve porque aludía a toda la economía. A partir de allí, la prensa reveló los escandalosos gastos superfluos revestidos de bonificaciones y otros rubros en los tres poderes del Estado. El Gobierno no pasó del relato a la acción y la mentada austeridad es un cuento. Los empresarios reclamaban en tono más fuerte el pago de las deudas. Más de 1.500 millones de dólares adeudados a farmaceúticas, constructoras viales, transportistas, proveedores de Hambre Cero. El Gobierno chapoteaba en medio de excusas, mientras seguía recitando los maravillosos números del “despertar de un gigante”.
Crecían los cuestionamientos al Gobierno apuntando a Fernández, que repartía culpas acusando a las ministras de Salud y Obras Públicas. En el Gabinete había tensión por su extralimitación a la hora de cuestionar a sus colegas públicamente. Mientras, el presidente de la República se desentendía de los problemas.
No hubo economía de guerra para el Fisco. Al contrario, siguen los escandalosos privilegios a los que como ministro nunca se opuso porque el Parlamento aprobaba sin chistar los proyectos del Ejecutivo. No hubo medidas contra la corrupción. Nada. Ni siquiera puede hacer alarde de haber sacado una reforma sostenible de la Caja Fiscal, otro de los graves errores políticos y que fracasó justamente por plantearse en tiempo inoportuno, sin diálogo político. El Gobierno, que tiene el control absoluto del Parlamento, apenas logró perfumar al muerto.
Ya no tenía aliados. Los empresarios acogotados de deudas pedían su cabeza, la dirigencia colorada, cuyo único combustible es el dinero, reclamaban lo mismo. Porque los políticos tenían dos frentes; por un lado, los empresarios (aportantes de sus campañas) les presionaban para que apelen al Presidente. Además, la situación del desempleo, fruto del no pago a las vialeras; la escasez de medicamentos por el cheque impago a las farmacéuticas; el no pago a los proveedores de Hambre Cero –la caja de gobernadores e intendentes– les complica el escenario en tiempo de elecciones para intendentes. Sin dinero y sin relato.
Esta crisis está generando grietas en el Gobierno. El vicepresidente Alliana hace rato reclama cambios en el Gabinete. El ala política pide la baja de los “ministros emperadores”, quienes, según ellos, hacen caso omiso a los reclamos populares y no se ensucian las manos. Cuestionan que los amigos presidenciales en los ministerios no están rindiendo frutos.
Al nuevo ministro le esperan tiempos complejos. Con el capital político devaluado, deudas y un segundo tiempo del Gobierno ya entrampado por los tiempos electorales, en los que no se puede aplicar la economía de guerra. Será, sin duda, alguien con perfil más discreto, más dúctil. Como lo anunció el propio Giménez: “Este segundo tiempo requiere de habilidades muy específicas y de competencias muy específicas”.
Pero si Peña sigue en la misma línea de delegar los problemas, sin involucrarse en la gestión del poder, no habrá ministro capaz de sacar las castañas del fuego.
Textual
“Se recibe una amenaza de una tercera persona. No es directa, pero sí está direccionada. El mensaje no lo recibí de forma directa (está vinculada a un legislador). A partir de ello, yo recibo un mensaje que pongo a conocimiento de la máxima autoridad, que es el fiscal general del Estado, porque este tipo de situaciones se dan todo el tiempo con los agentes fiscales. Se hace un análisis de riesgo y se toman medidas de seguridad para asegurar el cumplimiento de la función fiscal. Es una causa compleja (título mau del senador cartista Hernán Rivas). Lo correcto es seguir impulsando la causa”. (Fiscala Patricia Sánchez)
LO QUE HAY QUE SABER
BLANQUEO ESCANDALOSO. Según un tribunal, con los votos de Delio Vera Navarro y Bibiana Benítez, prescribió la causa del senador Hernán Rivas, en el caso del título mau de abogado.
DALIA. Casi seis años llevaba prófuga. Finalmente fue “encontrada”. Lo que revela una vez más que tenía protección y que la Policía es un Estado paralelo que tiene vida propia.
LEY GARROTE. La cúpula de la Iglesia Católica cuestionó la implicancia económica y la duplicación de controles de la ley anti ONGs. Solicitó evaluación y ajuste de la normativa.
BANCA. Cruzada Nacional recupera una banca tras la salida de “Chaqueñito”. Asumirá Gladys Mendoza. En principio, hubo temor de que la ANR maniobre para quedarse con el curul.