30 may. 2026

La Banda de la Policía: 114 años custodiando el ADN de la música paraguaya

A más de un siglo de su creación, la Banda de Músicos de la Policía Nacional reafirma su lugar como semillero de la música paraguaya, combinando tradición e innovación para proyectar su impacto social, educativo y cultural en todo el país.

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Banda de Músicos de la Policía Nacional (que incluye a la Jazz Band y la Banda Sinfónica)

Foto: Gentileza

El Maestro Óscar Barreto, actual director de la Banda de Músicos de la Policía Nacional (que incluye a la Jazz Band y la Banda Sinfónica), conversó con ÚH acerca de la historia de la Banda de la Policía Nacional, cuna de genios como José Asunción Flores.

En un escenario de 2026, sostener el prestigio de la Banda de Músicos de la Policía Nacional como semillero de la música paraguaya implica algo más que mirar al pasado: supone activar esa herencia con sentido presente.

Para el formador Óscar Barreto, con tres décadas de trayectoria, la clave está en entender de dónde viene esa tradición y cómo se proyecta.

“Los italianos iniciaron la primera academia musical en el país”, señala, al recordar la llegada de figuras como Nicolino Pellegrini y Salvador Déntice (o D’Enneche en registros antiguos) y otros músicos europeos que sentaron las bases formativas.

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Banda de Músicos de la Policía Nacional del Paraguay

Foto: Facebook de la Banda de Músicos de la Policía Nacional del Paraguay

Desde allí, se construyó una historia que hoy supera el siglo: “Pasaron 114 años de aquella magnífica creación de la Banda de Policía, y hay que fijarse que ahí se engendró la Guarania”.

Barreto, formado con grandes referentes como Florentín Giménez, Remigio Pereira y otros, incluso va más atrás en esa genealogía musical: “Antes de la guarania, yo diría que nació la polca paraguaya (kyre’y)”, aunque advierte que su denominación responde más a una adaptación europea que a su verdadera esencia.

Ese cruce de influencias —entre lo académico europeo y la expresión local— terminó moldeando géneros propios, profundamente enraizados en la identidad cultural.

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En ese sentido, insiste en una idea central: no se trata solo de conservar, sino de comprender. La banda no solo fue espacio de ejecución, sino también de creación.

“La polca paraguaya, el purahéi, la polca canción y la guarania nacen en la Banda de Policía. No hay forma de desmentir eso”, afirma, subrayando el peso histórico de la institución.

Pero lejos de quedarse en ese lugar fundacional, el desafío actual pasa por sostener una línea de trabajo clara. “Hoy nosotros mantenemos esa tradición y esa doctrina: la disciplina, el respeto a la música universal y, sobre todo, el respeto a nuestras raíces”, explica.

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Celebración de los 130 años de la Banda de Músicos de la Policía Nacional del Paraguay

Facebook de la Banda de Músicos de la Policía Nacional del Paraguay

Esa continuidad se traduce en la práctica cotidiana de sus elencos y en una programación que dialoga con su propia historia.

Así, la banda no solo preserva, sino que también proyecta. La inclusión de repertorios internacionales —como la música italiana junto al maestro Luca Testa, invitado a una presentación reciente— funciona como un gesto de memoria activa, que reconoce el origen sin perder identidad.

En esa línea, Barreto define el rol actual de la institución más allá del ámbito artístico: “Tenemos la responsabilidad de interactuar a través de la música con toda la sociedad”, afirma.

Y en ese vínculo, especialmente con jóvenes en espacios educativos, encuentra el verdadero sentido de continuidad: formar, transmitir y mantener vivas las raíces culturales paraguayas desde la experiencia directa con la música.

El arte que disciplina y previene malos hábitos

La Banda de Músicos de la Policía Nacional no se define solo por su tradición, también lo hace por su capacidad de adaptación.

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Banda de Músicos de la Policía Nacional del Paraguay

Gentileza de la Banda de Músicos de la Policía Nacional del Paraguay

En palabras del maestro Barreto, se trata de “una institución bien diversificada y versátil”, de la que se desprenden distintos elencos: la Banda Sinfónica, la Banda de desfile, la Orquesta, la Jazz Band, la Orquesta Popular y el Conjunto Folclórico, todos pensados como “un medio de interacción con la sociedad”.

En esa línea, el rol de la música dentro de la institución trasciende lo artístico. “La seguridad nacional no significa solamente combatir o hacer prevención con armas”, sostiene.

Y allí introduce una idea clave: “Nosotros, desde la Banda de Música de la Policía Nacional, somos un brazo preventivo”. Esa prevención se da “Llevando arte, cultura y educación a los jóvenes, niños y adultos en todo el Paraguay”, explica, insistiendo en una lógica de cercanía: “una policía de acercamiento”.

Dimensión social

Esa dimensión social aparece con fuerza en su discurso. Barreto lo plantea sin rodeos: si los niños crecen vinculados al arte, “probablemente el día de mañana no nos estén asaltando a dos o tres cuadras”.

La razón, dice, es clara: “su arma principal de defensa es el arte”. Desde esa perspectiva, la música se convierte en herramienta de formación: “a través del arte uno se disciplina, puede prevenir la drogadicción, el alcoholismo y otros hábitos negativos”.

Por eso, insiste en que la banda hoy “no solamente hace música”, sino que cumple una función más amplia: “hace prevención, hace desarrollo social e individual a través del arte”. Esa misión se materializa, entre otras acciones, en la escuela de aprendices, a la que define como “semillero de grandes músicos”.

Referentes históricos

En ese punto, recurre a una referencia histórica contundente: la figura de José Asunción Flores. “De niño hubiera sido delincuente, sin embargo, la Policía Nacional le dio una oportunidad”, afirma, aludiendo al impacto transformador de la formación musical.

A esa lista suma nombres como Remberto Giménez, Carlos Lara Bareiro, Emilio Biggi, Mauricio Cardozo Ocampo, Darío Gómez Serrato, Félix Fernández, entre otros, como ejemplos de músicos que proyectaron la cultura paraguaya en el exterior tras formarse en ese espacio.

“Tal vez hubieran sido un problema para la sociedad”, reflexiona, “pero fueron ejemplos: grandes compositores, grandes patriotas”.

Y menciona incluso obras emblemáticas como las marchas vinculadas a la memoria del Chaco (Chaco Boreal), como parte de ese legado.

Desde esa mirada, la banda se posiciona como un actor social activo. “No es netamente artístico, es desarrollo social e individual”, resume.

Bajo esa premisa, la institución despliega conciertos didácticos y comunitarios en barrios, asentamientos y zonas vulnerables, buscando generar oportunidades donde muchas veces no las hay para niños y jóvenes.

“Invitamos a ser mejores personas, a construir ciudadanía”, señala Barreto, destacando también la posibilidad concreta de integración: formar parte de la banda como proyecto de vida.

Ese compromiso se traduce en una presencia constante: más de 800 presentaciones al año en todo el país, incluyendo “los lugares más lejanos y recónditos”.

Allí donde llega, la banda —dice— no solo interpreta música: “hace ciudadanía, estoicismo, hace patria”, transmitiendo valores como disciplina, coherencia, energía y sentido de pertenencia. Porque, en definitiva, “la música puede cambiar pensamientos, comportamientos y hasta civilizaciones”.

Incursión de las mujeres en la banda musical

La incorporación de las mujeres en la Banda de Músicos de la Policía Nacional no es, para el maestro Óscar Barreto, un dato más dentro de la evolución institucional, sino uno de sus procesos más significativos.

“Es lo que más me apasiona: el gran logro de las mujeres”, afirma, situando el inicio de este camino en 1993, cuando ingresaron las primeras promociones femeninas a la Policía Nacional, entre ellas figuras como Norma Cáceres y María Lizeth Cantero, entre otras.

Ese avance no fue menor si se tiene en cuenta el contexto. “La Policía siempre se entendía como una fuerza brutal”, recuerda, en alusión a una época en la que la presencia femenina estaba restringida a tareas administrativas y no a la “fuerza efectiva y permanente”.

Hoy, en cambio, la realidad es otra: “Es una necesidad y una realidad que las mujeres policía son buenísimas”, sostiene, destacando su desempeño en el ámbito operativo.

En el campo musical, el proceso también tuvo su propio recorrido. Barreto explica que la incorporación comenzó de manera incipiente alrededor del año 2000, pero que “después de 2010 se formalizó el ingreso de las mujeres”.

Desde entonces, su crecimiento es sostenido: “Tengo que reconocer fuertemente la disciplina de las mujeres”, señala, valorando especialmente su capacidad de sostener múltiples roles.

“Hay que reconocer que hacen miles de funciones”, agrega, en referencia a su vida personal y profesional.

Hoy, su presencia dentro de la banda es contundente. “Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que están haciendo un gran porcentaje, incluso más del 50%, con trabajos excepcionales”, afirma.

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En términos generales, estima que ocupan alrededor del 40% en espacios como la orquesta sinfónica, la banda sinfónica y otros elencos.

Y subraya un principio clave dentro de la institución: “No discriminamos si es mujer o si es hombre; lo que evaluamos es la capacidad intelectual y técnica”.

Desde esa lógica, Barreto considera que la igualdad de oportunidades en el atril es hoy una realidad concreta. “Las mujeres son iguales que los hombres, así como establece nuestra Constitución Nacional”, sostiene, remarcando que participan en audiciones, conciertos, competencias, giras y repertorios diversos “como cualquier músico”.

Pero además de la equidad, el director pone el acento en el impacto cualitativo de su incorporación.

“Vemos el crecimiento de la institución a través de las mujeres”, afirma, y va más allá: “Antes éramos más desorganizados; con la incursión de las mujeres pudimos lograr muchísimas cosas”.

En su mirada, aportan cualidades que fortalecen el funcionamiento interno: “Son más atentas, disciplinadas, muy estudiosas y organizadas”.

Por eso, insiste en que no se trata de una percepción, sino de un proceso verificable: “Esto no lo decimos por decir, está demostrado en documentos, en hechos, en la producción”.

Así, la presencia femenina no solo amplía la representatividad dentro de la banda, sino que también redefine su dinámica y proyecta una institución más sólida, diversa y contemporánea.

Medio siglo de la Jazz Band

A medio siglo de su creación, la Jazz Band de la Policía Nacional no solo conserva su identidad, sino que la ha expandido.

Para el maestro Óscar Barreto, su origen está ligado a un cruce de influencias que marcó un antes y un después en la escena musical local. “Un poco antes, hacia los años 60, vino la banda UNITAS de la Marina de los Estados Unidos, que proveyó el formato suficiente”, recuerda, señalando que a partir de esa experiencia músicos como Chocho Alvarenga y Carlos Villagra impulsaron la formación de la Jazz Band en 1975.

Desde entonces, la propuesta introdujo un lenguaje nuevo. “El jazz es una música libre”, afirma Barreto, destacando que en su momento representó una apertura frente a estructuras más tradicionales.

Ese espíritu se mantiene, pero con una evolución clara: “Hoy podemos hacer una fusión con la Big Band y la música paraguaya”, explica, subrayando el desarrollo de arreglos que integran identidad local con formatos internacionales.

En ese proceso, destaca el aporte de arregladores como Remigio Pereira, cuyas obras —junto a las de Alvarenga— permitieron que la música paraguaya dialogara con otros escenarios.

“Se hicieron grandes arreglos que llegaron a Argentina, Europa y Estados Unidos”, señala, como parte de una estrategia para traducir lo propio a lenguajes universales.

Hoy, ese sonido es más amplio y versátil. “Hacemos una mezcla de todo, por la diversidad cultural y técnica que tiene la banda”, resume.

La Jazz Band incorpora cantantes jóvenes y experimentados, y adapta su repertorio para distintos públicos, manteniendo siempre una base técnica sólida.

“Hay que entrenarse muchísimo, con ensayos semanales, porque la sociedad hoy es más exigente y diversa”, sostiene.

Esa versatilidad también define su hoja de ruta: salir al encuentro del público. Barreto lo plantea con claridad: la expansión hacia barrios y ciudades del interior es parte central del trabajo.

“Queremos llegar a cualquier departamento del país, donde se pueda apreciar realmente la versatilidad de la banda”, afirma, entendiendo la música como un puente directo con la gente.

En ese camino, la actualización es constante.
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“Hemos desarrollado arreglos modernos, más populares, que le llegan más al pueblo”, explica, sin abandonar la base doctrinaria de la Big Band.

Porque, insiste, “hay que mantener la doctrina de lo que significa una gran banda”, respetando criterios técnicos que sostienen la calidad y el reconocimiento.

Al mismo tiempo, la proyección internacional sigue siendo un horizonte. Barreto menciona el contacto con agrupaciones como la New York Police Big Band (Jazz Band), con quienes realizaron intercambios musicales.

“Ellos están más avanzados técnicamente, pero ese intercambio es muy importante”, reconoce.

Además, la formación continua es clave: “Cada año vienen maestros de jazz, especialistas en Big Band”, señala, lo que permite incorporar nuevos lenguajes.

Así, el repertorio se expande hacia cruces como “tango jazz, polca jazz o boleros”, siempre adaptados al formato.

A 50 años, la Jazz Band no se limita a sostener un legado: lo reinterpreta. Y en ese equilibrio entre técnica, identidad y cercanía con el público, encuentra la clave para seguir vigente en una escena cada vez más global.

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